Recordando la trayectoria deportiva de María Elena Giusti

Pocos atletas han brillado como María Elena Giusti. Desde el momento sublime en que participó en las Olimpíadas se convirtió en un símbolo de la perseverancia y en una especie de tesoro nacional que nos llenó de orgullo y sobre todo que imprime esperanzas en los nuevos atletas.

El hermoso movimiento de sus brazos y piernas formando figuras sobre el agua cristalina la hizo acreedora de la honrosa posición número trece en las olimpíadas Seúl – Corea 88, y superó su propia marca al obtener el noveno lugar en Barcelona 92.

María Elena, se inició a los trece años en la Escuela Bella Vista con el entrenador Paco Gutiérrez: “Un día me di cuenta de que disfrutaba demasiado el nado y tomé la difícil decisión de irme a Estados Unidos para prepararme profesionalmente”. Quizás entonces no lo hubiera creído, si alguien le dijera que años más tarde, sería miembro del Salón de la Fama de la Natación Venezolana, y menos aún que en las Olimpíadas de Atlanta 96 la elegirían para llevar la bandera de Venezuela en el recorrido de la antorcha olímpica: “Creo que ese fue el momento más emotivo de mi carrera, ya que fue un premio que me dio mi país”. Quién más apropiado que María Elena Giusti para recibir ese honor.

Cada paso fue un reconocimiento por sus innumerables victorias, por engrandecer el nombre de Venezuela en lugares remotos como Australia, Italia, Alemania, Suiza, Cuba y Rusia. A pesar de que ya se retiró de las competencias, la misión de María Elena Giusti como atleta no ha concluido pues, los que hoy son sus alumnos en el polideportivo y en la Escuela Bella Vista, tienen la fortuna de tener como mentora a la mujer más destacada en la disciplina de nado sincronizado en toda la historia deportiva del país.

Fuente: Perfiles / Cristina Wilhelm.