Se cose en las manos retratos de personas importantes en su vida

Compone los retratos a partir de modestas fotografías familiares o de carné y reconstruye los rostros con hilo de varios colores.

La superficie es la palma de la mano, pero eso no hace que el artista escatime en detalles al dar las puntadas necesarias para personalizar al ser querido. Cuando quita los hijos, queda sobre la piel una constelación de diminutas heridas y piel.

David Catá, compone en A flor de piel “un diario autobiográfico” reproduciendo los rostros de quienes “han marcado” su vida. En los veinte retratos que ya ha realizado para el proyecto —en constante ampliación— incluye a familiares, a su pareja, a profesores y amigos.

Coser sobre la piel es para el artista una metáfora de la huella permanente que dejan quienes influyen en nuestra vida y a la vez una reflexión sobre el paso del tiempo y “la forma de dilatar el proceso de olvido”.

Catá interpreta el pasado como un conjunto de recuerdos valiosos que ayudan a mantener la claridad en una era de “avances tecnológicos” y “bombardeos de información, no sólo de noticias actuales, sino también de publicidad y consumo”.

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