Marta Colomina: Compartir Miedos de Maduro y sus bufos “magnicidios”

Con una Venezuela devorada por el crimen (en encuesta del IVAD divulgada esta semana, el 81,5% afirma que la inseguridad es el principal problema del país); desabastecimiento (53,3%); alto costo de la vida (la inflación cerrará 2013 en un 45% y alimentos sobrepasarán el 50%); con el desempleo (26,6%) que triplica las falsas cifras del INE; servicios colapsados; y la corrupción (que los encuestados asocian al Gobierno y no a la oposición, como vocifera Diosdado), Maduro dilapida en sus constantes viajes las pocas divisas del BCV y persigue aparatosamente a sus adversarios políticos para simular que tiene un liderazgo fuerte y un control férreo del país.

Heredero del odio a la libertad de expresión, ha sometido a los medios a una represión y autocensura que se incrementa a medida que se agudiza la crisis económica y política. Aunque Maduro ya cuenta con la casi hegemonía comunicacional, todavía quedan algunos medios heroicos que dicen verdades que indignan al Ilegítimo. Las informaciones sobre el inconstitucional allanamiento de la inmunidad parlamentaria de Richard Mardo, con “pruebas” forjadas, como ha demostrado El Universal en su documentado “Expediente” (y decidido por mayoría simple de la AN, y no con las dos terceras partes), causaron la ira de Maduro. Calificó de “vergüenza” el tratamiento de los “medios burgueses” y la reacción opositora de salir el sábado a la calle para protestar esa injusticia. La Fiscal arremete contra 2 editores indóciles: Miguel Henrique Otero, director de El Nacional, a quien congela sus cuentas personales, y a Leocenis García, a quien cerró Sexto Poder, ordenó su detención (fue secuestrado por la DIM) y congeló cuentas de la empresa. Corroído su gobierno por la corrupción, Maduro gritaba ¿”cómo justifica el Dip. Mardo haber gastado más de 10 millones en propaganda para él”? Nicolás sabe que Mardo, pruebas en mano, justificó sus modestos gastos, cosa que no ha hecho Tareck con los cientos de millones dilapidados en su campaña a la gobernación de Aragua (incluidas centenas de gigantografías en edificios de Maracay). ¿Se habrá preguntado Maduro de dónde sacan los diputados rojos sus costosas camionetas y lujosas viviendas en el Este de la capital y hasta en el Country Club?

Los miedos de Maduro son muchos: se sabe ilegítimo y ha mentido sobre la enfermedad y muerte de Chávez, así que sus actos serán nulos cuando salga a flote la verdad. Que Fidel confesase a Correa que Chávez tenía pocos meses de vida y que tal confesión coincidiera con los días en que Maduro informaba sobre la “progresiva recuperación del enfermo” y la decisión de la presidenta del TSJ (LEM) de prorrogar el mandato presidencial sin juramentación de Chávez, y su negativa a realizar un estudio médico que determinase el estado de salud del enfermo, son pruebas de que una pandilla de facinerosos se apropiaron del poder luego de la elección del 7-O de 2012, violando la Constitución de forma continuada.

Mientras el oficial castrista Domínguez Morera reconocía en La Habana que hay cubanos colaborando en materia militar con la revolución venezolana y en labores de espionaje (El Nacional 29-07-13), Maduro presumía en Cojedes de “nacionalismo”: “Aquí no mandaban los venezolanos, las decisiones se tomaban en Washington”. El fracaso en inseguridad (440 cadáveres ingresaron a la morgue de BM en julio), 4 masacres con 19 asesinados en 4 estados, brutalidad e ineficacia de la GN en el plan Patria Segura y la indignación por los atropellos del régimen, instan a la sórdida Fiscal a ordenar que el Minci “difunda la verdad de la represión política de los años 58 al 98”. Refrito que el ministro del Interior refuerza con otra “olla” varias veces montada: “Un pago de $2,5 millones para atentar contra Maduro. Los magnicidas serían Posada Carriles (con casi 90 años), el expresidente Uribe, Micheletti, de Honduras, y se les olvidó Bush.

Maduro se indigna con el rechazo popular que encuentra en su teatro de “gobierno de calle”, revelado por todas las encuestas. La última del IVAD registra que el 66,2% califica la situación actual del país de muy mala (21,3%), mala (30,2%) o regular hacia mala (14,75). Apenas el 9,4% dice que es buena. Y lo que aterra a Maduro, alegra a Diosdado y explica por qué no han hecho la auditoría, ni el TSJ repetirá la elección del 14-A, es la respuesta a: “independientemente de por quién votó en la pasada elección del 14-A, por qué candidato votaría de realizarse una nueva elección presidencial: Henrique Capriles 45,1%; Nicolás Maduro 39,3%”.

Estos represores son minoría hace tiempo. Por eso, a pesar de los adulantes del Alto Mando, los cuarteles están llenos de pintas pidiendo la renuncia de Maduro.

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