La Venezuela chiquita llamada condominio

A las 2:00 de la madrugada suena el teléfono de la presidenta de la junta de condominio. Le reclaman porque los muchachos, incluido el nieto de ella, tienen un bochinche en la planta baja, que los gritos y la música no lo dejan dormir a los demás, que  ponga un “parao”.  eltiempo.com.ve / Yamilet Herrera Dudamel

(foto eltiempo.com.ve)

La mañana siguiente alguien la aborda en el pasillo y  sin darle  los buenos días se queja de que la basura está acumulada. Cuando se dirige a la cartelera a publicar la lista de morosos se lleva otro “chaparrón” de quien, en lugar de avergonzarse y ponerse al día, le echa en cara que esté poniendo su nombre en rojo.

En otro conjunto residencial, una señora protesta que le tengan ojeriza a sus dos hijos, acusados, en reiteradas oportunidades de causar daños a los carros del estacionamiento al jugar pelota.

No todo es turbio. Una anciana  propietaria de un apartamento  debió ser operada y sus vecinos se turnaron para atenderla, en una muestra de lo que puede lograrse cuando hay  solidaridad.

Así transcurre la vida en edificios, calificados por Elías Santana, director de la Escuela de Ciudadanos de Caracas y coordinador general de Mi Condominio, como “una Venezuela chiquita” con sus muchos problemas de servicios, la intolerancia de buena parte de sus miembros y la poca disposición a conciliar. “Creemos en un cambio desde los espacios cercanos y cotidianos. No creemos estar condenados a que vivir en comunidad sea un infierno”, señaló al fundar esa organización dedicada a promover la convivencia pacífica.

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