Federico A. Black: Falta de voluntad

La situación económica de Venezuela, lejos de ver luces para mejorar se consigue cada vez más con sombras y trabas en el camino puestas por quienes son los únicos responsables de cualquier acierto, así como de todo fracaso en la materia.

La economía venezolana, para nada depende hoy día del sector privado, que cada vez se ven más mermadas sus operaciones en el país, por un sin fin de factores que absolutamente todos dependen del gobierno nacional, que es quien a fin de cuentas se empeñó desde un principio en imponer controles en cada rubro productivo.

Los venezolanos hoy más que nunca estamos sufriendo los embates de vivir en un estado radicalmente paternalista, que para ganar voluntades populares ha incrementado con el tiempo el gasto público a niveles nunca antes vistos, pero sin medir que las líneas de ingresos por producción y las del gasto cada vez se iban acercando, hasta que se cruzaron y ahora los indicadores del gasto público superó al de producción, colocando al Ejecutivo Nacional en serios aprietos. Como se diría en argot popular “con el agua hasta el cuello”.

Hay una cuenta que pocos venezolanos sacan, pero que son sumamente importantes por varias aristas.

Siempre se nos ha vendido que Venezuela es una potencia en materia energética por la producción de petróleo y sus derivados, al igual que la energía eléctrica que exportábamos a Colombia y Brasil, pero la realidad actual es todo lo contrario. Ahora seguimos siendo exportadores de petróleo, pero cada vez producimos menos y las obligaciones para con otros países son cada vez mayores y Venezuela sabe que no se puede retrasar en los pagos de deudas o convenios, porque de eso es que depende la liquidez financiera del país (y que es muy incierta hoy).

Desde el año 1989 el precio de la gasolina en Venezuela no ha sufrido cambio alguno en su precio, pero todo lo que tiene que ver para su producción ha aumentado en proporciones gigantescas (salarios, inflación, materia de infraestructura, etc.) dejando en una subvención ridícula del estado hacia la gasolina como derivado golpeándonos más y más en el bolsillo, sin contar que la producción no es suficiente para el consumo interno, pero como acá hay un estigma respecto a no tocar la gasolina hemos llegado al nivel de importar a precios internacionales para venderla internamente al ridículo precio de 0,014 centavos de dólar (a tasa oficial) cada litro de gasolina de 95 octanos, pero es litro nos cuesta 0,70 centavos de dólar, con una perdida de 0,73 cents por litro. Calculen, que estamos importando un promedio de 90.000 barriles diarios y cada uno contiene 135 litros.

Como no todo puede ser crítica, me voy a atrever a darle algunas ideas al gobierno (sin descubrir el agua tibia) para anotarse algunos éxitos en materia económica y así mejorar nuestra calidad de vida y solo necesitará ver hacia Colombia (y aunque le de urticaria) cuando gobernó Alvaro Uribe.

Uribe recibió una Colombia hundida en una violencia desbocada con enfrentamientos entre grupos armados (FARC, ELN, AUC, etc.) que tenían dominado al los gobiernos anteriores al de Uribe Vélez con una herencia terrorista de Pablo Escobar.

El hecho es, que el expresidentes Uribe logró dar valor al sistema de justicia colombiano para que empezara a administrar justicia hacia los terroristas que tenían al hermano país en la quiebra, pues no había capital extranjero que se atreviera a invertir ni medio en Colombia (se venían a Venezuela), hasta que se empezó a cerrar los caminos a los grupos armados, arrinconándolos cada vez más, logrando suprimir el la inseguridad como primer problema de los colombianos.

Ya no era la seguridad, sino el desempleo (y así se mantiene hoy) la principal problemática de la nación neogranadina, a lo que Alvaro Uribe le salió al paso entendiendo que es el capital privado quien genera empleo y con ellos, bines, servicios y riqueza. A quienes invirtieran en Colombia, en base al número de puestos de trabajo que generaran se les otorgaba unos beneficios tributarios que llegaban incluso a niveles de decretar zona franca. Colombia entendió que era preferible tener a 1.000.000 de ciudadanos insertos en la economía formal, con salarios dignos y pagando sus impuestos personales, a 10.000 empresas pagando altas tasas de impositivas.

Con esto, el gobierno delegó al sector privado la producción de bienes y servicios y con ello logrando tener tiempo, dinero y energía para atender asuntos macro que repercutieran en calidad de vida para los habitantes. La economía creció tanto, que quienes invirtieron en dólares (hicieron un gran negocio por el diferencial cambiario) piden al estado revisar el valor del peso (que se ha revaluado importantemente) porque su capital invertido no vale tanto, aun cuando las ganancias registradas si son de considerable peso.

Como ven, no es una ciencia oculta y si Colombia con los serios problemas que tenía, los pudo superar ¿por qué a Venezuela se le dificulta tanto? Es simple. No hay voluntad.

Federico A. Black

@FedericoBlackB