José Vicente Carrasquero: Revolución autoderrotada

Siempre he sido cuidadoso a la hora de evaluar la situación del país. Eso obliga al uso correcto de los conceptos políticos que ayudan a explicar, en mi opinión, el dramático momento que estamos viviendo los venezolanos.

Tengo que comenzar por decir que estamos viviendo lo que muchos habíamos anticipado con bastante antelación. El derrumbe de un esquema de gobierno personalista en el cual no hubo el mejor tino para escoger al sucesor. No es una cuestión de profecía autocumplida. Desde hace mucho tiempo, incluso antes de que asumiera el poder, se dijo que el modelo propuesto por Hugo Chávez estaba condenado al fracaso. Y para esto no había que ser adivino. Ningún modelo parecido ha tenido éxito en la historia de la humanidad.

He ahí que nos encontramos en una situación inédita en el caso venezolano. Estamos en medio de la más severa crisis económica de la historia pero, a diferencia de las anteriores, el precio del petróleo está en niveles muy altos. Esta situación está aderezada con un componente de descomposición social muy preocupante. Éste se expresa en términos de una altísima criminalidad y la presencia evidente de grupos irregulares que controlando los mercados de la droga, el secuestro y las armas han puesto de rodilla a los organismos del estado.

Nos encontramos, sin duda alguna, en una situación de ingobernabilidad como no se ha vivido en los últimos cincuenta años. El gobierno está sobrepasado por la inflación y la escasez. La camisa de fuerza ideológica y la cercanía de las elecciones municipales tienen paralizado el proceso de toma de decisiones. Prefieren ver como se deteriora la capacidad adquisitiva del venezolano antes de tomar las acciones pertinentes para corregir los desastres que la política del ignorante Jorge Giordani ha procurado.

Hablar de la situación del crimen necesitaría un trabajo aparte. La presencia de los militares en las calles no ha logrado ponerle coto a un flagelo que mina la soberanía de un estado que se ve sitiado por hampones que actúan a sus anchas sin que medie autoridad que pueda someterlos. La droga ha tomado el país como camino de tráfico hacia otras naciones. Su capacidad de corromper es infinita. Su posibilidad de armarse y hacerse de un ejército informal ya se pone en evidencia.

La infraestructura del país se cae a pedazos. Un incapaz El Troudi se deshace en explicaciones y culpas que buscan escurrir el bulto de la responsabilidad que tiene en todo lo que está pasando. La generación y distribución de energía eléctrica es un monstruo que no pueden controlar. Y todo esto pasa por poner a los menos capacitados a cumplir tareas para las cuales carecen de la experticia necesaria.

La ingobernabilidad se evidencia en la falta de capacidad de los gobernantes para resolver los problemas más acuciantes y urgentes de los venezolanos. El trabajo del gobierno se va en crear agendas fantasmas según las cuales unos enemigos sin rostro le están dando una pela en una supuesta guerra económica que el gobierno está evidentemente perdiendo.

La verdad es que estamos hablando de una autoderrota. Este sistema que se llamó a si mismo revolución ha llevado al país a una condición mucho peor que la que encontró en 1998. Y este lamentable momento es producto de unas acciones que terminaron causando bajas del lado del gobierno. Es así como la credibilidad de esta administración está por el piso.

Los ministros incapaces fueron nombrados por este gobierno continuado desde 1999. Las acciones que han tomado han sido perjudiciales para los venezolanos desde el punto de vista social. Tenemos la peor calidad de vida del continente. Giordani tiene la desvergüenza de aparecer ante las cámaras siendo responsable de al menos 6 devaluaciones del signo monetario. Los ministros todavía tienen la cachaza de culpar a los gobiernos anteriores. Toman al venezolano por estúpido.

El enemigo está dentro del gobierno. Es su visión anacrónica acompañada de la más supina de las ignorancias que se puedan encontrar las que provocan todo este estado de cosas. La derrota de la revolución viene del accionar de sus propias filas.

Lo más triste de todo esto es que no hay propósito de enmienda. En su fanatismo hay quienes que creen que lo están haciendo bien. La realidad dice lo contrario. La calle se manifiesta a diario en demostraciones de todo tipo. La ingobernabilidad se ha desatado. Las masas claman por soluciones. El gobierno no las tiene. La revolución se autoderrotó.

@botellazo