Mira por qué aún no existe una píldora anticonceptiva para hombres

Durante los años 60 del siglo pasado, la píldora anticonceptiva femenina supuso el empoderamiento sexual de las mujeres, al poder decidir si deseaban o no embarazarse, dando un fuerte golpe al tabú del sexo fuera del matrimonio. Se trató en su momento de un empoderamiento político a la vez que una revolución sexual, apoyada posteriormente por otros dispositivos de planificación familiar, como el DIU.

Pero mucho tiempo ha pasado desde entonces y la investigación científica en el campo de la anticoncepción parece haber avanzado muy poco en el desarrollo de métodos similares para hombres. No se trata de un asunto de igualdad –ni siquiera de un asunto de tener más opciones disponibles, sino de un asunto de ética y salud: algunos estudios han mostrado que la píldora anticonceptiva basada en hormonas puede presentar un ligero y poco frecuente riesgo de que una mujer sufra un trombosis.

Sin embargo, por pequeño que sea el riesgo, su mera existencia supone un dilema ético: ¿por qué las mujeres deben arriesgarse a ese mínimo riesgo infinitesimal y los hombres no? ¿No deberíamos compartir riesgos entre géneros, así como en la sociedad compartimos responsabilidades y derechos?

En Dinamarca se llevó a cabo un estudio sobre el uso de píldoras anticonceptivas en mujeres de entre 15 y 49 años. Con una duración de 15 años, el estudio llevó nota de 1.6 millones de mujeres, encontrando que sólo 3,311 tuvieron infartos relacionados con embolia o trombosis, y que 1,725 mujeres tuvieron ataques cardiacos.

Estadísticamente el riesgo sigue siendo pequeño, ¿pero por qué no existe una píldora para hombres? En su caso, los hombres cuentan con sólo dos opciones anticonceptivas: la esterilización (via vasectomía) o los condones. La vasectomía es un procedimiento que data del siglo XIX y aunque es reversible implica una microcirugía, además de que su reversibilidad depende de muchos factores. Por otro lado, el condón masculino ha aparecido en la literatura científica desde el siglo XVI, cuando el anatomista italiano Gabriello Fallopio describió un condón hecho de una cubierta de lino, usada para prevenir la transmisión de sífilis. El aventurero Giacomo Casanova se refería al condón del siglo XVIII como “abrigo inglés”.

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