Versiones, diversiones y subversiones del vello púbico

Como todos los primates, los humanos desarrollan vello y cabello en la superficie de la piel para ayudar a sus cuerpos a adaptarse al medio ambiente. Pero con el tiempo, el medio ambiente de los antiguos primates ha cambiado, y gracias a la evolución ellos –es decir, nosotros– han cambiado también.

Evolutivamente el vello y el cabello que cubre partes de nuestros cuerpos ha cumplido una importante función: darnos calor, proteger nuestra frágil piel del sol, del frío y de otras amenazas, y eventualmente con el desarrollo de los homínidos superiores ha servido también para caracterizarnos culturalmente: las mujeres de la Antigüedad grecorromana peinaban sus cabellos con esmero según el dictado de su clase social, y los hombres veían en el cuidado de una copiosa barba un signo de hombría y valor.

¿Pero qué hay sobre el vello púbico? Su aparición marca en hombres y mujeres el principio de la pubertad y la inminencia del adolescente que seremos. Durante el tiempo en el que aparece, también nos fijamos más en la zona genital, apreciando que nuestro cuerpo desarrolla modificaciones inéditas en nuestra historia. Hemos dejado de ser niños y nos preparamos para ingresar al complejo mundo de los adultos. Sin embargo, en nuestros días (probablemente gracias a la oferta de pornografía) vemos también que los adultos pueden remover el vello púbico con fines estéticos o para ofrecer a sus parejas sexuales otra forma de estimulación sensorial.

En nuestra cultura la personalización es evidencia de identidad: si haces algo tuyo, ese algo te define. Piensen en las variedades de carcasas y aditamentos para nuestros teléfonos celulares: cada uno vuelve “único”, en cierta medida, un objeto producido industrialmente. Así, millones de usuarios de iPhone, por ejemplo, “personalizan” (es decir, se apropian) de sus objetos y los hacen diferentes a todos los demás. Con el cuerpo pareciera que hacemos algo similar: hombres y mujeres se someten diariamente a sesiones de cuidado corporal para personalizar el vello de sus cuerpos, un indicador importante para decir dentro de nuestra cultura a qué clase social, rango etario e incluso adscripción ideológica pertenecemos.

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