María Corina Machado: Nos sentimos traicionados por América Latina

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María Corina Machado, diputada opositora desde el 2010, se llevó la peor parte en la golpiza que se desató en la sede del Poder Legislativo de su país el 30 de abril. Una legisladora chavista la golpeó duramente en el rostro y le rompió el tabique nasal de tan mala manera que fue necesaria una operación para reconstruírselo. Ya en recuperación, ha reasumido su papel de vocera de la oposición fuera de su país. Ayer estuvo en Lima, donde participó en varias actividades.

Jaime Cordero/ Comercio.com.pe

¿Las formas del chavismo han cambiado tras la muerte de Hugo Chávez?
Sí, absolutamente. En ese sentido, y si lo ves desde fuera, claramente parece que Venezuela está mucho peor. Sin embargo, yo siento que cualitativamente estamos en una etapa muy positiva. Hemos aprendido que los demócratas somos mayoría, y ahora el mundo entero también lo sabe. Este es un régimen que se ha basado desde su inicio en la legitimidad, fundamentalmente electoral, y eso le permitía de alguna manera tener salvoconducto para cometer todo tipo de abusos. Por eso hicieron 20 elecciones en 14 años. Nosotros sabíamos que esos procesos electorales no eran justos ni libres, y lo del 14 de abril ha sido tan burdo que se ha caído esa careta.

Formalmente, los chavistas ganaron las elecciones…
Pero todo el mundo sabe que se las robaron. Es más, los presidentes de la Unasur saben que se las robaron. Digan lo que digan. Más importante aun, la gente, los latinoamericanos lo saben. Los chavistas lo saben mejor que nadie, si ellos montaron toda la trampa. Por eso yo digo que el ataque en el Parlamento del 30 de abril es la comprobación del fraude del 14. Necesitan doblegarnos por las buenas o por las malas. Por las buenas era el chantaje; por las malas es la fuerza.

¿Es posible sacar a los chavistas por las buenas?
Por las buenas hemos demostrado que somos mayoría el 14 de abril, a pesar de que ellos usaron toda la violencia.

Pero no lograron sacarlos del poder…
Pero su fortaleza y legitimidad están muy disminuidas. Contra estos regímenes tiene que haber una respuesta firme de los ciudadanos. Eso implica organización, movilización y no claudicar. El mejor ejemplo en la Asamblea Nacional el 30 de abril. No hubo ni un gesto ni una acción de violencia de parte de los diputados de la Unidad Democrática. Ellos nos golpearon y nosotros no claudicamos, resistimos. Ahora estamos ante un Parlamento totalmente distinto y el mundo entero con los ojos sobre nuestro país.

¿Cuál es el siguiente paso de la oposición?
Hay vías institucionales que estamos recorriendo, aunque hay personas que piensan que es ingenuo. Hemos presentado ante el Tribunal Supremo de Justicia recursos de impugnación que de manera detallada muestran la magnitud del fraude electoral. El TSJ está en una encrucijada histórica: si los declara inadmisibles, estará reconociendo que se cometió fraude y, además, que la separación de poderes no existe en Venezuela.

¿Es necesario otra vez demostrar eso?
No para los venezolanos. Pero si en algo han contribuido estos eventos recientes, es a quitar máscaras y a elevar el costo político a ciertas complicidades internacionales. ¿Crees que es comprensible que a estas alturas la Unasur no se haya pronunciado nuevamente? ¿Que la OEA no haya dicho una sola palabra sobre el caso venezolano?

Capriles saludó el pronunciamiento de Unasur apenas se realizaron las elecciones…
La perspectiva ha cambiado. Maduro vino corriendo a Lima y les dijo a todos los jefes de Estado que habría una auditoría integral de todo el proceso. Los señores de la Unasur avalaron este proceso y muchos de ellos acompañaron la toma de posesión. No habían terminado de irse de Caracas cuando ya el Consejo Nacional Electoral y Maduro se retractaban de todo. Engañaron a Unasur. O se dejaron engañar. Frente a esto, los venezolanos esperamos una reacción. Pedimos a cada nación latinoamericana que presione. Por dos razones: una es solidaridad, y la otra es que aquí lo que está en juego no es solo Venezuela, es la democracia de toda América Latina.

¿La Unasur se ha dejado engañar por Maduro? ¿O está siendo chantajeada?
Creo que no se puede generalizar. Hay algunos países que son rehenes, porque el gobierno venezolano se las ha arreglado para comprar conciencias. Otros países tienen una actitud absolutamente cómplice, porque hay afinidad ideológica y quisieran reproducir –o ya lo están haciendo– ese proceso de cooptar la instituciones y perpetuarse en el poder de manera indefinida y a cualquier precio. También hay un tercer grupo, el más incomprensible, de países que actúan de manera democrática, pero han optado por ignorar la situación venezolana.

¿El Perú en qué grupo está?
Quiero pensar que en el tercero. Aunque me gustaría que estuviera en un cuarto, en el que todavía no hay ningún país, y en el que los gobiernos y la ciudadanía toman decisiones de principio a favor de la democracia y la libertad.

¿Usted cree que el presidente Humala simpatiza con el modelo chavista?
Hay quienes dicen eso, pero en su accionar interno las diferencias son evidentes. Hoy las instituciones peruanas funcionan, obviamente con sus problemas, pero no puedes plantear cosas como la persecución a la prensa, al sector privado, a las iglesias. O la vinculación de Venezuela con el gobierno cubano, que ha llegado a un extremo de dependencia. ¿Ahora cómo se traduce eso internacionalmente, sobre todo por el papel del Perú en la presidencia de la Unasur? Es una responsabilidad enorme y esperamos otro tipo de actitud.

Quizá suene extremo, pero por lo que dice parece que la oposición se siente un poco traicionada por los gobiernos de América Latina.
Lo extremo es el “poco”. Nos sentimos absolutamente traicionados. No es comprensible ni aceptable que estados que han suscrito la Carta Democrática Interamericana no tengan una respuesta clara y firme. Es una vergüenza que el secretario general de la OEA, que ha recibido de nuestra parte múltiples comunicaciones, no tenga ninguna reacción. No es una traición solo a los venezolanos, es una traición a los principios democráticos. Es un golpe enorme a la OEA como institución. Es un enorme error histórico, y la historia saca sus cuentas.