Astrónomos descubren un planeta a punto de ser devorado

Investigadores del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) han descubierto un planeta moribundo situado a unos 3.200 años luz de la Tierra. Este mundo, bautizado como Kepler-91 b, orbita tan cerca de su estrella, la gigante roja KOI-2133, que tarda poco más de seis días en dar una vuelta a su alrededor. Su cercanía lo aboca a un destino irremediablemente trágico, ya que acabará siendo engullido por su compañera. El festín galáctico ocurrirá en un plazo inferior a 55 millones de años, un período muy reducido a escalas astronómicas. abc.es

El hallazgo, realizado a partir de las observaciones llevadas a cabo por el Centro Astronómico Hispano-Alemán en Calar Alto (Almería) y los datos de la sonda Kepler de la NASA, no fue sencillo. La confirmación de su existencia se consiguió a partir de la detección de la deformación de la superficie de la estrella, que tiene 6,3 veces el radio del Sol, por las fuerzas de marea ejercidas por el paso del planeta. Hasta la fecha solo quince mundos han sido detectados con este método, ya que, según explican los investigadores , hacen falta unas determinadas condiciones muy específicas que pocas veces se producen para poder aplicarlo. Además, el caso de Kepler-91 b es muy particular.

Un sol rojo y gigante en el cielo

Este planeta gigante gaseoso, que tiene 1,38 veces el radio de Júpiter y 0,88 veces su masa, es un auténtico infierno. Su atmósfera parece inflada, probablemente debido a la intensa radiación estelar. Está situado tan cerca de su estrella que tarda solo 6,24 días en darle la vuelta, cuando la Tierra necesita 365 para hacer lo mismo alrededor del Sol. Se trata del planeta más cercano a una gigante roja conocida, «lo que lo convierte en el primer candidato en ser engullido por su estrella», explican desde el Centro de Astrobiología. Esto sucederá en menos de 55 millones de años. Puede parecer mucho, pero si se tienen en cuenta las escalas astronómicas, es solo un suspiro.

El paisaje de Kepler-91 b es de ciencia ficción. Si en la Tierra, el Sol o la Luna ocupan en la bóveda celeste un 0,0005%, esta estrella se queda con el 8% de la del planeta. Una inmensa bola roja reina en el cielo y la luminosidad es extraordinaria. Además, una parte de la cara nocturna del planeta está iluminada, un fenómeno parecido al del sol de medianoche en los polos de la Tierra, pero que en este extraño mundo puede ocurrir en cualquier parte. En el ecuador del planeta, el día dura casi el doble que la noche, y en cualquier otra región, aún más.