Juan Fernández: El cáncer de la Revolución

La corrupción es una ineludible característica de los gobiernos de índole totalitaria, cuyo objetivo fundamental es mantenerse indefinidamente en el poder. La permanencia indefinida en el ejercicio del poder absoluto, controlando todos los poderes públicos, es campo fértil para establecer ese comportamiento.

Lamentablemente para los venezolanos, PDVSA es la médula de estas actividades corruptas en nuestro país. El escándalo más reciente es una demanda civil del Embajador Otto Reich introducida en Nueva York, que involucra a PDVSA, CORPOELEC y SIDOR. Según los documentos del tribunal,  la demanda es contra Leopoldo Alejandro Betancourt López, Pedro José Trebbau López y Francisco D’Agostino Casado, accionistas dueños de DERWICK, un grupo de empresas con registros en los EEUU, Barbados y España dedicadas a la ingeniería, procura y construcción de plantas eléctricas. La demanda tiene a lugar por la afectación de  servicios profesionales que venían realizando tanto el Embajador como su empresa consultora al Banco Venezolano de Crédito y al Sr. Eligio Cedeño. A tal efecto reclama una compensación que según pruebas presentadas, implican a los dueños de la empresa DERWICK, contratista con el gobierno y empresas públicas venezolanas. También se infiere que los accionistas forman parte de un esquema de sobornos a personeros de las empresas del estado venezolano. A esta empresa se le han otorgado  contratos por el orden de 1.000 millones de dólares, desde PDVSA, CORPELEC y CVG.

El escrito sometido por el demandante explica como en la Venezuela actual es costumbre el pago de comisiones y sobornos a funcionarios a cambio de la obtención de contratos, incumpliendo la ley de licitaciones. En el caso de PDVSA son cuatro contratos para plantas eléctricas, de los cuales nunca se conoció el monto de la contratación al ser otorgados a DERWICK, la cual a su vez sub-contrató con empresas americanas para realizar las obras  para los áreas de Las Morochas, El Furrial, Morichal y Barinas I. En la demanda se describe una relación con otro personero como Convit-Guruceaga relacionado con DERWICK, Nervis Villalobos, Vice Ministro de Energía y se relaciona a Rafael Ramírez. La demanda define la estructura  para los sobornos, comisiones y pagos al estilo del crimen organizado, en el que se utilizan “tarifas de consultoría para “justificar” los pagos, a cambo del otorgamiento de contratos. Un esquema similar es utilizado en los casos de CORPELEC y de la CVG. Inclusive menciona la demanda del Emb. Reich, las instituciones financieras que realizaron las supuestas transferencias de los pagos: J.P. Morgan y Davos Financial Group en Nueva York. En el caso de J.P. Morgan, el representante contacto Eduardo Travieso ya no pertenece al banco. En un comunicado público, J.P. Morgan dijo: “El Sr. Travieso actuó de forma inconsistente con las políticas y procedimientos del banco”, por lo cual la demanda interpreta problemas y violaciones en el desempeño de las operaciones de su responsabilidad relacionadas con el caso planteado.

Lo anterior es la cara común de la corrupción a la cual el país se ha visto sometido. Lo lamentable es que ya el venezolano, acostumbrado a este tipo de situaciones, no reacciona. Quienes hoy ejercen el poder se llenan la boca con declaraciones de una guerra sin cuartel contra la corrupción, no investigan casos como el descrito.

La administración de la petrolera venezolana está corrompida de arriba a abajo. En primer lugar está la dualidad de Ministerio y empresa, es decir; “cobrarse y darse el vuelto”. En segundo lugar, el presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, debe conocer a detalle todas las situaciones denunciadas de corrupción, por lo que se ha vuelto indispensable para el régimen. En tercer lugar, voltear la cara y no actuar por una equivocada solidaridad política e ideológica, también es corrupción.

Es una vergüenza que esto ocurra en la empresa venezolana más importante, tomando en cuenta la crítica situación económica que vive el país. La corrupción cercena la habilidad de inversión en la empresa, restando posibilidades de aumentar su producción y generar ingresos que el país necesita desesperadamente.

Pero no parece del interés de Maduro y su combo tocar el ámbito de las denuncias sobre PDVSA y seguramente terminarán diciendo que se trata de una maniobra del “Imperio”, del “Capitalismo” o de la “Oposición fascista”, en contra de la supuesta Revolución. En todo caso, es improbable que se realice la investigación veraz e independiente necesaria para llegar a la verdad. Habrá que vigilar los tribunales estadounidenses.

@JFernandeznupa