Alberto Franceschi: ¿Será verdad que viene una vaina?

La prudencia de los voceros oficiales de las FFAA contrastando con los bocones castristas que tenían  antes denota  que  algo o mucho está cambiando en esa institución. Pero antes de  aventurar juicios hagamos el análisis necesario:

Una vez más  es bueno insistir, que cada vez más numerosos sectores  se inquietan en extremo por la situación que padecemos,  llegando a la conclusión que estamos dando tumbos como nación.

A toda persona consiente le  embarga  la sensación que al país lo dirigen dementes o inconscientes sin remedio,  y que la clase política, que incluye gobierno y oposición,  parecieran NO QUERER SABER dónde están parados…. y eso es un fenómeno de alta peligrosidad,  porque contiene  en sí mismo un virus de  propagación pandémica, que  en la historia se llama caos, o cuando menos crisis revolucionaria aguda.

Nada cuesta percibir que  todo este cuadro de descomposición  política  acelerada,  con ese decorado sombrío del  gobierno y de  su patética oposición,  se deriva de una putrefacción del régimen y de su base de sustentación socioeconómica.  Y esto no puede arrastrarse indefinidamente,  sin que aparezcan  los síntomas irreversibles de gangrena social.

No otra cosa  expresan  la delincuencia masiva  de choros, asesinos y altos funcionarios raspando la olla,  o las amenazas reales de estallido social  como el que sorprendió a demasiados  el 27 de febrero de 1989, con el cual  por cierto uno nuevo podría tener rasgos demasiado parecidos.

Y por si no lo sabían,  ahora también está documentado que quien menos conocía de la inminencia de ese cataclismo social era el propio gobierno de CAP con 24 días en el poder. Tampoco  supo ese  gobierno impedir a tiempo los golpes militares del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992.

De manera que el que quiera averiguar lo que está emergiendo de los socavones del descontento social y de la angustia militar en particular por saberse responsables de lo que pueda evitarse,  solo va a detectar  la urgente necesidad de un fuerte reacomodo, por el cual abogan desordenadamente los segmentos que se lanzan a luchas casi suicidas  contra un  gobierno sordo y paralitico,  y  seguro encontrarán, en los sectores  de mayor sindéresis en las FFAA  como se percibe allí, cada vez con mayor fuerza,  la antes  imprevisible tensión,  pero donde ahora ya no es  una sorpresa para nadie… que  pueda amanecer de golpe… y esa helada no nos puede agarrar sin cobija.

Si la agudización de la crisis se  manifiesta  bajo la forma de un gran sacudón social o de un gran descalabro económico financiero,  lo más  cierto  es que puedan darse  con manifestaciones imprevisibles, que pondrían  a prueba la solidez misma del Estado. Si tal fuese el caso seguramente no se haría esperar, desde el único otro  ángulo vital del  país con capacidad para  reequilibrar todo y restituir el orden, que  deba imponerse un PRONUNCIAMIENTO MILITAR, al que solo  los demasiados escépticos no dan crédito.

Tal escepticismo sobre el papel  de las FFAA,  para imaginarles jugando a fondo su papel de garante de la institucionalidad del Estado, viene dada por el peso muerto de todos estos años  en los cuales esas FFAA no solo fueron  un sostén fundamental  del régimen, sino que sus líderes jugaron a compartir la ideología de pacotilla enfeudada al castrismo… y es esto lo que hay  que  desentrañar más,  porque el que lo vea escuetamente así, corre el riesgo de estar gravemente equivocado,  si no conserva la hipótesis  que  una mayoría de ellos  pueden contar y constituir una  poderosa reserva,  para recuperar su naturaleza fundacional  y con ella la organicidad del Estado moderno venezolano.

Una conclusión  simplista,  para quienes anuncian un papel protagónico muy transitorio de los militares,  sería imaginar que solo les toca poner orden contra y luego de ese estallido social,  pero para organizar elecciones de inmediato  y  que se haga evidente que se no se necesita la presencia militar  en la escena política. Esa es la trillada visión de los políticos tradicionales.

En realidad si tal fuese el cálculo, nada garantiza menos que salgan bien parados los uniformados,  si debieran asumir solo el costo del descalabro y de los pasivos  en materia de “derechos humanos” que tal hipótesis lleva implícita para las FFAA en la calle, como lo fue el 28 de febrero de 1989 y los propios golpes del 1992.

De manera que si es irreversible el protagonismo  de las FFAA, en la superación de un trauma institucional que ya existe,  bajo la  forma de un gobierno a la deriva,  “dirigiendo” un país  directo hacia el abismo,  lo lógico es pensar que deben estarse preparando,  como institución,  para asumir el papel de conducción de una viraje de fondo en la conducción del Estado,  amenazado de disolución.

En esa óptica estamos hablando es de una  presencia prolongada de las FFAA en el rediseño del Estado y  la economía venezolana.

Y lo que quizá entonces no están viendo  los analistas superficiales, obcecados por la polarización política ambiental heredada, es que  sin detenerse  a  responder  a  la desconfianza innata del sector político opositor contra las FFAA —y sobre todo  de los factores  portadores  de la gangrena  institucional, como el gobierno y la presencia castrista cubana que estos pilletes auspician— está en marcha en las FFAA ese proceso de regeneración de  sus fibras institucionales, aislando, desde los ascensos del mes de Junio y el relevo de los mandos de guarniciones etc,  a los factores del propio entorno  gubernamental que llevaban de hecho al escenario de un estallido interno de  las FFAA.

No se cómo llamar ese proceso, pero  hay rectificaciones muy importantes inspiradas desde los propios  mandos militares y nada tienen que ver con las directrices cubanas y del gobierno que se ha limitado a tragar entero, o verse suspendidos  en el aire.

Para decirlo más directo, difícilmente podía pensarse que los militares podían poner orden en el Estado en desorden, si antes no superaban su propio desastre.

Por estas razones ea un disparate para  las FFAA meterse de inmediato a resolver el caos institucional  heredado del régimen de Chávez donde descuella  esta sucesión de “elegidos” ilegítimos y fraudulentos,  lo que seguramente implicaba un nivel de riesgos por encima del máximo tolerable, sobre todo  sabiendo que la presencia cubana dejada por Chávez,  minó y desnaturalizó a las FFAA  amenazándola incluso  hasta en sus posibilidades de sobrevivencia  como institución fundamental de resguardo  del a soberanía.

Intuyo que  hay mucha gente, haciendo denodados esfuerzos para poner orden en nuestras FFAA,  al margen  de la cabroneria habitual de Maduro y otros,  ante  los amos cubanos. Esa es la clave. Eso  es lo que  permite ver que no se quedarán allí,  porque si  al régimen se le permitiera  seguir enfeudado al castrismo,  terminaría por hacer devolver todo, mediante corruptelas y manipulaciones,  apenas tenga la fuerza para  intentarlo.

Difícilmente en esas FFAA dejadas por Chávez, llena de espías y mandones cubiches podía esperarse otra cosa distinta, entre diciembre 2012  y julio de este año, a vivir bajo el signo, no solo de la incertidumbre institucional, sino en concreto bajo  un clima de zozobra  lleno de soplones y manipuladores de  todo tipo.

Un ejemplo de lo que digo es que sujetos  como el irrepetible Mario Silva,  declarado agente de los Castro, era  un gestor  de no pocas intrigas del poder  prostituido de segmentos incrustados en la cima misma de las FFAA.  Recuérdese  el complot de  alto vuelo delatado por este espía bocón, en torno a un supuesto plan de golpe militar del Ministro de  Defensa Molero contra Maduro,  que según Silva propalaba el entorno de Cilia Flores, “que es la que gobierna” según él.

¿Era acaso un “mensaje a García” auspiciando un plan de golpe cubano contra  la deriva madurista, que no se alineaba tan rápido  como querían los Castro, hasta el nivel de abyección?

¿La clave de todo esto  no es acaso que Maduro le fue imposible  seguir  siendo, como hubiera querido, un alcahuete de la ocupación cubana y en algo o mucho fue obligado a aminorar su papel de simple secuaz del Comité Central del Partido Comunista de Cuba?  ¿Y en este tema crucial como califica y actúa Diosdado después de sus viajes de  informes ante los amos de La Habana?

Aunque le suene surrealista a muchos, la primera y gran discusión  sobre el poder en Venezuela, después de muerte Chávez,  es  ponderar en cual nivel se actúa  o no como agente del régimen totalitario que nos chulea y sojuzga, y aunque no lo crean,  los segmentos de las FFAA que quieren a los cubanos fuera de juego han ganado un terreno muy importante,  al punto que  un desenlace contra ellos, para sacarles del país, sería menos dramático hoy que hace  6 meses.

¿No será que  el resumen de toda  esta comedia de enredos es que Maduro ni sabe para dónde va, confundiendo panes con penes,  oyendo pajaritos y  durmiendo al lado de la tumbadel “eterno”,  para escuchar susurros nocturnos, mientras Diosdado  copa TODO el gobierno?
Porque es un hecho demasiado sabido que es Diosdado  el que ha inducido las muy tímidas y  ya inútiles maniobritas de aperturas económicas,  a las que tapa con una desmedida diatriba “ultrosa”,  contra esos  victimizados, pero cómplices del PJ,  que siguen al pie de la letra el calendario, me imagino que a cambio de concesiones, ahora por lo menos  hasta fin de año,  como sostén del régimen basado en el CNE chavista.

Lo cierto es que este régimen agónico le pertenece a Diosdado  y  Maduro y aunque parezca insólito también de Capriles, el presidente electo, devenido en lastimero implorante de veredictos judiciales suecos, en este país de jurisprudencia ugandesa, que cambió su liderazgo nacional por el lastimoso papel de puchinbol  político y moral del malandraje rojo?

¿Podemos acaso mantener  la fe en que este país tenga algún destino y que  efectivamente  están  armándose en los subterráneos de las FFAA  los reajustes institucionales y cambios de régimen,  para que en meses se hagan irreversiblemente  necesarios, impuestos por un inevitable PRONUNCIAMIENTO MILITAR?

Yo creo que ya es hora de dejar de tomar en cuenta a  los charlatanes de  todo pelaje que escriben y parlotean, creyendo que esto se arregla con un nuevo  festín electoral de diciembre y sembrando expectativas de viabilidad de este régimen en las últimas boqueadas de ahogado.

¿Sera verdad que viene una vaina? …Muchos  me dicen que sí,  y  yo no tengo razones para ser escéptico.