Gas y petróleo de esquisto alteran la vida de un pequeño pueblo

Gas y petróleo de esquisto alteran la vida de un pequeño pueblo

Foto: Archivo

Louisa Delpy, una madre de familia de 36 años, nunca se había manifestado antes pero cuando anunciaron el inicio de la exploración de hidrocarburos de esquisto en su tranquila y próspera campiña inglesa se movilizó, como otros cientos de personas.

Con dos amigos y una pancarta casera, se dirigió a la zona de perforación de Balcombe en el condado de West Sussex, a unos 50 minutos en tren al sur de Londres.

En unas semanas y contra todo pronóstico, Balcombe, un bastión del Partido Conservador, se transformó en un centro de protesta contra la polémica técnica de la fractura hidráulica. Ésta consiste en crear fisuras subterráneas inyectando una mezcla de agua, arena y productos químicos a presión para liberar el gas y el petróleo de esquisto.





Para los habitantes de este cuidado pueblo de ladrillos rojos, salir a la calle era la última solución. “Todas las formas normales de democracia parecen haberse ignorado”, afirma Stephen White, un cineasta de 59 años que vive cerca. “Es como si estuviéramos en el Lejano Oeste”.

Desde entonces, cientos de manifestantes procedentes de todos los rincones del país se han unido a ellos. Se ha erigido un campamento de decenas de tiendas, se ha acondicionado un área de juegos para niños y se han instalado lavabos portátiles.

Los opositores blanden pancartas con lemas como “Balcombe no está en venta”, corean consignas con megáfonos e intentan bloquear todos los camiones que tratan de acceder al lugar, en particular con un viejo vehículo de bomberos.

Organizan sesiones de meditación y conciertos, y los conductores que pasan hacen sonar sus bocinas en un gesto de solidaridad, mientras decenas de policías montan guardia.

Los manifestantes también han recibido el respaldo de famosos como Bianca Jagger, la exesposa del cantante de los Rolling Stones, lo que contribuyó a mediatizar el movimiento.

Aunque la empresa Cuadrilla asegura que no utiliza por el momento la fractura hidráulica en Balcombe, que no “arruinará el campo” y que son sólo perforaciones exploratorias, los manifestantes no dan su brazo a torcer. Sobre todo porque la compañía es pionera de la fracturación hidráulica en el Reino Unido.

Gracias a sus acciones, los opositores lograron retrasar casi una semana las obras, pero Cuadrilla empezó a perforar el viernes un pozo vertical de 975 metros con la esperanza de encontrar hidrocarburos. Los manifestantes reaccionaron bajando la cabeza durante un minuto de silencio.

“Es un día triste para Balcombe pero venceremos”, asegura Glayzer Frackman, un hombre de 52 años llegado de Lancashire, en el noroeste de Inglaterra. Este disc-jockey se movilizó desde que su casa resultó dañada por dos mini-sismos a raíz de perforaciones exploratorias de gas de esquisto.

Como los otros manifestantes, está preocupado por la posible contaminación química del aire y del agua, así como del riesgo de que escasee el agua.

Los ecologistas consideran que la fractura hidráulica, empleada en Estados Unidos pero prohibida en países como Francia, es contaminante.

Pero el primer ministro británico, David Cameron, hace todo para alentarla: su gobierno propuso recientemente la puesta en marcha del régimen fiscal sobre gas de esquisto “más generoso del mundo” para desarrollar este recurso.

En la localidad de Balcombe, el personal del pub quiere “mantenerse neutral” cuando circulan rumores acerca de un ladrón que habría robado pancartas contra la exploración.

Pero es difícil encontrar a algún vecino opuesto a los manifestantes. El tema “polariza un poco a la gente”, considera una dietista, Nancy Towers, de 47 años. Pero creo que este movimiento es maravilloso, y son gente pacífica”. AFP