Historias de heroísmo tras el tifón Haiyan en Filipinas

EFE

El joven británico que arriesgó su vida para salvar a otros o el asalto a un helicóptero con ayuda son algunas de las historias de heroísmo y pillaje ocurridas estos días desde que el tifón Haiyan asoló Filipinas el pasado viernes.EFE

El día que el tifón ingresó en la región central del archipiélago con vientos de hasta 315 kilómetros por hora, el coronel Fermin Carangan se encontraba en una oficina de las Fuerzas Aéreas de Filipinas cerca del aeropuerto de Tacloban, en la isla de Leyte.

Caragan y sus compañeros estaban en alerta roja, pero no previeron que una crecida del mar arrancara el habitáculo donde se encontraban y lo succionara hacia el mar, donde quedaron a la deriva.

“Las olas nos golpeaban, olas muy grandes desde todas direcciones. También nos empujaban remolinos de viento”, relató el coronel, según su testimonio recogido en el portal de noticias “Rappler”.

Carangan observó cómo sus compañeros eran arrastrados por la corriente del mar y él, sin nada a dónde agarrarse, flotó a la deriva durante seis horas hasta que vio a Miguel, un niño de 7 años aferrado a una rama de cocotero.

El militar contó que ambos consiguieron agarrarse a un madero y confesó que, mientras daba ánimos al niño para que aguantara y no se durmiera, consiguió él mismo conservar la esperanza: “Ya me encontraba cansado. Y también Miguel. Sólo tenía 7 años. Demasiado joven para morir, pensé”.

Pasadas unas horas, lograron salvarse al ser rescatados frente a las costas de Samar, a varios muchos kilómetros de Tacloban.

En mitad de la furia del tifón, Jonathan Fitzpatrick, un ingeniero británico, salió de su refugio en un hotel en Ormoc (Leyte) y arriesgó su vida para ayudar a otras víctimas a resguardarse de los vientos huracanados.

“No fue un héroe, sólo hizo caso a su instinto. En su opinión, él no ha hecho nada heroico, sino algo normal… Los verdaderos héroes son esas personas ahí fuera afrontando el desastre, buscando atención, comida y agua”, dijo su madre a la televisión británica.

Bea Joy Sagalis (“Bea Alegría Sagalis”) tuvo un nacimiento “milagroso” después de la catástrofe en la isla de Leyte, donde el instinto de supervivencia hizo que su madre, la filipina Emily Sagalis, resistiera los embates del tifón, que se llevó a once miembros de su familia, incluidos dos hijas.

Los gritos de júbilo de los médicos que la asistieron apagaron durante unos momentos los gemidos de los heridos y los que habían perdido a sus seres queridos en la catástrofe.

Hasta la fecha, las autoridades hablan de 2.275 muertos, 3.300 heridos y casi 7 millones de afectados, así como la desolación de poblaciones enteras en la isla de Leyte, donde la destrucción dificulta la llegada de ayuda.

La desesperación de muchos ha recibido la solidaridad de personas como el fraile Edgar Abusejo, quien se montó en su motocicleta y ahora recorre la provincia de Samar, una de las más afectadas, recogiendo ayuda para los damnificados.

En la vecina isla de Cebú, la familia Roska se movilizó a las pocas horas del desastre e iniciaron una campaña en Facebook con la que recaudaron en cuatro días unos 2.200 (1.700 euros) en dinero y artículos de primera necesidad.

Sin apenas dormir, repartieron la ayuda entre los afectados por el tifón y esperan poder entregar más ayuda en los próximos días.

Por otra parte, la desolación del tifón también ha provocado el pillaje de tiendas de manos de víctimas desesperadas por alimentos o agua y también por grupos criminales que han aprovechado el caos que reina en al región.

Este miércoles, las Fuerzas de Seguridad filipinas intercambiaron disparos con un grupo de hombre armados, todavía no identificados, para dispersar el saqueo de un almacén de comida, agua y otros suministros básicos en el distrito de Abucay, parte de Tacloban.

No es el único incidente, dos rebeldes comunistas del Nueve Ejército Popular (NEP) murieron un día antes cuando, junto con un grupo fuertemente armado, atacaron en la isla de Luzón un helicóptero con ayuda humanitaria para los afectados por el tifón.

El hambre empujó a una turba de supervivientes a asaltar un almacén de comida en Leyte, lo que provocó que se derrumbara un muro, que mató aplastadas a ocho personas.

Las gasolineras de la región, otro de los bienes escasos y necesarios para organizar el reparto de la ayuda, son custodiadas por decenas de militares y miembros de seguridad armados, que, aún así, han tenido problemas en alguna ocasión para contener a la población. EFE