Pablo Aure: Universidad y política

La universidad, como todas las instituciones del país, está padeciendo los embates de un régimen nefasto y antidemocrático, que inescrupulosamente quiere ponerle la mano a todo aquello que tiene algo de valor, con una voracidad centralista y retrógrada como pocas dictaduras militaristas del pasado han exhibido.
Hoy he querido escribir sobre el tema: activismo político y la participación de los universitarios. Hay quienes ven con preocupación que los académicos nos involucremos demasiado en la actividad política extrauniversitaria pensando que pudiera eso acarrear distracción hacia los graves problemas que internamente viven nuestras casas de estudios. Pienso que es una concepción errada, pues precisamente desde las universidades, y con los universitarios, se puede contribuir a enrumbar al país por la senda del modernismo y la democracia.
Es más, estamos los universitarios llamados más que ninguno a involucrarnos en el quehacer de la política, porque por antonomasia somos buscadores de la verdad y de los valores trascendentales del hombre. El artículo dos de nuestra Ley de Universidades dice: “Las universidades son instituciones al servicio de la Nación y a ellas corresponde colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales”. Ser universitarios y permanecer aislados de los problemas nacionales sería la mayor demostración de insensibilidad y de traición a nuestra esencia académica.
Gerencia universitaria y activismo político
Así que el activismo político no solo que no es incompatible con la vida universitaria, sino que le es consustancial. Apartarnos del debate político y alejarnos de las comunidades cual élite poblacional sí nos va debilitando, que es lo que en el fondo quieren los enemigos de la universidad. Hemos permitido que ignaros, sin principios ni valores, se hayan apoderado del gobierno central y de las instituciones fundamentales del Estado, entregando, de paso, nuestra soberanía a otro país.
Y hay algo peor, cuando escuchamos a muchos universitarios que les preguntan sobre un asunto de interés nacional, por ejemplo: ¿qué le parece lo que está sucediendo con el sistema político venezolano, la confiscación de ciertas instituciones o la entrega a Cuba de nuestros recursos? contestan con cierta distancia: “soy académico, no soy político” ¿Qué nos está pasando? Cuidado con caer en el juego que interesa al gobierno: los académicos jamás podemos ser ajenos a los problemas nacionales, por el contrario, ya lo hemos dicho: debemos involucrarnos cada vez más con nuestras ideas, para tratar de que con nuestros aportes podamos corregir el rumbo que llevamos. No hay que descartar que el régimen quiera poner en circulación una especie según la cual la vida académica y los problemas sociales y políticos del país están divorciados. No falta quienes por cobardía y aprovechamiento igualmente desde adentro de las universidades coadyuven a ello. Pero seguro fracasarán.
Esa no es ni ha sido la universidad venezolana. La Ley de Universidades en su artículo primero dice que la universidad “es fundamentalmente una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre” ¿Cuáles son esos valores? Valores son virtudes que transforman al hombre en ciudadano. ¿Cómo puede haber un universitario divorciado de la ciudadanía? Libertad, igualdad y fraternidad fueron los tres principios que inspiraron la Revolución Francesa. Esos principios hoy están más vigentes que nunca.
Ante esta situación tan grave que vivimos los venezolanos, quienes de alguna manera estamos involucrados con la gerencia universitaria, no podemos pasar agachados, mirando hacia otro lado, cuando nuestro deber es luchar por un mejor país. Si no defendemos o luchamos por nuestra Venezuela, mañana no tendremos universidades ni nada qué defender. Es más, veo egoísta preocuparnos solo por nuestros sueldos o nuestras reivindicaciones personales y cerrar los ojos ante el cuadro dantesco que dibuja el porvenir político venezolano. El país está al borde de un colapso, se hunde cada día más, y los universitarios no seremos como los músicos del Titanic.
Elecciones universitarias
Un tema que no podemos eludir es el relacionado a las elecciones universitarias, las cuales están suspendidas por orden del Tribunal Supremo de Justicia. En efecto, en todas las instituciones universitarias que eligen democráticamente a sus autoridades, se ha vencido el período de gestión. Ninguna autoridad puede estar alegre ocupando ese interregno. Pero la Ley le impone permanecer en el cargo hasta tanto no sea sustituido por otra autoridad elegida democráticamente. Así las cosas, como Secretario de la Universidad de Carabobo debo manifestar mi inconformidad por la tan arbitraria suspensión de las elecciones en nuestra casa de estudios. Y lo que es peor, queriéndosenos imponer por vía de reglamentos una manera de elegir contraria a la Ley de Universidades vigente, frente a lo cual, muchos, por ignorancia, cobardía, populismo o demagogia han hecho mutis.
Mientras continuemos en el ejercicio del cargo, seguiremos cumpliendo con nuestro deber universitario y académico, pero también con el país, involucrándonos fervientemente en la sana política, porque no hay otra manera de detener el despotismo. No es incompatible universidad y lucha. Al contrario, como contrapeso al atraso que la bota militar significa, la Academia debe hacer acto de presencia. Los invito leer las biografías de José María Vargas y de Miguel José Sanz, académicos que hicieron grandes aportes para construir la democracia en Venezuela.
Perdamos el miedo al miedo
Muchas veces hemos nadado contra la corriente. Quizás, el 1° de enero, cuando recibí un mensaje del ingeniero Ricardo Rivero (expresidente de la Cámara Petrolera y de la Cámara de Comercio de Valencia) me sentí reconfortado. Ricardo en su nota citó al papa Francisco, cuando dijo: “No tengáis miedo de ir contracorriente cuando nos quieren robar la esperanza, cuando nos proponen estos valores que están viciados… Estos valores nos hacen daño. ¡Debemos ir contracorriente! Y vosotros jóvenes -(y tú y yo lo somos)-, sed los primeros: id a contracorriente y tened esa fuerza de ir contracorriente.
¡Adelante, sed valientes y andad a contracorriente! ¡Y estad orgullosos de hacerlo!”. Me dijo Ricardo Rivero: “Pienso que hay mucha falta de coherencia y hasta contradicción entre estas palabras de Francisco; aleccionadoras, animosas, combativas, y los hechos que tú y yo vemos diariamente como expresión de la dirigencia, de los líderes, del comportamiento de muchos. Nos están robando -a ti, a mí, a todos- la esperanza de ver crecer a los nietos, de gozarlos, de acariciarlos cuando nos plazca, de tener la felicidad de llamar a nuestros hijos y decirles: ven, te espero esta tarde.
No creo que ningún padre y abuelo se alegre cuando los hijos se ven en la necesidad de irse… Y no te nombro lo de Simonovis. Maduro reacciona como lo que es. Pero tú y yo tenemos que ponernos de acuerdo en el objetivo: que haya libertad, democracia, paz, para que el país sea un medio para el crecimiento y desarrollo de todos. Dejar el cómo a cada quien, pero dejar de jugar -perdóname mi falta de respeto- al sálvese quien pueda porque al final ni tú ni yo -nadie- nos salvaremos. ¿Esto se consigue con diálogo? No lo creo.
Estamos ante un régimen comunista.
Y tú y yo tenemos que convencernos de que no entregarán. Y no te lo digo yo, léete el “Plan de la Patria”. Allí está el cómo para ellos. Aquí habrá diálogo cuando tú y yo les obliguemos a ello. Si no nos mueve el futuro de nuestros hijos y nietos en un país libre y democrático, no sé qué nos puede mover. Por 15 años hemos estando buscando excusas y adjetivos, soslayando y creyendo que… pero ya es el momento, como dijo la alcaldesa de Guasdualito, de que “perdamos miedo al miedo”
Mejor no pude sentirme interpretado. Por eso dije reconfortado. Dios bendiga al pueblo venezolano e ilumine el camino que hemos de seguir.
@pabloaure