Muerte espontánea después del sexo

Foto ABC

El precio del sexo puede ser muy alto. El macho se acerca cuidadosamente a su amada, cuatro veces más grande que él. Tras un pequeño tira y afloja, consigue que ella le acepte, se le sube encima e inserta su apéndice en la abertura genital hasta descargar un chorro de esperma. Lo que parece un final feliz se transforma repentinamente en tragedia. Sin que la hembra ejerza agresividad alguna, como sí ocurre en otras especies, el «romeo» dobla sus patas bajo su cuerpo, se queda inmóvil y su corazón deja de latir. Está muerto, reseña ABC de España.

Esto es lo que le sucede a la araña pescadora (Dolemedes tenebrosus) solo unas horas después de culminar su pasión, según han podido comprobar científicos de la Universidad de Nebraska-Lincoln, que describen el caso en la revista Biology Letters. Los investigadores recogieron arañas de esta especie de los parques de Nebraska y esperaron a que se aparearan. En 25 cópulas observadas, los machos mostraban los mismos síntomas una vez satisfechos. Recogían las patas bajo su cuerpo y se quedaban quietos. Los investigadores contaron la frecuencia del pulso en el abdomen de las arañas inmóviles y confirmaron que estaban muertas. Como si esto no fuera suficiente sacrificio, resulta que el acto sexual también desfigura a los machos, con dos apéndices delanteros, los llamados pedipalpos, absurdamente hinchados. La causa de la muerte parece estar relacionada con esta expansión.

Con el apéndice hinchado

Cuando los machos alcanzan la madurez sexual, eyaculan y succionan el esperma en sus pedipalpos, que se inflan debido a la presión del fluido. Durante el apareamiento, los machos transfieren el esperma a la hembra de uno de sus pedipalpos, que entonces generalmente se desinfla. Pero en la araña pesquera, permanece inútilmente hinchado, con el macho marchito colgando de la hembra. Después, esta se come al macho

Esa cena caníbal postcoital puede reducir la receptividad de la hembra con otros machos, lo que garantice que la descendencia tenga la huella genética del difunto y no de otro competidor. Además, la ingesta ayuda a la futura madre a nutrirse y eso favorece a la salud de su progenie. La muerte, en este caso, tiene su lado positivo… aunque seguramente será difícil de ver si uno es una araña macho.