Emilio Nouel V.: Estadísticas y caradurismo

El caradurismo de algunos gobernantes no cesa de asombrar a los ciudadanos de a pie de todas las latitudes, particularmente en nuestro patio latinoamericano. Ya no se trata sólo de las consabidas mentiras, usuales, por lo demás, en todo político que se precie de tal.

Lo que estamos viendo supera con creces lo conocido.

En la Venezuela del chavismo-madurismo, por ejemplo, se ha llegado, además, a extremos risibles. Ya nadie se come los cuentos, incluso los más estrambóticos. Sin embargo, los “cerebros” del G2 bolivariano siguen con sus montajes chambones sobre magnicidios fantasiosos. Nadie se inmuta ante ellos, y el ridículo que hacen, es la materia prima ideal para un sin número de chistes. Los guasones están gozando un puyero.

Ciertamente, los despliegues de “creatividad” discursiva y argumental a que han llegado algunos no tienen parangón, sobre todo en el manejo de las estadísticas macroeconómicas. En Latinoamérica somos campeones en la materia. La desvergüenza alcanza cotas insospechadas. No tienen un mínimo pudor a la hora de hacer apreciaciones retorcidas sobre hechos que están a la vista de todos; como si la inclemente realidad no golpeará con toda su contundencia a quien la observa o padece.

Ahí están las cifras maquilladas sobre la economía, que dan algunos gobiernos, entre los cuales, el nuestro, cuyos números hasta los organismos internacionales se los han tragado. Recientemente el presidente del BCV nos hablaba de un crecimiento de la economía venezolana en este año, que los entendidos no saben cómo fue que lo midieron porque no se corresponde con los hechos.

No hay duda que los apetitos desmedidos por mantenerse en el poder a toda costa llevan a estos gobiernos a echar mano de todo tipo de mentiras. El célebre demagogo de la Grecia antigua, Cleón de Atenas, queda como un niño de pecho al lado de estos especímenes del populismo salvaje del siglo XXI.

Lo lastimoso es que aún haya mucha gente desprevenida que sigue cayendo en sus argumentaciones engañosas y creyendo en sus falsedades.

En estos días leímos unas declaraciones insólitas de la señora Kirchner, por cierto, recientemente vapuleada en unas elecciones primarias, que lucen como el preludio del fin de la era que se inició con su difunto marido.

CFK, que es así como resumen su nombre y apellidos en los medios, afirmó en un evento con las fuerzas vivas de Argentina: “Estamos mejor que Canadá y Australia” y de seguidas pregunta con desfachatez asombrosa: ¿Por qué nadie pone en discusión la solvencia fiscal de esos países?”  

Y el colmo de los colmos, su Ministra de Economía, para no quedarse atrás, agregó que su país está mejor que EEUU y Europa.

De arrancada, uno se ve compelido a releer la noticia, no vaya a ser que los ojos nos hayan jugado una mala pasada, no en vano los años han transcurrido. Pero no. La noticia es cierta. CFK, en efecto, dijo lo que dijo. En apoyo a su aserto, menciona unas cifras macroeconómicas, que analizadas a fondo, no tienen la entidad para soportar el exabrupto declarado.

Sin entrarle a la comparación de cifras estadísticas presentadas por CFK, basta observar la situación real de los países mencionados para constatar el gran disparate proferido.

¡Cómo se parecen los gobiernos argentino y venezolano en el uso de las mentiras y de las estadísticas!

Estos casos me hacen recordar al viejo Churchill. Razón mucha tenía cuando se refería a las estadísticas, frente a las cuales era muy escéptico. Llegó a decir que ellas sirven como el poste de luz a un borracho, más de apoyo que de iluminación, y remataba que sólo creía en aquellas que él podía adulterar.

Definitivamente, en las estadísticas de gobiernos caraduras no se puede creer.

 

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV