Ignacio Gainzaraín: Papa Francisco, necesitamos un Concilio sobre lo electoral

Estimado Papa,

Lo electoral marca, para bien o para mal, el futuro inmediato de las sociedades. Si bien el crecimiento de la población tienta a las sociedades a usar las máquinas, tenemos que allí donde más ha avanzado la tecnología se evita su presencia en el acto más importante de las democracias. Y como cita, no queda otra que la del propio Bill Gates: “Yo diría dos cosas acerca de esta cuestión. Es el último sitio donde usar tecnología. Necesitamos una comprensión donde la gente conozca el camino desde sus derechos. Con el tiempo, más enfoques serán conservadores con el uso de la tecnología“(http://www.elmundo.es/especiales/2004/11/foro/billgates/index.html).

Le escribo desde un espacio en el que crece un nuevo modelo de dominación, una especie de síndrome del prisionero electoral, un síndrome que bien pudiéramos llamar el “Síndrome de Caracas“.

Hoy más que nunca, requerimos de un minuto de atención del principal Líder religioso de occidente, que además proviene de este continente, y que vemos que está iniciando una nueva era en la Santa Sede.

El próximo domingo, 8 de diciembre, se celebrará una elección más en Venezuela.

En nuestro país se instaló una dinámica electoral, centrada en hacer complejo lo sencillo, en hacer oscuro lo que era transparente, y lo más grave, en hacer que el pueblo, a la hora de elegir, dependa de unos pocos políticos, burócratas y tecnocrátas.

Algo tan simple como contar todas las papeletas de todas las urnas electorales, o como verificar quien es quien en un Registro Electoral, ha sido sustituido por un protocolo técnico en el que el pueblo no cuenta, simplemente porque no puede participar con sus saberes.

En la Venezuela de hoy, no se cuentan la mitad de las papeletas, y el Poder Electoral sabe antes del cierre de las mesas, cuales no serán revisadas. Es como si el dueño de un casino, supiera cuáles cartas tienen los jugadores.

Pichones de dictadores junto con mercenarios de la tecnocracia mundial, y al mejor estilo de los mercaderes del templo, han convertido la fiesta de la democracia en un acto de subordinación de los ciudadanos a un “grupito” que maneja las máquinas que definirán los ganadores.

Querido Papa, “el sistema” ha llegado al descaro de obligar a los electores, justo antes de pisar el botón de votar, a tener que poner su huella dactilar, en un aparato electrónico bautizado por el pueblo como “cazahuella”. Eso es algo así como las tarjetas que las autoridades obligaban portar a los indios y negros en la Sudáfrica donde nacieron los liderazgos de Gandhi y Mandela.

No contentos con tan moderna y sugestiva coacción, tenemos que el cuarenta por ciento (40%) de los nuevos centros electorales están diseñados para que sea casi imposible la presencia efectiva de los partidos y movimientos no alineados con el Partido de Gobierno.

Y para rematar, en cada centro electoral hay una computadora en la que un funcionario público registra la cédula de identidad de cada elector antes de ingresar al centro, y ese dato es transmitido inmediatamente a una sala situacional del “Poder Electoral”, con lo cual este ente público conoce en tiempo real la tendencia de la elección, por el sencillo hecho de que comparan bases de datos de beneficiarios de programas sociales con firmantes del revocatorio del año 2004 (Listas de Tascón y Maisanta).

En pocas palabras, en Venezuela el pueblo dejó de ser sujeto protagónico del proceso electoral, para pasar a ser objeto de una presión injusta del Estado, en complicidad con los actores que allí participan.

Querido Papa, así como es fundamental para la Iglesia de Cristo Redentor, estar cada día más cerca de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, es trascendental para Latinoamérica ponerle un freno a un proceso de dominación de nuevo cuño.

Este modelo de dominación estrenado por jóvenes militares que juraron en el Samán de Güere, está esparciéndose en la región. Colombia está a punto de estrenar un sistema electrónico de votación. La reelección indefinida está en la agenda de varios países vecinos. Ambos elementos constituyen un cocktail mortal para la gobernabilidad democrática.

Pero a este cuadro, querido Papa, hay algo muy preocupante que agregar: altos voceros de la Iglesia están llamando a votar y a confiar en este sistema electoral electrónico que ha excluido en forma planificada la participación protagónica del pueblo en la organización y realización del acto electoral.

Esta semana (03 de diciembre), el Arzobispado de Caracas emitió un comunicado en el que señaló: “votar es una seria obligación moral”, y “recordemos una vez más que el voto es secreto”. Ello ha sido reforzado además, por algunos sacerdotes de su propia orden religiosa, que han asumido participar en la “veeduría electoral”, y desde ella han comunicado que el sistema electoral electrónico es, en esencia, bueno.

Querido Papa, esto es grave. Resulta temerario  asegurar que el voto es secreto, cuando la persona que vota es identificada con su huella dactilar justo antes de pisar el botón de su elección.

Esta aseveración de la jerarquía eclesial coloca una vez más a la población sin un referente a la altura de esta crisis moral, política y social.

A los venezolanos que no comulgamos con la prédica del Gobierno  Militar, los políticos de la “alternativa” nos prometen que estamos mucho más cerca de un cambio. Y ésa, también es una falsa promesa.

Querido Papa, imaginemos que un profeta de la antigüedad le pidiera a su pueblo que caminara hacia la tierra prometida, y les dijera que cada día que pase, estarán a la mitad de la distancia de su ansiada meta. Al principio, la cara de los fieles se irá alegrando cada vez más, porque a las pocas semanas la meta estará cada vez más visible, cada vez más palpable. Pero pasando los meses y años, con la tierra prometida casi en sus manos, descubren que no lograrán pisarla jamás. ¿Cómo podría bautizarse a un profeta que lleva a su pueblo rumbo a la desesperanza?

Hoy, de la mano de dirigentes políticos que no dicen la verdad, el pueblo noble y pacífico de Venezuela sigue caminando de elección en elección, para nunca ganar. Y ello, sencillamente porque un sistema electoral electrónico como el venezolano, en el apogeo de la gélida oscuridad de la sala que totaliza los “esfuerzos”, puede perfectamente ajustar los votos, como en la paradoja antes descrita, para dejar siempre la sensación del juego empatado que se define en el último instante, por una “suerte de ironía” del destino.

En el caso de nuestro sistema electoral electrónico, se están violando al menos dos de los 10 mandamientos: “no robarás” y “no dirás falso testimonio contra tu prójimo ni mentirás”. Pero también se afecta otro mandamiento fundamental: “no matarás”.  Porque cuando se lleva a un pueblo a un camino sin fin, se entierran las esperanzas de sus futuras generaciones.

Querido Papa, desde la posición que tiene usted en el mundo contemporáneo y en la Iglesia en particular, y cara a los retos que se avecinan en América Latina, le pregunto: ¿será posible que usted convoque un Concilio Ecuménico  para el estudio de este gran problema que se cierne sobre la región? ¿Será posible que ese encuentro fije la posición de la Iglesia en torno al papel de las tecnologías en la autodeterminación de los pueblos, y en la vida misma de la sociedad?

Es probable que todavía estemos a tiempo de que elSíndrome de Caracas no se extienda por la región.

Anexo:

ELECCIONES VENEZOLANAS AUTÉNTICAS: Una exigencia impostergable.

http://declaraciondecaracas.blogspot.com/2013/01/elecciones-venezolanas-autenticas-una.html