Estados Unidos también espía todos los sobres de cartas y paquetes


El FBI y la DEA pueden violar el contenido de la correspondencia si para eso reciben autorización judicial (Foto AFP)

Además del espionaje sobre llamadas telefónicas y comunicaciones por internet, las autoridades estadounidenses también almacenan los datos del exterior de todas las cartas y paquetes que se envían y reciben en EE.UU. El año pasado, alrededor de 160.000 millones de envíos fueron fotografiados por el Servicio Postal, que guarda esos datos y los entrega a las agencias gubernamentales cuando estas lo requieren, sin necesidad de autorización judicial, según revela The New York Times.

La revelación no parte del exempleado de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA)Edward Snowden, sino que el diario la ha obtenido de otras fuentes. De hecho, la NSA no está implicada directamente en la operación.

Aunque el registro de los datos externos de cartas y paquetes comenzó hace ya un siglo, la práctica se universalizó y sofisticó tras el 11-S de 2001, a raíz de alertas terroristas como el envío de cartas que contenían ántrax. Desde entonces, un programa llamado Mail Isolation Control and Tracking escanea el exterior de todos los envíos y almacena esas fotografías. Con ello se recoge la «metadata» de esas comunicaciones, tal como sucede también con los registros de todas las llamadas telefónicas realizadas que tienen lugar en EE.UU., algo que realiza la NSA y que reveló Snowden.

«Un tesoro lleno de información»

«Es un tesoro lleno de información. Con mirar el exterior de una carta u otro correo, puedo ver con qué banco operas, con quién te comunicas… todo tipo de información útil que dan a los investigadores pistas que pueden seguir, sin necesidad de autorización judicial», declaró a The New York Times James Wedick, un antiguo agente del FBI que en sus investigaciones muchas veces utilizó los datos de los sobres.

Cuando el FBI, la agencia antidrogas DEA u otra agencia gubernamental desea investigar a alguien, con frecuencia solicita esa «metadata» postal, que es garantizada sin mediación del juez. Tiene entonces acceso al almacén de los datos y también puede conocer directamente las cartas que alguien recibe o envía en los siguientes días (hasta un máximo de cuatro meses), con la posibilidad de violar su contenido si para eso recibe autorización judicial.

Los requerimientos de acceso a esos datos externos del correo por razones de investigación criminal llega a los 20.000 anuales. También se pueden alegar razones de lucha antiterrorista, si bien no se ha ofrecido una contabilización pública al respecto.

El caso ha quedado en parte destapado por el error de un operario de correos que echó en el buzón de un antiguo dirigente del grupo radical Frente de Liberación de la Tierra una comunicación interna. En ella, catalogada de «confidencial», se advertía que todas las cartas dirigidas a esa persona, a partir de cierta fecha, debían ser enseñadas previamente a un supervisor.

También hubo sospechas sobre el programa cuando recientemente el FBI pudo localizar con rapidez a los remitentes de dos remesas de cartas –en ambos se incluía al presidente de EE.U.– que contenían recino.