
Siete homicidios en 10 días son la muestra de la violencia intramuros en la Cárcel Nacional de Maracaibo. Se matan entre sí por el trillado «control del penal» o porque no pagan la cuota semanal obligatoria al líder criminal del área donde están recluidos.
Balas de distintos calibres van y vienen a diario en Sabaneta. Los internos cargan sus armas «montadas». No les tiembla el pulso para presionar el gatillo y quitarse problemas de encima: a uno o varios presos.
Al menos dos cadáveres baleados, provenientes de la penitenciaría, ingresan cada fin en la morgue forense del Hospital General del Sur o del Universitario de Maracaibo, donde a los privados de libertad heridos les «prestan los primeros auxilios».
Julio se estrenó con los crímenes de Eduardo Emiro Suárez, Ángel Romero y José Peñalver. El cuerpo del primero, quien ingresó 15 días antes, lo lanzaron en el área de Reeducación, informó un funcionario policial. A los otros dos los acribillaron presuntamente por no cancelar 500 y 600 mil bolívares -el «obligaíto»- al líder criminal de Máxima, conocido como el «Caldera»..
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