Alberto Franceschi: ¿Maduro Negociará la Derrota?

Alberto Franceschi: ¿Maduro Negociará la Derrota?

Maduro y el chavismo son derrotables si se les mata su voluntad de fraude

Lo que tantas veces pronosticamos con la advertencia que solo  habría una situación  realmente  nueva,  cuando resultara  de  giros bruscos  y  hechos excepcionales,  para  generar  el choque de trenes,  finalmente ha llegado  y  dentro de escazas dos semanas este país será distinto al que conocimos por 14 años.

La muerte de Chávez  es por supuesto  el  detonante  de  9  de cada 10  fenómenos desencadenantes,  que maduran aceleradamente la situación de confrontación inevitable,  que él dejó montada como su única y explosiva herencia.





Todo se resolverá sin él y casi seguramente contra lo que planeó en medio de  su desesperado intento por dejar una sólida  hoja de ruta, pero  que  careció de una dirección  política  de quilates propios — más bien disminuida al extremo–  porque la dejó compuesta de esbirros de una oprobiosa  tiranía foránea, que pretende seguir saqueándonos  a nombre del muerto.

Casi  inesperadamente  y  también como influencia directa de los disparates  de  los chavistas,  sobre la conciencia de quienes nos hemos opuesto a este régimen  y  ante la evidencia del rechazo nacional  al grosero intervencionismo cubano,  que marca incluso a quienes habían ocupado la dirección política de la oposición,  también está ocurriendo el cimbronazo,  que esta vez la campaña electoral por fin se plantea  en  los términos  correctos,   de buscar impedir el  fraude y  proponer  la defensa militante de la victoria.

Así se pierda,  cuando se pelea se garantiza la unidad  y  la continuidad de la lucha,  tras una dirección probada,  que era nuestra principal carencia.

Y si se gana  será como resultado directo e inmediato de la moral de combate que se les infunde a millones de esperanzados ciudadanos,  que ya estaban  obstinados  de  ir siempre al muere de sus esfuerzos, abandonados o embaucados por  sus dirigentes,  y que si esta vez imponen la victoria  conduciendo la marea popular democrática, pueden dirigir entonces la reconstrucción el país.

Maduro y el chavismo son derrotables si se les mata su voluntad de fraude.

Maduro,  siendo el conocido fanático de los simplismos ideológicos  castristas,  tamizados por la florida heterodoxia  de Chávez  que repite  sin cesar,  creyéndose con la audiencia de  su mentor,  nos  está haciendo el favor inopinado de fastidiar con sus lugares comunes  en 90 días lo que le costó a su maestro 15 años.

Pero…  ¿Es cierto que Nicolás puede dar las órdenes de  ataques masivos y  profundos  contra nuestra burguesía, como títere de los Castro?  La respuesta es NO,  porque estos  pacientes de  senectud  ya no están para revoluciones,  sino para mantener el chuleo de terapia intensiva capitalista a la que juegan en todos sus cálculos aquí.

Aventuro la tesis que Maduro es el designado por Chávez y los Castro para  negociar eventualmente un retroceso en orden,  que les permita salvar los muebles.

La hegemonía  de saturación  cubana ya no es posible y  arriesgan  hasta la guerra regional si se empeñaran mediante fraude en ese cometido.

Lo opuesto,  es decir acordarse a como dé lugar,  es más probable que el patetismo de ver a la dirección cubana reencontrase con una segunda juventud revolucionaria expropiatoria antiyanqui autentica,  porque  la  de  Maduro es solo una payasada  farisea.

Dicen en mentideros castrenses que Diosdado se reserva para continuar  la esencia del régimen chavista pero rompiendo con los Castro desde un ángulo nacionalista.  Maduro por el contrario  es la continuidad estricta del régimen,  con el chuleo masivo cubano incluido,  o la negociación para  no quedar con el rabo al aire, si los cubanos han de entregar su hegemonía negociando una derrota electoral.

El verdadero Nicolás Maduro no es solo  ese hombrón  de dos metros,  ojeroso  y compungido por el llanto de días y días, tras la pérdida de quien tanto lo valoró,  que hasta lo puso de canciller de sus disparates  geopolíticos  y que en la hora postrera lo designó  nada menos que su sucesor,  apartando tajantemente a otros de codicia visible,  lo que dejó  “tan claro como su luna llanera”.

¿ A los efectos de los intereses del Castrismo y de su propia corriente, Chávez pudo haber tenido  razón  al dejar como hipotético dueño del poder a  Nicolás Maduro, su asistente para toda clase de mandados y maldades,  quien le fue  perrunamente  fiel  a él  y a los Castro,  aunque también es  seguidor de uno de los santones más populares de la India: Sathya Sai Baba?

Al paso del tiempo iremos recordando más sobre las astucias de Chávez,  el  avispado  llanero y  menos, hasta que se difumine más, su voluminoso expediente de mezquindades. Por ello es de suponer que en su desesperada  lucha por vencer  la muerte,  pronosticada clínicamente   justo dos años antes por el médico Salvador Navarrete,  no fuera la enigmática  peor decisión suya  la de dejar sucesor precisamente a un tipo del entorno civil, de carácter más bien sosegado y negociador.

Quizá lo que más contó es que  Nicolás siendo del riñón castrista de la cúpula del gobierno merecía  su designación, derivada del consejo de Fidel,  que “sabe más que pescao  frito” por ser ducho en eso de las intrigas para conservar el poder totalitario absoluto.

Por esas “razones de Estado”  también se desechó como pilar,  pero no como canciller vocero castrista,  a su agente demasiado fanático Elías Jaua.

Tampoco era recomendable  el platinado plutócrata Rafael Ramírez, zar de PDVSA y  por supuesto no era  recomendable  el representante de la “derecha endógena”, el  inefable Diosdado, sobreviviente de muchos encontronazos con el jefe y por lo tanto demasiado independiente para gusto de los Castro. Además como mandón militar  podía ser una mala copia de Chávez y portador de las peores aristas del régimen.

Para despecho de algunos  ayudantes  y  espontáneos de la defensa  de la bazofia constitucionalista del chavismo, que querían a Diosdado como promesa de un rápido abandono de la “ortodoxia”,  este se reveló todo lo astuto que  era de suponerse,  para no romper tan rápido con el  legado y esperar  a que sus ventajas — mucho dinero, logia militar, control del legislativo y por lo tanto de poder judicial y electoral, mayoría de gobernadores y aparato clientelar del PSUV —  le permitan  que el poder caiga en sus manos como fruta de Maduro.

Quizá Diosdado si tomó  muy en serio las conclusiones  muy discretas de su amigo y protegido Jesse Chacón,  quien con su encuestadora GIS 21,  que midió  en Diciembre y Enero a ambos  -Maduro y  Diosdado-  y  llegó  a  la conclusión que podían perder el poder por su escasa  capacidad  para  recoger  la adhesión  que detentaba Chávez.

El factor cualitativo que sin embargo resulta  definitorio a favor de la hipótesis  de triunfo electoral de la oposición  lo representa el drástico cambio de lenguaje y  de estrategia, que se produce a raíz de la admisión por Maduro de la muerte del Presidente,  hasta  el plan de  fraude que  Capriles  denunció,  dado el  control delincuencial del CNE y las  fuerzas paramilitares  del PSUV,  para aplicar el 14-A  su “Plan Stalin”.

Una de la razones poderosas por las que pueden perder el poder –y eso está medido-  fue el abuso y manipulación que  hicieron con la muerte y los funerales del presiente, a ojos de la mayoría de los chavistas,   y esto se sitúa en las antípodas  afectivas del  luto de quienes,  sin esperar nada de las  grandes ventajas de los que usufructuarios del poder,  sentían su desaparición aunque fuese solo como intérprete de sus anhelos o frustraciones.

Como dijera un poeta ramplón “algo telúrico” ocurrió: es un hecho que  el mensaje de Capriles,  desde que denunció los montajes siniestros de Maduro, sintonizó  de manera explícita con temas que recogen además de las esperanzas de cambio una manifiesta indignación nacional.

Por eso ahora cuando por fin  el país sale del sopor funerario,  Nicolás  como Diosdado aparecen como  derrotables,  y  eso fue lo que percibieron de las encuestas que les llevan  al pánico,  y  por eso andan proyectando sus miedos frente a los razonamientos tajantes  de Capriles  y  de quienes dicen que esta vez no nos quedaremos de brazos cruzados frente al fraude,  que esta vez  se asume el riesgo que las FFAA arreglen su enorme lio interno,  de verse en condiciones de vasallaje ante oficiales militares cubanos, que les  impondrían avalar un fraude electoral.

Si sacamos  una diferencia importante de votos a favor,  que es posible incluso en este corto periodo de tiempo, dadas las dinámicas en presencia, como bien dice JJ Rendón,  nada impedirá que se desate la crisis de poder que les lleve a tener que admitir a los rojos su derrota.

Sobre lo que pueda pasar, una vez que  derrotemos el fraude en la calle, ese  es otro capítulo. Debemos  celebrar si,  que incluso en la óptica de los Castro, si bien  Maduro en su mandadero,  también sacaron la cuenta que sería eventualmente su mejor carta negociadora,  para  un retroceso en orden.  Y efectivamente muchas cosas se pueden negociar,  pero primero se van y segundo se acabó la mesada mil millonaria mensual  en dólares.