Emilio Figueredo: ¿Qué diálogo?

Ahora en nuestro país los golpistas de los años noventa quieren prescindir de la fachada democrática para mantenerse disfrutando de las mieles del poder con la excusa de que la revolución es la única verdad que el pueblo merece

Es obvio que para que haya diálogo entre dos partes se requiere prescindir de los monólogos. Pero ¿cómo puede pretender el régimen establecer ese mecanismo normal de la vida política civilizada cuando lo que quiere es sumisión incondicional de la otra parte a su particular visión política, si es que se la puede llamar así, al Plan Patria?.

Creer como pareciera entenderlo Diosdado Cabello que democracia es la imposición de una mayoría circunstancial al resto del país es una aberración típica de lo que mal se denominó en el siglo XX democracias populares.

La historia está llena de cadáveres y de violaciones a los derechos humanos fundamentales que fueron el producto de esas democracias populares, basta ver cuanta destrucción, miseria, y muertes produjeron los regímenes de la URSS, China, Vietnam, Camboya y más cerca de nosotros Cuba.

No se debe confundir el uso de una ideología con lo que es la realidad . En los gobiernos de Stalin, Mao, Fidel, Kim il Sung, Pol Pot, no fue la ideología la razón de ser sino la desmedida ambición de poder por los que coparon la escena política excluyente de esos gobiernos. El tiempo y la historia se ocuparon de desmitificar esa realidad salvo en los anacrónicos regímenes imperantes en Corea del Norte y Cuba.

Ahora en nuestro país los golpistas de los años noventa quieren prescindir de la fachada democrática para mantenerse disfrutando de las mieles del poder con la excusa de que la revolución es la única verdad que el pueblo merece. Pero lo que ignoran es que la mayoría de los venezolanos tienen bien arraigado en sus corazones el espíritu libertario que dio origen a esta nación