El nuevo aeropuerto de Berlín se ha convertido en una pesadilla

El nuevo aeropuerto de Berlín, que deberá reemplazar a los dos que funcionan actualmente y mejorar las conexiones transatlánticas de la capital alemana, se ha convertido en una de las obras inconclusas más discutidas de Europa y continúa sin fecha de apertura a la vista.

La última reunión de su consejo de administración, celebrada esta pasada semana, no ha arrojado luz sobre el futuro de las instalaciones, cuyo mantenimiento cuesta al erario público 35 millones de euros mensuales, aunque no se espera que puedan estar operativas antes de 2015.

El aeropuerto Willy Brandt -o Berlín Brandeburgo (BER)- empezó a construirse en 2006 y era uno de los proyectos estrella del alcalde gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, y del primer ministro del estado federado de Brandeburgo, Mathias Platzek.

En 2010 se descartó ya la fecha prevista inicialmente para la apertura -noviembre de 2011- y se fijó un nuevo calendario: el BER comenzaría a funcionar el 3 de junio de 2012.

Todo parecía preparado, se organizaba la fiesta de inauguración e incluso las compañías aéreas habían vendido billetes de aviones que aterrizarían en sus pistas, pero un día antes se conoció la noticia, que cayó como un jarro de agua fría, de que la apertura tenía que ser aplazada indefinidamente.

La razón principal era que se había detectado que la terminal no cumplía con las normas de protección contra incendios, además de otros problemas técnicos que tenían que ser resueltos.

Al desastre de planificación se agregó el hecho de que Wowereit, que estaba al frente del consejo de administración, fue informado de los problemas en el último momento, cuando sólo quedaba cancelar de manera precipitada la apertura.

Suspender la inauguración obligó, además, a dar marcha atrás a los planes de un cierre inmediato de los aeropuertos de Tegel y Schönefeld, ya preparados.

La cadena de despropósitos es objeto de una comisión de investigación en Berlín y, según publican hoy los medios locales, sus miembros tienen desde ayer nuevos documentos en sus manos.

La policía ha registrado las oficinas que tiene en Berlín y Hamburgo el estudio del arquitecto que planificó en un primer momento las obras, Meinhdard von Gerkan, y ha hallado documentos que atestiguan que ya desde el inicio se sabía que los plazos establecidos eran imposibles de cumplir.

Tras la suspensión de la inauguración el año pasado, se fijaron nuevas fechas de apertura que también han tenido que ser aplazadas.

La última era este mes de octubre, pero en enero quedó claro que las obras no habrían concluido para entonces, lo que le costó el puesto al gerente del proyecto, Rainer Schwarz.

En marzo, Hartmut Mehdorn, expresidente de Air Berlín y de Deutsche Bahn, reemplazó a Schwarz como uno de los posibles salvadores de lo que había dejado de ser un sueño para convertirse en pesadilla.

En agosto del año anterior los administradores del proyecto habían depositado sus esperanzas en otro fichaje, Horst Amman, contratado como director de la parte técnica, pero el tándem con Mehdorn no ha funcionado.

Amann optó por enumerar los problemas por resolver y llegó a citar 60.000 carencias que debían ser subsanadas, lo que retrasaba la posibilidad de una apertura.

Mehdorn le acusó de buscar sólo problemas y no soluciones y su opinión terminó por imponerse esta pasada semana, cuando el consejo de administración del BER decidió apartar a Amann de su cargo.

Además de los gobiernos de Berlín y Brandeburgo, participa en el proyecto el Ejecutivo alemán, representado por el Ministerio de Transportes, pero su papel ha sido más bien discreto.

El coste de las obras, fijado inicialmente en 2.400 millones de euros, podría superar los 5.000 millones, según cálculos de los medios de comunicación alemanes. EFE