Vicente Díaz: Por las razones que quieras, pero…

El voto en elecciones un ejemplo de juego suma cero. Cada voto consignado a favor de un candidato anula el valor del voto consignado a favor de su principal contendor. Gana quien tenga menos votos neutralizados por los votos de su contendiente. Por eso al no votar también se vota, pero por el contrario. La ausencia de los votantes de una opción incrementa los votos netos de su contrincante. Tu voto sirve para que el otro no gane.

Pero hay casos donde está de anteojito que una opción va a arrasar, de modo que un voto más o menos no hace mayor peso, piensan algunos. Puede ser que no haga diferencia en los resultados pero la hace frente al poder. La paz es el respeto al derecho ajeno, como sabiamente afirmó Benito Juárez; pero para que eso sea cierto el “ajeno” tiene que dar señales de vida, de que existe. El voto es una forma de decirle al poder existimos, respeta nuestro derecho: esa es la garantía de paz.

El voto también es un seguro. Es un seguro contra la culpa, contra el insomnio, contra la mala conciencia de que ese voto no consignado pudo marcar la diferencia. En las elecciones regionales pasadas hubo candidatos que perdieron por cuatro votos. Cinco personas cargan sobre su espalda la responsabilidad de una derrota. Si el ganador hace una buena gestión se alivia un poco la culpa.

Pero si es un verdadero desastre se potencia el insomnio y las miradas acusadoras de amigos y familiares que te reprochan con un silencio atronador.

El voto también es un mensaje, es una voz, es una forma de cantarle al mundo como me siento, como te sientes, como se siente una ciudad, un municipio, un país. Una elección es un censo del espíritu, del estado de ánimo. Si me siento bien con lo que vivo mi mensaje legítimo es que todo siga igual, que no quiero cambio, que por eso voto por quien gobierne. Si no me siento bien, si creo que es posible tener un país, ciudad o municipio mejor y diferente, entonces tengo el chance legítimo de decirle al mundo que esto va mal usando el voto como mensaje, protestando con el voto.

El voto también sirve para obligar a los políticos a entenderse y buscar acuerdos serios y razonables. Al votar se dificultan las hegemonías y las aplanadoras. En el 2010, a diferencia de la AN surgida de la abstención del 2005, emergió una AN plural del voto masivo donde, por ejemplo, no se ha podido nombrar al nuevo CNE porque nadie tiene la mayoría necesaria para imponerlo. Están obligados a hacer lo que hacen todos los parlamentos del planeta (menos en el de Cuba) sentarse a negociar entre fuerzas opuestas para llegar a un acuerdo.

Finalmente hay electores de un sector político que tal vez tengan dudas de si votar por temor a “que le roben el voto”. Eso no es posible. No hay manera. Voto consignado voto escrupulosamente contabilizado. Eso lo señalan inclusive los propios dirigentes de ese sector político. Su impugnación señala que los votos no se pueden alterar, robar o cambiar; su señalamiento es a lo que denominaron voto forzado y usurpación de identidad. Sin entrar por razones de espacio en consideraciones sobre la pertinencia de esos señalamientos, solo te digo elector que si tú estás leyendo este artículo sabes que a ti nadie te puede forzar a votar por quien no quieres. Y sobre la usurpación, podría decirte que el sistema detecta a esos delincuentes y le da al CNE la posibilidad de procesarlos a posteriori, pero no te voy a decir eso. Solo te diré que en el momento en que votas anulas la posibilidad de que algún delincuente electoral pueda usar tu casilla del cuaderno para usurpar tu voto.

Vota por las razones que quieras, por la opción que quieras.

¡Pero vota!

@vicentedz