La imbatible “Angie” impone su ley y ejerce su poderío global

La imbatible “Angie” impone su ley y ejerce su poderío global

La canciller Angela Merkel batió hoy en las urnas a Peer Steinbrück, el tercer rival socialdemócrata que se cruzó en el camino de esta líder atípica que ejerce su poderío global sin dejar de ser una “Angie” cercana a su electorado alemán.

Steinbrück cayó derrotado frente a la líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU), tal como le ocurrió en 2009 al aspirante a la Cancillería, Franz-Walter Steinmeier, o en 2005 al entonces jefe del Gobierno alemán, Gerhard Schröder.

Es la tercera victoria en la lucha por la Cancillería de esta política de 59 años, a la que desde su llegada al poder han tratado de descodificar biógrafos y analistas de todo el mundo, en busca de definiciones para una líder con un estilo propio de imponerse.





En la campaña por la reelección recuperó su aura de “Mutti” -“mamá”-, la mujer que, sin hijos propios, adoptó a todo un país, incluidos aquellos que no se comportan según sus normas de conducta, para protegerlos o reñirles, según convenga.

A escala mundial se la respeta y teme como la encarnación de una austeridad que atenaza a los socios de la zona euro, mientras que su electorado la valora como un ejemplo de política inmune a los males que afectan a otros líderes -escándalos de corrupción o de otra índole-.

Es la perseverancia, la discreción y la sangre fría, que la llevó al poder tras imponerse por un punto -35,2 % frente a 34,2%- al animal político que era Schröder, pero que ya antes había asestado varios golpes a rivales teóricamente superiores de sus propias filas.

Una de las fechas clave de su trayectoria fue el 22 de diciembre de 1999, cuando llamó a la CDU a “emanciparse” del patriarca del partido y su mentor personal, Helmut Kohl.

Merkel era entonces secretaria general de la CDU, formación que había quedado apeada del poder un año atrás y que estaba hundida en un escándalo de financiación irregular en la llamada “era Kohl”.

Con esa llamada a pasar página, Merkel se convirtió poco después en presidenta de la CDU, aprovechando que ninguno de los “barones” de la formación luchó por asumir sus riendas en horas bajas y que el exdelfín de Kohl, Wolfgang Schäuble, estaba salpicado por el escándalo.

Fue el momento clave para una “muchacha del este”, como la apodó Kohl, de ojos melancólicos y sonrisa picarona, cuya carrera hasta el liderazgo de la potencia europea escapa a los tópicos.

Nada en su biografía parecía predestinarla en esa dirección: Angela Dorothea Kassner, el nombre con el que vino al mundo en 1954, en Hamburgo, creció en la República Democrática Alemana (RDA), en una de cuyas parroquias servía su padre, pastor protestante, y fue una escolar aplicada, sin llegar a despuntar.

Estudió entre Leipzig y Berlín, lejos de la parroquia de pueblo de su padre, y se casó con 23 años con el compañero de estudios del que aún conserva el apellido, Ulrich Merkel.

Cinco años después se divorció y empezó su segunda gran apuesta sentimental: conoció a Joachim Sauer, entonces casado con otra mujer y con dos hijos, que se convirtió en el “consejero” de su tesis doctoral en Física y, años después, en su esposo.

No estuvo entre los cientos de miles de germano-orientales que el 9 de noviembre de 1989 celebraron entre lágrimas y cervezas la caída del Muro de Berlín, sino que se enteró de la noticia al salir de su sauna semanal y se retiró a casa porque tenía que madrugar.

Había sido secretaria de propaganda de las Juventudes Alemanas (FDJ), o juventudes comunistas de la RDA, pero antes ya de la caída del Muro contactó con grupos de la oposición disidente al régimen.

En febrero de 1990 ingresó en la CDU y Kohl la convirtió un año después en ministra de la Mujer y la Juventud, en 1991, necesitado de llenar su cantera con jóvenes talentos de la extinta RDA.

Escaló posiciones, llegó a la secretaria general y luego a la presidencia de la CDU. Pero incluso en esa posición encajó algunos golpes, como la designación del bávaro Edmund Stoiber como candidato a arrebatar la Cancillería a Schröder, en 2002.

Stoiber fracasó y tres años después Merkel escribió por partida doble una página de la historia, al convertirse en la primer mujer y primer político crecido en el Este en la Cancillería alemana.

Si hasta entonces ninguno de sus rivales, internos o de las filas contrarias, la había apartado de su rumbo, a partir de ahí amplificó su dominio a escala internacional. EFE