Esperando ansiosamente a Kate…

Esperando ansiosamente a Kate…

(Foto Reuters)

El “escenario” tiene poco o nada que ver con el cuento de hadas de Guillermo y Catalina. El Ala Lindo del Hospital St. Mary, donde se supone dará a luz la duquesa de Cambridge, es un vetusto edificio de ladrillo oscuro y en un sombrío callejón donde apenas llega el sol, en los intestinos del desvencijado centro hospitalario de la trastienda de Paddington.

Estamos ante uno de tanto lugares perdidos en el laberinto londinense a los que uno nunca llegaría si no fuera por el trasiego incesante de fotógrafos o por el reclamo de las parabólicas que llevan tomando posiciones desde hace más de dos semanas, cuando empezó la cuenta atrás.

Catalina sale de cuentas este sábado, y en el circo mediático instalado frente al Ala Lindo hay ya una porra oficial sobre si será niño o niña, y si se llamará Victoria o Jorge, o Isabel o Eduardo, y si llegará de día o de noche, y hasta cuántas horas durará el parto.





El fotógrafo Ian Lerner, ‘freelancer’ contratado para montar guardia por una agencia (prefiere no decir cuál) sólo espera de aquí a entonces le dé tiempo a concluir la trilogía de las ‘Cincuenta sombras de Grey’, leída de un tirón durante la tensa espera… “La verdad es que imaginaba algo más erótico, no entiendo por qué tanto revuelo. Como tampoco acabo de entender toda esta atención exagerada, ni todo este montaje un poco cutre. Pero no podemos quejarnos: todos comemos de esto“.

¡Que venga pronto, por favor!’

(Foto AFP)

“Por favor, no alimenten a los fotógrafos”, puede leerse en un pequeño cartel colgado en las vallas que marcan el corralito de la prensa. “Ahora sí que estoy aburrido” pone en otro. “¡Que venga pronto, por favor!”

El buen humor exhibido por los ‘paparazzi’ contrasta en el fondo con las puñaladas que ha habido, y las que seguirán habiendo, para lograr el mejor ángulo sobre la entrada al ala Lindo.

Hasta 160 “miniparcelas” han sido marcadas con cinta aislante en el suelo y con escalerillas metálicas con cepo anti-robo. Algunas televisiones han contratado sus guardias de seguridad para proteger su “finca”. Otras han pagado a los taxistas para ocupar permanentemente un espacio. Los ‘bobbies’ patrullan displicentemente en parejas, evitando aglomeraciones y pidiendo a la gente que circule.

Los turistas y los curiosos sudan lo suyo para encontrar el esquinado lugar, pero al final dan con él… “La verdad, yo esperaba un escenario más a la altura de la familia real”, se lamenta Grazia Leccaro, una italiana de 29 años que reconoce haber ajustado su estancia en Londres a llegada del ‘Baby Cambridge’ (como oficiosamente se conoce al bebé en ciernes).

“Me quedo aquí hasta el martes, y mi idea era pasarme todos los días, aunque la verdad es que lo que he visto hasta ahora me ha decepcionado bastante”, asegura Grazia, con el último numero del ‘Hello!’ en la mano. “Creo que al final me iré a Buckingham, y esperaré a pongan el caballete ése en el que anuncian el nacimiento. Estoy segura de que será niña, y me encantaría que la pusieran Diana”.

Una ‘suite’ de 6.000 euros la noche

(Foto AFP)

Diana dio a luz precisamente aquí, hace 31 años. Ella fue quien cambió la tradición de los partos en palacio por la reputada Maternidad de St. Mary, donde las apariencias engañan. El ala privadísima del hospital público ha pasado por una intensa renovación interior que lo ha dejado irreconocible.

Unos 6.000 euros la noche cuesta la estancia diaria en la ‘suite’ de partos, equipada con wifi y en la que Catalina tendrá el perfecto equilibrio entre la vigilancia médica y la opción natural elegida por la pareja (siguiendo también la estela de Diana).

El ex ginecólogo de la Reina Marcus Setchell estará al quite, pero Catalina confía en apoyarse en la comadrona y en su propia madre, Carole, con experiencia como ‘doula’. La duquesa de Cambridge ha practicado el yoga durante el embarazo y se ha familiarizado con un método de meditación guiada, conocido como Hypnobirth, para capear la marejada de las contracciones y del dolor.

Guillermo quiere estar presente cuando llegue el momento, pero sigue destinado en el norte de Gales como piloto de la RAF y no pedirá el permiso de paternidad hasta el final de la cuenta atrás.

La futura madre se refugia del insólito calor de estos días en la campiña de Berkshire, en la casa de sus padres, y ha querido que su hermana Pippa esté bien cerca. Un dispositivo de emergencia se ha montado también en el Royal Berkshire Hospital en Reading, a tiro de piedra de la casa de los Middleton, por si a Catalina no le diera tiempo a llegar a la maternidad londinense donde tan ansiosamente la esperan. Tres, dos, uno…