Hollywood no le cree a la Mujer Maravilla

Hollywood no le cree a la Mujer Maravilla

Aunque ya se anuncia que está en camino de producirse su película para la pantalla grande, el machismo de la industria del cine parece jugarle una mala pasada.

Frank Bruni, NYtimes

Quizá porque tengo siete sobrinas cuyos sueños me importan, quizá porque tengo muchas amigas cuyos talentos me asombran, o quizá solo porque pienso que es una locura no alentar y reconocer el potencial pleno de la mitad de la raza humana, yo sigo buscando en el cine algo mejor. Algo más equitativo. Mujeres que salven al mundo, que le salven la vida al presidente o, por lo menos, que se salven a sí mismas.





De vez en cuando veo cumplido mi deseo. Este año, de hecho, ocurrió varias veces. La astronauta que lucha por su sobrevivencia en “Gravity”, el tipo de película cargada de efectos especiales y que generalmente rebosa de testosterona, fue interpretada por Sandra Bullock. Y en “The Hunger Games: Catching Fire”, Jennifer Lawrence regresa en su papel de Katniss Everdeen, la estoica y determinada arquera de quien depende nada más y nada menos que la esperanza de un mañana digno de ser vivido. Las dos películas recogieron carretadas de dinero, lo que demuestra que el público no tiene ningún problema, de ningún tipo, para aceptar que una mujer indique el camino.

Pero más o menos al mismo tiempo que saboreaba este feliz giro, leí otras noticias, no tan felices. La Mujer Maravilla finalmente va en camino de la pantalla grande pero, ¡ay!, no en su propio vehículo. Está programada para ser un apéndice de Supermán y Batman en la segunda parte de “Man of Steel”. Hasta donde sé, ella andará muy apurada en la cafetería para llevarles su café con leche para después pasar a la tintorería a recoger las capas. Mientras tanto, los productores ya están rascando el fondo del barril de súper héroes en busca de semidioses que poner en primer plano y en el título. Precisamente la semana pasada, la revista de la farándula, Variety, reveló que Paul Rudd está en pláticas para interpretar al Hombre Hormiga. Sí, leyó bien: el Hombre Hormiga, después del Avispón Verde y del Hombre Araña. Quizá la Mujer Maravilla necesita ser insecto para ingresar en las Ligas Mayores. Quizá necesitaría actuar como las mantis.

Desde hace años se ha hablado, ansiado, tramado y saboteado la película de la Mujer Maravilla. El director y escritor Joss Whedon hizo un intento fallido después de haber hecho “Buffy the Vampire Slayer” en la televisión y de haber puesto a Scarlett Johansson en “The Avengers”. A estas alturas, ya no es tanto un proyecto inconcluso sino una pulla continua, una metáfora de la terca brecha de género que existe en las grandes películas de acción que rigen la taquilla; una prueba de que las cosas cambian para seguir iguales, al menos en Hollywood cuya política, superficialmente progresista, esconde un instinto comercial abrumadoramente conservador.

Pero Hollywood va a la zaga. Mary Barra llega a la cima de General Motors. Hillary Clinton domina el debate de la contienda presidencial de 2016. Diana Nyad cruza el canal entre Cuba y Cayo Hueso infestado de tiburones. El lazo dorado de la Mujer Maravilla acumula polvo en un cajón, mientras ella espera una película que pueda llamar suya.

“Ha estado en desarrollo desde el pleistoceno”, comentó la productora Lynda Obst durante un desayuno la semana pasada. No se puede escribir acerca de mujeres en el cine sin hablar con Obst. Varias de sus películas, como “Contact” y “The Siege” ponen los reflectores en sólidos personajes femeninos. En su libro recién publicado, “Sleepless in Hollywood: Tales from the New Abnormal in the Movie Business”, hace algunas observaciones incisivas sobre el sexismo en la industria cinematográfica. Y es tan aguda como una aguja. No, más aguda.

Ella observó de inmediato que en otro gran éxito de este año, “The Heat”, con Bullock como el agente principal de la FBI y Melissa McCarthy como la policía profana, vemos a actrices en un género y en papeles que suelen reservarse para actores. Empero, la industria se niega a creer que no está jugando con fuego al hacerlo así y sistemáticamente desdeña el factor femenino.

Con “The Heat”, señaló Obst, “la directiva de mercadotecnia claramente fue que era una coincidencia que hubiera vaginas en la película. Ah, ¿había vaginas? No me di cuenta.” Esto, como les dije, fue en un desayuno a media mañana. La hora feliz con Obst ha de ser de una alegría inimaginable.

Tampoco se puede escribir sobre las mujeres en el cine y no tener una plática con la actriz Geena Davis. Hace poco más de cinco años, después de haber notado la escasez de personajes femeninos en las películas que veía su hija joven, ella fundó el Instituto Geena Davis de Género en los Medios y empezó a patrocinar investigaciones sobre las imágenes que Hollywood presenta y las que no presenta.