¿Fobia a los lunes? Conozca los síntomas

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Son personas que se encuentran muy demandadas en el ámbito laboral. Tienen cargos importantes y sufren presiones acordes a esos puestos. Pero también están los desempleados que luchan por incorporarse al mundo del trabajo, y también los que están en actividad y se sienten amenazados de perder el empleo. Muchos de estos hombres y mujeres tienen un denominador común: sufren de deuterofobia, que significa temor al lunes (“deustera” quiere decir lunes en griego).

Los síntomas que presentan estos individuos suelen aparecer el domingo a la noche. Los más usuales: pesadillas, dificultades para levantarse a la mañana, decaimiento y ansiedad sobre si van a recibir un reto o una valoración negativa al llegar al trabajo. También pueden padecer taquicardia, sudoración y otras somatizaciones como dolor de estómago y, en algunos casos, enfermedades crónicas. Según un estudio realizado en Argentina por la consultora Bayton, el 72% de las personas tiene mayor desgano los lunes. Y el día también figura al tope del ausentismo laboral.

“En los países más pobres, las jornadas laborales alcanzan proporciones de vasallaje medieval. Son largas, incluyen traslados en transporte público deficiente o francamente peligroso, hay precarización laboral, y además, tener trabajo no asegura cubrir las necesidades básicas familiares. Enfrentarse con un lunes en ese contexto alcanza entonces proporciones épicas”, explica la Adriana Yankelevich, supervisora del Servicio de Salud Mental del Hospital Tornú y Miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). Y advierte que el problema no se enmarca “sólo en la pobreza y la exclusión social: la precarización laboral y la falta de vínculos emocionales fuertes con el entorno laboral pueden darse en todas las clases sociales”.

En este sentido, Luis Hornstein, presidente de la Fundación de estudios Psicoanalíticos (FUNDEP) y Konex de platino por la trayectoria en psicoanálisis entre 1996 y 2006, agrega que “en las personas desocupadas, sub-ocupadas o aquellas que aceptan un trabajo cueste lo que cueste, estas variables se convierten en fuente de angustia o depresión. Pero por otro lado, los triunfadores buscan la gloria de modo implacable y corren peligro de ser consumidos por el burn-out (sentirse quemados mentalmente por el trabajo) o de recaer en un anonimato mediocre. Los perdedores tampoco la pasan muy bien, chapoteando en el charquito”.

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