Soy venezolano, soy vivo, soy corrupto

El Ministerio Público venezolano parece tener mucho trabajo estos días, ya desde hace varias semanas vienen presentándose casos y más casos de corrupción.

Pablo Hernández / RNW

Todo parece indicar que la justicia venezolana está haciendo su trabajo. Sin embargo, la polarización que nos consume no nos deja observar con mayor detenimiento si este “trabajo” es realizado en su totalidad, a medias, o no se está haciendo.

Las críticas politiqueras de nosotros mismos, los ciudadanos venezolanos, nos mantienen dormidos en los laureles y parecemos incapaces de realizar una verdadera contraloría social.

La viveza criolla
Probablemente tenemos una fama mundial por lo que en Venezuela llamamos “ser vivos”. Hace poco asistí a una feria de libros y escuché por un momento cómo una madre regañaba a su hijo por no aceptar un libro que le estaban regalando, y con una voz de mamá le decía: “Hijo tienes que ser más vivo, si te están regalando un libro, acéptalo”.

Este “ser vivos” podemos especular que es uno de los problemas de Salud Mental Pública del país, y no es por ser rancios pero si somos una sociedad deberíamos comportarnos como tal. Si nos sumergimos un poco en nuestros comportamientos, la presión ejercida por todo un cúmulo de personas para que seamos “vivos” es algo que limita la convivencia, y nos dibuja un escenario donde se establece la “ley del más fuerte” o en nuestro caso, “la ley del más vivo”.

Todo esto se encuentra vinculado a nuestros comportamientos y razonamientos en “sociedad”, alimentamos el ego de “ser más vivos que los demás” y caemos en una trampa que entre otras consecuencias nos hace corruptos a casi todos.

¿Cuántos revisamos cada día el precio del dólar paralelo?, ¿cuántos de nosotros y nosotras no hemos pensado al menos en hacer un “buen negocio” con los dólares del cupo dispuesto por Cadivi? Y así siguen surgiendo preguntas en sus distintos niveles: ¿Cuántos sobornamos a policías para que no nos multen o no se lleven el vehículo por alguna irregularidad? ¿Cuántos de estos policías aceptan e incluso impulsan un soborno de parte del ciudadano?

Todo esto debido a nuestra incrédula “viveza”. Miles de “micro” casos de corrupción en los cuales somos participes a diario, cómplices o por lo menos, testigos silenciosos. Es tanta nuestra determinación e incluso orgullo por “ser vivos”, que algo “simple” como comerse la roja de un semáforo, se vuelve algo totalmente cotidiano y “normal”.

La idea de vivir en una sociedad “civilizada” es justamente llevar una buena convivencia con las demás personas, con tu entorno y, en síntesis, el “ser vivo” e intentar pasar por encima de los demás nos hace menos humanos.

Los pasos para despedir a la corrupción
Aparentemente, se están dando pasos positivos en cuanto a la lucha contra la corrupción. Tan solo en los últimos tres días se han presentado detenciones y órdenes de aprehensión a varios “corruptos”, un número importante de estos vinculados al gobierno (ex funcionarios).

Cerrando la semana, fueron detenidas cinco personas vinculadas a casos de estafa a la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), por medio de solicitudes falsas de dólares hechas a ese ente. Pero estas detenciones son solo el inicio, hay al menos 31 expedientes abiertos sobre hechos ilícitos.

También el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, informó que fue dictada la orden de aprehensión contra el ciudadano Miguel Ángel Rojas, quien hasta hace poco fungía como Presidente del Fondo Nacional de Transporte Urbano (Fontur), por un presunto caso de corrupción.

En otro proceso, fue detenida la gerente de fidecomiso del Banco de Venezuela, Francelina Granados, acusada de homicidio y de estafar a la entidad bancaria en la que trabajaba, con al menos 600.000.000 bolívares, a través de empresas fantasmas a nombre de su esposo, Felipe Baldomir.

También fueron aprehendidos tres empleados del Banco Bicentenario acusados de desviación y apropiación de fondos públicos destinados a dos consejos comunales del estado Delta Amacuro.

Estos casos son pasos en el camino que estamos intentando construir los venezolanos para poder deshacernos de la corrupción pero, si no cambiamos las cosas simples como esperar el verde del semáforo, el país no cambiará.

Se trata de salir del meollo político que no nos deja nada de bueno a nuestra nación, salir de la polarización y la “viveza” para poder observarlos desde afuera y razonar como seres humanos que somos, como venezolanos que seguiremos siendo.