¿Realmente tienes amigos?

¿Realmente tienes amigos?

Foto: Archivo

Amistad es una de las palabras mejor conocidas mundialmente y supuestamente entendida, pero cuando ahondamos en el tema de su significado, en realidad muy pocos la conocen, valoran, viven y disfrutan. Es más, te apuesto que si haces un examen de conciencia después de leer este artículo, coincidirás conmigo en que la neta, la neta, sobran los dedos de una mano para contar quien en realidad lleva plenamente puesto el traje de amigo o amiga; alguien que realmente nos haya demostrado, de corazón, alma y cuerpo, con el paso de los años, que valió la pena elegir sumarle en nuestro recorrido cuando algún día la vida nos cruzó en el camino. Porque, como bien dicen, los amigos son la familia que nosotros tenemos la oportunidad de elegir.

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En lo personal, siento que los amigos son ángeles que la vida nos concede para sostenernos, apoyarnos, comprendernos, impulsarnos, compartir y estar. Algunos llegan para quedarse, pocos, muy pocos y otros para apoyarnos en ciertas partes, historias, momentos, situaciones de esta experiencia humana. Hay amigos quienes son grandes maestros, algunos de excelentes lecciones y apoyo y otros, quienes con su deslealtad nos hacen también crecer y nos legan experiencias para que nadie nos cuente de qué se trata todo eso que llaman envidia, malas intenciones o traición. Aunque somos nosotros quienes permitimos estas situaciones y además recordemos que todo en esta vida se devuelve. Pero ese es enano de otro cuento, es decir, ese tema no es que el que en este capítulo nos corresponde.





Lo cierto es que a través de los años es innumerable la cantidad de personas con las que podemos compartir en la vida; desde pequeños interactuamos, tenemos que aprender a vivir en sociedad, en familia y entre compañeros de estudio, de religión, de trabajo. La mayoría de esas personas que pasan por nuestras vidas suman a nuestra historia por épocas y aunque alguna vez les llamamos amigos, quizás se queden con el título de buenos conocidos, otros tan solo fueron y serán conocidos, compañeros o amigos pasajeros.

La amistad, como el amor de pareja, es cuestión de dos. Incluso, si no hay amor, no hay amistad. Una lleva a la otra. Es un vínculo que nace, crece y se desarrolla para compartir, apoyarnos, enfrentarnos, sumar en todos los sentidos, hablar de experiencias, de situaciones económicas y hasta de aventuras, aceptándose cada uno las debilidades y las cualidades del otro y por encima de todo eso, compartiendo.

“El buen amigo no anula al otro sino que lo potencia, es su compañero y un facilitador de sus muchas posibilidades. Sufre cuando tú sufres y se alegra cuando tú te alegras. No es envidioso, ni prepotente ni se aprovecha de ti. La amistad se basa en la mutua confianza, donde el objetivo es ayudar al otro consecuentemente a sí mismo”, comenta en internet la especialista en sicología Silvia Navarro Ferragud. Palabras más que ciertas, pero qué complicado resulta para muchos llegar a esos niveles. Por eso es que la palabra amistad, es muy mal empleada, pues significa y engloba demasiado.

La especialista añade que “la amistad no se impone, ni se programa, como todo en la vida requiere de un esfuerzo para conseguirlo y lo más importante es poner los medios para lograrlo y mantenerlo. La amistad no se centra en las cualidades del otro sino más bien en su propia esencia: cómo es como persona, qué cualidades tiene, qué sentimientos provoca. La amistad no origina simpatía hacia la persona sino empatía: capacidad para comprender y para compartir alegrías y tristezas”.

¡¡¡Ahí les encargo!!! Ya les van quedando los dedos de una mano –de seguro– para contar con los amigos reales tuyos, supongo -no es que sea negativo, solo realista, pues caber en la palabra amigo a lo largo y ancho bajo, alto y profundo de la misma, es algo que pocos hacen al cien por cien.

Sabiamente dijo Benjamín Franklin: “Un amigo en la vida es mucho. Dos son demasiado. Tres son imposibles”, o como también reza el dicho, “un padre es un tesoro, un hermano es un consuelo: un amigo es ambos”.

¿Quieres saber si tienes buenos amigos? Además de lo anteriormente dicho, analiza esto y ve descartando o sumando de tu lista.

Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.
El verdadero amigo es aquel que a pesar de saber cómo eres te quiere. Es aquél que está a tu lado cuando preferiría estar en otra parte.
Un amigo no te busca para matar las horas, sino que te busca con horas para vivir.
El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.
La verdadera amistad es aquella que la entregas de corazón sin esperar nada a cambio.
Un amigo es alguien para confiar y compartir desde tus proyectos, problemas, inquietudes, sueños y fracasos.
Un amigo no deja crecer la hierba en el camino de la amistad.
La confianza es como un espejo, que aunque se repare se seguirán viendo las grietas. La amistad termina donde la desconfianza empieza.
Una verdadera amistad no es estar inseparables, es ser capaz de separarse y no cambiar nada.
“Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba engánchalos a tu alma con ganchos de acero.” –William Shakespeare.
No consideres como amigo al que siempre te alaba y no tiene valor para decirte tus defectos.
Un amigo te ayuda a avanzar superando tus miedos, no permite que retrocedas.
Un amigo te ayuda cuando fallas, nunca te da la espalda.
Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano…
Amigo es el que se anima a decirte lo que no quieres escuchar y a darte una cachetada emocional de vez en cuando para que reacciones.
Un verdadero amigo te critica de frente y te da honor a la espalda.
Los amigos son aquellas personas que en los momentos difíciles está contigo. La distinción para verdaderos y falsos amigos es la presencia común en los buenos momentos y la sola ayuda de los verdaderos en los malos.
En la amistad buscamos la ayuda incondicional, nos apoyamos con los amigos para pasar mejor las tristezas, duplicar las alegrías y dividir las angustias por la mitad.
La amistad sincera es recíproca, ambas personas enriquecen esa relación, creciendo y aprendiendo de ella.
La amistad exige el fiel sentimiento de la sinceridad, la comunicación sin trampas ni exigencias, la entrega mutua sin egoísmo, la preocupación por el otro, la confianza sin límites, la paciencia, el respeto a las ideas, aceptar la forma de vida del amigo, la confianza sin límites, el saber escuchar, saber perdonar, el ser fiel a la amistad aunque este lejos o haya pasado mucho tiempo.

Recuerda que No es una gran cantidad de amigos, sino un amigo de gran calidad lo que necesitas. Muchas veces hay personas que se acercarán a ti tan solo con la intención de obtener algo, personas vacías que buscan tener reconocimiento al estar al lado tuyo, apoyo económico, promoción en el trabajo al llevarse bien contigo, –si es que tienes alguna posibilidad de influir en que eso suceda para el otro. En fin, como bien dice el dicho: “Amistad por interés, no dura porque no lo es”. Quédate con quienes se interesan en tu persona.

Igual en el camino, podemos ser los mejores amigos de alguien en alguna situación por algunos años o meses, semanas, días y de la nada, de pronto. No te limites, cuando menos esperamos la vida nos usa para aportar palabras de fe y motivación a quienes están pasando por caminos que nosotros ya quizás transitamos y solos.
Es importante brindar una mano y ser luz para otros que necesitan una mano de apoyo y es cuando dejamos lo nuestro para estar allí por ellos. En ocasiones las personas ni tan siquiera necesitan un consejo –y si no estamos capacitados para darlo es mejor ni intervenir, recuerda que lo que digas a una persona, si esta lo elige, puede cambiar su vida, para bien o para mal y que para ello existen personas con la preparación para hacerlo—, pero con solo apoyarle, escucharle, créeme que será suficiente. Serás un amigo inolvidable.

Ante todo además, conviértete en tu mejor amigo. Todo lo que has leído aplícalo contigo mismo, desde esa manera cuando lo pongas en práctica con los demás, serás la mejor versión de un amigo para ellos.

Como has recordado, ser amigo es más que darle un “Me gusta” a lo que tus conocidos-amigos ponen en Facebook o seguirles es Twitter y en Instagram. Ahora toma el teléfono y llama a ese amigo o amiga que tanto ha aportado a tu vida, y dale las gracias porque libremente ha elegido existir, compartir y estar en tu vida. Dile cuánto le amas y cuán feliz y bendecido eres de que esté en tu vida. La próxima que le digas “amigo” a alguien, piensa en todo lo que esa palabra implica.

¡Y recuerda: a sonreír, agradecer y abrazar la vida!