Kosovo celebra cinco años de independencia irreversible

AFP

Kosovo celebró el domingo cinco años de independencia de Serbia, calificada de “irreversible” por la presidenta kosovar Atifete Jahjaga, un aniversario marcado por el deshielo de las relaciones con su ex enemigo, gracias a la mediación de la Unión Europea, en un contexto de crisis económica y corrupción.

“La República de Kosovo es una realidad irrefutable e irreversible”, declaró Jahjaga en un mensaje transmitido por la televisión.

Tropas de la Fuerza de Seguridad de Kosovo (KSF) desfilaron ante los aplausos de miles de personas durante las ceremonias organizadas en el centro de Pristina, engalanada con banderas de Kosovo y de Estados Unidos, su principal aliado.

En un mensaje enviado por el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, éste pidió a las autoridades que “construyan instituciones democráticas sólidas y fortalezcan la marcha de Kosovo hacia su integración europea”.

Unos cien países, incluyendo a Estados Unidos y a la mayoría de la Unión Europea (UE), entre los que no está España, han reconocido a Kosovo, que proclamó su independencia casi nueve años después de los bombardeos de la OTAN contra Serbia en la primavera (boreal) de 1999. Esa campaña militar expulsó a las fuerzas serbias que trataban de aplastar a la guerrilla independentista albanokosovar.

Pese a que Serbia sigue considerando a Kosovo como su provincia meridional, Belgrado y Pristina han alcanzado varios acuerdos bajo la presión de Bruselas, que supedita cualquier avance hacia su entrada en la UE a la normalización de las relaciones bilaterales, en el marco de un diálogo iniciado en 2011.

Dichos acuerdos tratan de mejorar la vida diaria de aproximadamente 1,8 millones de habitantes de Kosovo, cuya existencia se ha complicado por el polémico estatuto de este territorio (estado civil, catastro, aduanas).

Los primeros ministros serbio y kosovar, Ivica Dacic y Hashim Thaçi, que se han reunido en cuatro ocasiones desde octubre bajo los auspicios de la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, han acordado, entre otras cosas, una gestión común de los puestos fronterizos entre Serbia y Kosovo, así como el intercambio de funcionarios que van a operar en las misiones de la UE en las dos capitales.

El aspecto más espinoso y complejo que queda por resolver es el apoyo de Belgrado a los serbios del norte de Kosovo, donde son mayoría, manteniendo en esta región que escapa prácticamente al control de Pristina sus instituciones tales como escuelas y tribunales.

Serbia desea una amplia autonomía para esos 40.000 serbios, pero también para los otros 80.000 que viven en enclaves diseminados en el sur del territorio.

El sábado, el ministro kosovar de Relaciones Exteriores, Enver Hoxhaj, declaró a una radio alemana que es optimista en cuanto a un acuerdo sobre el desmantelamiento de las “instituciones paralelas serbias”, en las próximas negociaciones previstas en Bruselas.

Pero todos estos avances se han visto empañados por la crisis económica que azota a Kosovo, donde un tercio de los habitantes vive con menos de un dólar al día, el 40% de la población está en paro y la renta per cápita es de 3.500 dólares, menos de la mitad de los 7.610 dólares de media en Europa, según el Banco Mundial.

La corrupción que corroe a la clase política es una de las principales preocupaciones de la UE y blanco de las críticas de los kosovares.

“Es muy difícil encontrar un empleo. Los jóvenes están desmoralizados. Es el mayor problema de este aniversario”, dijo Arsim Musliu, un estudiante de economía.

“Muchos fracasos y unos pocos éxitos”, titulaba este domingo el diario Zeri.