Federico Black: Equilibrio justo

El 2014 ha sido un año políticamente particular. El llamado por parte del gobierno nacional a un dialogo de trabajo con los gobernadores y alcaldes del país, ha colocado en la boca del lobo tanto a los gobernantes regionales y locales como al propio ejecutivo nacional.

La primera reunión que se dio entre Nicolás Maduro y los burgomaestres opositores (porque lamentablemente el gobierno pecó separando las reuniones entre oficialistas y opositores) dio mucho de qué hablar entre críticas positivas y negativas.

El primer elemento que puso el ojo crítico en la reunión, desde el punto de vista negativo, era considerar que tal evento legitimó a Maduro como Presidente de la República, pero a mi juicio y entendimiento esa legitimación ya se había dado (quizá mas de derecho que de hecho) desde el momento en que no se reclamó con contundencia la elección del 14 de abril de 2013, no tanto por el resultado numérico de los votos, sino por la gran cantidad de irregularidades que se vivieron antes y durante el proceso electoral, que de por si debieron haber obligado no solo a un reconteo de votos, sino a la realización de una nueva elección en condiciones diferentes, sin tanta tecnología, que permitiera una verdadera transparencia electoral.

Una vez pasado el caso electoral, queda avanzar con el país y su vida cotidiana. Lamentablemente, estamos viviendo en una especie de jungla donde no impera la letra de la ley, sino la voluntad del delincuente carente de valores y principios. Una jungla donde la vida humana no tiene ningún valor aparente, en vista que apenas en el mes de enero del corriente año, solamente en Caracas se contabiliza un promedio de 15 muertes violentas al día y ello obliga a tomar acciones al respecto, apartando los corazones políticos y colocando el sentir humano por delante.

Si el gobierno nacional hace un llamado para trabajar en conjunto (ahora sin separar a la oposición del oficialismo) en pro de la búsqueda de soluciones y un trabajo coordinado para organizarse y, hacer frente a la desatada delincuencia violenta, considero que se debe aprovechar cualquier ventana que se abra para empezar a poner orden a la situación. No se trata, solo de ir a escuchar y asentir cada palabra que Maduro o el Ministro de Interior digan, sino de llevar propuestas y además sugerencias y peticiones para que tanto los estados y municipios logren beneficios  en equipamiento como en mejora de las condiciones para el desempeño del trabajo por la seguridad.

Esta situación, coloca a los gobernantes locales no alineados con el gobierno en una posición muy difícil e incómoda. Sus electores y seguidores en el territorio nacional, les demandan que mantenga la línea crítica ante el desastre del país que vivimos y que nadie puede ocultar. El sentarse con el gobierno, para nada debe suponer un posible silencio cómplice ante el desastre económico que vivimos (entre muchas otras cosas más), heredado de la época de Chávez y evidentemente mantenida por el séquito chavista que hoy lleva las riendas de la nación.

 

En lo personal, antes de asumir una posición de crítico destructivo inmediato, prefiero dar un voto de confianza a los gobernadores y alcaldes que asisten a las reuniones con el Ejecutivo Nacional, así como se lo dimos en las urnas para hacerlos nuestros gobernantes locales. Los elegimos, para que mejoren nuestra calidad de vida y quiero creer (sin caer en ingenuidad) que al compartir la mesa redonda, están haciendo su trabajo a un costo quizá de tener que tragar grueso por salir retratados con quienes han criticado durante muchos años y que su crítica en términos generales se mantiene viva.

Ese equilibrio del que hablo, no es fácil de mantener y el riesgo de caer desde la cuerda floja es muy alto, pero sí creo en la suficiente inteligencia que llevan (quizá no todos) a esas reuniones y que solo buscan aportar un grano de arena para buscar solucionar o al menos mejorar la seguridad en sus estados y municipios.

Ahora el país que antes estaba dividido en dos mitades prácticamente iguales, está compuesto por 4 grupos. Los oficialistas que aprueban las reuniones y quienes la condenan. Lo mismo ocurre del lado opositor, pero definitivamente nunca se podrá satisfacer a todo el mundo y siempre habrá alguien molesto. Si de daba el llamado por parte del gobierno y no se atendía, con toda seguridad estaríamos en la misma situación entre bravucones y amistosos. Somos inconformes por naturaleza.

Doy mi voto a favor del trabajo por el bien común, esperando que las mesas de trabajo den resultado y que de darse una situación, en la que el gobierno no cumpla su parte del compromiso será oportunamente anunciado y denunciado por quienes están ahí sentados.

Solo el tiempo podrá hablar y demostrar quien tiene o no la razón.

@FedericoBlackB