En Tiempo Real: La guerra contra los teteros del imperio, por @carlosvalero08

El principal problema del modelo de sociedad que promueve Nicolás es que parte del falso supuesto de que el Estado y sus burócratas están en capacidad de planificar la vida de los ciudadanos de manera integral, desde el tipo de alimentos que consumen hasta el trabajo que desarrollan. La puesta en práctica de las ideas Castro comunistas, defendidas en forma velada y maniquea por Maduro, han fracasado en todos los países donde fueron aplicadas porque condenaron al pueblo a pasar penurias y sufrimientos para mantener a una élite en el poder viviendo como auténticos reyes o señores feudales.

Roberto Ampuero, en su magnífica novela Nuestros años verde olivo describe su decepción cuando al arribar proveniente de Santiago a su exilio en la República Democrática Alemana, consigue una frontera amurallada y vigilada con perros, minas y guardias de seguridad donde se impedía a los habitantes salir o entrar libremente, lo cual lo llevó a preguntarse “por qué se prohibía el tránsito de los ciudadanos hacia occidente? ¿No constituía acaso el socialismo un mundo superior al capitalismo?

La guerra de los teteros y chupones es otra absurda manifestación del socialismo que quieren construir en Venezuela y que termina convirtiendo una buena idea, como lo es promover y estimular la lactancia materna, en una batalla por la libertad y los valores democráticos. Desafortunadamente para el país todos los intentos de políticas públicas que se producen desde Miraflores están cargados de una sobredosis ideológica que cercena el libre albedrío. ¿Qué relación puede existir entre promover la lactancia materna y prohibir el uso de teteros antes de los seis meses? Es probable que haya algo de pragmatismo en la propuesta debido a la imposibilidad de garantizar acero para los envases o divisas para la importación de las fórmulas, pero en realidad lo que está detrás es una actitud enfermiza de los burócratas que necesitan sentirse poderosos e importantes imponiendo regulaciones absurdas.

Ridiculeces como la guerra de los teteros, el sobre calentamiento de la demanda o la importación de millones de toneladas de alimentos, en lugar de producirlos en el país serán el pan de cada día del nefasto gobierno de Nicolás, pero aún cuando provoquen risa y motivos de burla estamos en la obligación de tomarlos en serio y realizar las respectivas denuncias. Una cosa es la ilegitimidad y debilidad de este gobierno y otra pensar que no están avanzando en su plan de instaurar en Venezuela un modelo autoritario y cercenador de las libertades individuales. La forma en que sospechosos capitales han ido adquiriendo medios independientes y transformándolos en hermanos menores del sistema de medios públicos es sólo una muestra de la falta de escrúpulos y límites éticos de los enchufados, que han convertido en bebes de pecho los actos de corrupción cometidos durante el periodo de la democracia representativa.

El gobierno no está tan débil como parece pero es mucho menos fuerte de lo que ellos vociferan e intentan vender cuando andan rodeados de cientos de escoltas y realizan un despliegue de poder realmente chocante y de mal gusto. En la batalla por los teteros, así como en todos los campos, seguiremos democráticamente desenmascarándolos y desnudando los verdaderos propósitos de las “políticas públicas rojas” que siempre tendrán la oscura finalidad de transformar el concepto de ciudadano en pionero o defensor de la revolución. No lograrán oprimir el espíritu libertario y emprendedor del venezolano, ya que Venezuela no es Cuba, Maduro no es Castro y el pueblo venezolano no cambiará la libertad por arengas revolucionarias o manipulaciones anti imperialistas.

Carlos Valero

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