La nueva venezolanidad: ¿Depredadores preconvencionales?

EFE/Referencial

¿Cómo somos los venezolanos en la actualidad? ¿Cuáles son nuestros rasgos más llamativos o definitorios? Me lo pregunto porque nuestra fisonomía o identidad colectiva parece haber cambiado de modo acelerado y drástico en los últimos tiempos. Antes nos vanagloriábamos de ser indoblegables amantes de la libertad, así como generosos, hospitalarios y solidarios por excelencia. Pero hoy por hoy nuestro retrato parece ser bastante distinto. Al menos así se desprende de lo que podemos leer en la prensa.

Maritza Montero, por ejemplo, toda una autoridad en la materia, decía hace poco que “los venezolanos nos hemos vuelto pedigüeños”. Mientras que Alberto Barrera Tyszka, en uno de sus punzantes artículos, contrastaba el mito de que somos guerreros y “cuatriboleados”, con la callada resignación de las colas para comprar papel higiénico.

En verdad, parece que seguimos siendo belicosos, pero ya no en defensa de la libertad, sino de recompensas mucho más prosaicas. Lo digo basándome en titulares surtidos. Descartemos los numerosos reportajes relacionados con el “Mocho” Edwin, acribillando a sus rivales, ya rendidos, para luego arrancarles el corazón y los ojos, entre otras cosas.

Digamos que como “pran” al fin, no es del todo representativo. Digamos que es un psicópata, o hasta un simple nostálgico de los aztecas. Pero de todos modos cabría preguntarse por qué algunas jóvenes de barrio consideran un honor parirle a un malandro.

Consideremos entonces las noticias sobre la gandola saqueada en Caracas, en la transitada autopista Francisco Fajardo, a plena luz del día, después de un accidente de tránsito. En ese caso no está del todo claro si el desafortunado transportista estaba ya muerto o aún agonizaba, cuando los saqueadores ?motorizados, vecinos, conductores? le pasaron por encima para apoderarse del cargamento de carne. Según una versión, por cierto, el conductor se hallaba atrapado en su asiento, y fue el peso de los saqueadores sobre la deformada cabina el que terminó de ocasionarle la muerte, por asfixia. O si se prefiere, consideremos el caso de la mujer que en el estado Aragua le provocó un aborto a su hermana, que llevaba seis meses de gestación, con una patada al vientre, mientras peleaban por un paquete de harina pan… ¡Qué lejos estamos de aquel decir, según el cual todos nacíamos con una arepa debajo del brazo!

Tal vez me esté engañando a mí mismo, pero creo que nosotros no éramos así. Por supuesto, no pretendo decir que no queden personas decentes entre nosotros; pero es claro que no es lo que abunda o destaca.

Por otra parte, es verdad que la mal llamada “viveza” siempre fue uno de nuestros defectos; pero lo que estamos presenciando ahora, en infinidad de circunstancias como las mencionadas, de ninguna manera puede ser considerada una forma de viveza. Aunque no sé si decir que es bestialidad, pura y simple; o decir, aunque suene paradójico, que es un culto, la consolidación de toda una cultura en la que el salvajismo y la crueldad son los valores supremos.

¿Pero de dónde salieron estos nuevos venezolanos y venezolanas? ¿Qué nos pasó? ¿Cómo fue que nos convertimos en hienas humanas, constantemente al acecho? Seguramente las respuestas son múltiples y complejas; difíciles de reducir a una sola variable o momento. Más propias de la historia que de una disciplina o teoría en particular.

Pero puestos a destacar factores, como solemos hacer en las ciencias sociales, yo mencionaría en primerísimo lugar el hecho de que Hugo Chávez solía demostrar mucha más empatía, condescendencia y voluntad de diálogo frente a los malandros ?por ejemplo frente a los “pranes” de La Planta, alzados en armas?, que ante cualquier otro sector o institución del país, llámese este oposición, universidad, iglesia o empresarios. Tal vez deberíamos, entonces, actualizar de nuevo nuestro escudo, sustituyendo el manoseado caballo blanco por ese cardumen de pirañas en moto, que la admirada Rayma ha dibujado.

Como quiera que sea, en mi modesta opinión, este trágico viraje moral, no sólo hacia la ley del más fuerte, como en el nivel “preconvencional” o más rudimentario del pensamiento moral, sino hacia un nivel aún más bajo, hacia la ley del más cruel, vicioso y despiadado, ése y no otro, es el verdadero y principal “legado del Comandante”.

Por Levy Farías/ Los Quince Mandamientos