Fotógrafo checo casi se queda sin ojo por la lentitud de las autoridades en Venezuela

El fotógrafo Richard Bouda, natural de la República Checa, sufrió un accidente mientras se encontraba en el Parque Nacional Canaima que le ocasionó la pérdida de parte de la visión en su ojo derecho.

Bouda estaba en las cercanías del río Yunek, en el sector de Wonken el pasado 19 de febrero a la una y media de la tarde, cuando caminando entre la selva una rama se le incrustó en el ojo.

Lo que siguió para él y sus compañeros Marek Audy y el cineasta Petr Horky, fue una experiencia que calificaron como “bizarra”, pues salvo la ayuda desinteresada y solidaria de habitantes de la Gran Sabana como los indígenas Julio y Rogelio, el piloto Carlos Noriega, la señora Enid García, el sociólogo Issam Madi y Orlando Alber, fue poco o nulo el apoyo oficial que recibieron.

Según el relato de los visitantes extranjeros, el primer obstáculo al que se enfrentaron luego de sufrir el accidente fue la dificultad para comunicarse por radio desde una comunidad indígena, hasta que después de dos horas lo lograron y fueron sacados de la zona selvática por el piloto Carlos Noriega, quien los transportó gratuitamente hasta el aeropuerto de Santa Elena de Uairén.

El regreso

Una vez en la capital del municipio Gran Sabana, Bouda no consiguió un vuelo privado o público que ante su situación de salud lo llevara hacia Puerto Ordaz, por lo que se vio obligado a permanecer en esta población.

Al conocer el caso, Issam Madi y Enid García lo asistieron, siendo atendido en el Hospital Rosario Vera Zurita, pero la gravedad de la lesión en su ojo ameritaba que un especialista lo operara de inmediato, así que era urgente su traslado a un centro médico más avanzado.

Ante esta emergencia, el grupo de extranjeros intentó embarcarse en un autobús que viajaría durante la madrugada a Puerto Ordaz pero les fue imposible, los cupos estaban llenos y nadie les cedió el puesto.

Tampoco consiguieron que Bouda viajara en una ambulancia de inmediato, así que a las 4 de la madrugada del 21 de febrero partieron en un carro privado, guiado por Orlando Alber, quien se ofreció a transportarlos gratis.

Ya en Puerto Ordaz intentaron tomar un avión para ir a Caracas, donde un grupo de especialistas esperaba al fotógrafo para operarlo en una clínica privada, previas coordinaciones realizadas por el explorador Charles Brewer Carías y su esposa.

Sin cupo

En Ciudad Guayana los extranjeros enfrentaron el mismo problema, no había asientos libres en los vuelos, de modo que gracias a la ayuda de Alber y del doctor José García, director regional de Protección Civil, quien desde que conoció el caso se mantuvo en contacto y coordinación telefónica con el afectado, recibió atención médica en una clínica oftalmológica.

Sin embargo, Bouda decidió llegar hasta Caracas donde el equipo de cirujanos lo esperaba para operarlo, pero al dirigirse nuevamente al aeropuerto guayacitano la línea aérea le exigió una constancia médica para permitirle abordar, así que perdió otro vuelo.

Finalmente fue en el avión de las 4 de la tarde del 21 de febrero, que despegó a las 5 con una hora de retraso, en el que Richard Bouda pudo viajar a Caracas, pero las dificultades aún no terminaban.

Cuando llegó a Maiquetía, el taxista que los subiría a la capital de Venezuela decidió cobrarles 800 bolívares por el viaje, y al parecer los timó con el cambio de unos dólares que necesitaban vender para costear sus gastos en bolívares.

Cuando subían por la autopista una tranca descomunal les impidió el paso a Caracas, por lo que ya cansado de inconvenientes, y pese al riesgo que esto representaba para su ojo, Bouda prefirió devolverse al Aeropuerto Internacional de Maiquetía, subirse a un avión y regresarse a Europa, donde al llegar a su natal República Checa fue operado.

Los turistas lamentaron los inconvenientes sufridos en tierras venezolanas, y aunque agradecieron la ayuda recibida de todos los guayaneses que con gran solidaridad apoyaron a Bouda, se mostraron sorprendidos ante los escollos, lentitud y trámites que impiden que una persona herida reciba la asistencia médica adecuada a su requerimiento con la urgencia necesaria.