Orlando Viera-Blanco: La generación Cadivi

Nicolás Maduro Moros, al estilo HCHF, compareció al hemiciclo de la AN. Por espacio de 4 horas en CN, dice haber rendido cuentas al país. Dos lustros estuvo Cadivi con nosotros (creada en 2003) “administrando” 31.000 M$-año o más de 300.000 M$ a la zafra, monto casi equivalente a lo que ingresó en Venezuela en 40 años de democracia (1958-1998). ¿No queda otra cosa qué decir?, ¿dónde están los reales?

Fortunas se han edificado a la saga de la “ingeniería policial” exigida por Cadivi. Historias surrealistas y aberrantes de cómo se las ingeniaron muchos para burlar controles y obtener divisas a la usanza, que no correspondían ni al valor ni al contenido de lo declarado. Cuántos productos no fueron camuflados en otras partidas para recibir el beneficio diferencial; cuánta mercadería no fue sobrefacturada, alterada o simplemente no llegó a puerto. Un bacanal que ha sido denunciado por el propio gobierno (Khan & corp.) y de lo cual no solo se aprovecharon sistemáticamente sus afectos, sino toda una sociedad de cómplices, roja y azul, lo que desdice mucho de nuestra probidad y capital social. Las consecuencias previsibles del control de cambio, peor que sus predecesores, la OTAC y Recadi (bebés de pecho), repitió la receta de malversación salvaje, tráfico de influencias y exacerbación de la cultura del vivo, acompañado de especulación, escasez e inflación, que ahora pretende purgarse con decretos presidenciales con rango de cárcel. Queda claro que estos sistemas con inmensa potestad de privilegiar tasas oficiales con brechas paralelas abismales (incontenibles), no pueden culminar en otra dinámica que conspiración, corrupción y saqueo. Sin embargo el Gobierno ha dicho, yo no fui, fueron ustedes, los especuladores y el imperio, como si el padre de la criatura tonta, fue el lechero.

Ahí van los resultados. Más de 10.000/M$ en remesas al exterior en el decenio, de las cuales una gran parte se fueron en envíos de trabajadores domésticos, que repatriaban estas divisas para revenderlas en el mercado paralelo… En tarjetas de crédito se rasparon (literalmente) 11M$ diario o 30M$/mes o 2.700M$-año, para un total de 30.000 millones de dólares en 10 años. De esta historia surge toda una leyenda de falsos viajeros y manipulación de plásticos, bien ejecutados por impúberes, que hoy exhiben lujosas propiedades en el imperio y van de Ferrari, Porche, Gucci y Ferragamo… A las líneas áreas les han adjudicado un promedio de 5M$/día o 1.300 M$/año, para un total de 12.000M$ desde la creación de Cadivi, lo cual devino en una clara distorsión de costes de transporte aéreo brutal. Por eso desde México hasta la Patagonia, volaban usuarios, ejecutivos o turistas de todas las nacionalidades -vía Caracas- para reemprender destinos. Cómo no hacerlo si un boleto en primera -world wide- que normalmente cuesta 20.000/US$, terminaba costando 2.000/US$ o diez veces menos…Y qué decir del cavideo de importaciones, que amén de los mencionados sobrecargos, hizo más rentable traer vacas de Brasil o Nicaragua que comprar ganado en Venezuela a puerta de fundo; importar café, arroz o maíz en un país tradicionalmente productor de granos; comprar pollos de Uruguay, flores de Ecuador, sorgo de Argentina, papas de Honduras, peroles de todo tipo al imperio; armamento a placer de Bielorrusia, Rusia o España; y hasta pagar médicos de Cuba e ingenieros de China o Irán. Esa es la memoria y cuenta de Cadivi que Maduro omitió ante la AN. Ese es el país desbancado por una economía de puertos, hoy dependiente, hipotecado y saudita, que lo único que produjo fue una nueva élite o generación-Cadivi (de la cual no hay precedente desde los mantuanos hasta nuestros días), que tiene el lujo de sobrarle el papel toilet, el salmón o el caviar en sus jets privados, mientras “su pueblo” hace colas para no encontrar una bolsa de harina pan.

Mientras tanto a muchos de nuestros jóvenes no les fueron asignadas divisas para estudiar en el exterior. Muchos estudiantes han perdido su remesa (y su ilusión de una formación universitaria) y empresas honestas con muchos años de sacrificio, de inversión laboriosa y productiva en el país, han tenido que cerrar puertas por no tener dólares cómo importar su materia prima. Ya ni periódicos tendremos por inducción oficial… A la par de esta borrachera de dólares mal habidos, nuestros hospitales se han quedado sin insumos, sin equipos y sin médicos. Mientras unos beben whisky del bueno a rabiar con dólares fluidamente concedidos por Cadivi, no hay leche ni café en nuestros anaqueles. Mientras unos supieron “interpretar” cómo obtener esos verdes facilito, hasta equipar el último rincón de su Range Rover, otros sudaron con su carpeta bajo el brazo, llenando los tortuosos requisitos de Cadivi, para ver si se dignaban hacerles la concesión. Lo cumbre es que si nos la hacían, ¡le dábamos gracias a Dios, a la Divina Pastora y al mismo Chávez, por darnos Cadivi! ¡Veremos ahora a quién le prenderemos velas…!

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