Ibsen Martínez: Kahneman: Cerebro rápido, cerebro lento

He aquí lo esencial de lo hallado por Daniel Kahneman, el sicólogo ganador del premio Nobel de economía en 2002: los humanos jugamos un juego que desconocemos y buena parte de nuestro pensar se lleva a cabo por debajo y muy lejos de eso que nos gusta llamar “niveles de consciencia”.

Nuestra percepción y, más aún, nuestra memoria son resbaladizas y poco fiables, en especial en cuanto atañe a nuestros estados mentales.

Pensamos, o creemos que pensamos, con arreglo a inatacables modos racionales ( o mejor dicho, racionalistas, algo que no viene a ser lo mismo) mas lo cierto eso es que andamos, si no del todo a ciegas, sí casi totalmente embarazados por sesgos y prejuicios sobre nuestros mecanismos de cognición que fatalmente nos llevan a decidir  de modo errático. Y a escoger y actuar en consecuencia con resultados cuando menos desconcertantes, si no del todo desastrosos.

Lo anterior puede sonar a “budismo pop” pero esto así sólo en apariencia: Kahneman no se interesa por la rectitud moral con que discurrimos sino por el hecho de que siglos de racionalismo occidental nos han dotado de arrogantes falsas ideas acerca de cómo discurrimos.  Esto resulta especialmente cierto cuando juzgamos el papel de la intuición en la toma de decisiones.

Según Kahneman, la llamada intuición es una de las funciones, si así puede llamarse, cuya naturaleza y dinámica menos conocemos.  Ahora bien, antes de liarnos con temas tan escurridizos como el de la intuición, preguntémonos primero quién rayos es Kahneman.

2.-

Daniel Kahneman (1934-) es un psicólogo norteamericano-israelí, actualmente profesor emérito en Princeton e incluido hace poco en la lista de la revista Foreign Policy de 100 pensadores globales más influyentes.

Aunque Kahneman ha recibido su Nobel en 2002 junto con Amos Tversky por su contribución a la teoría económica, las repercusiones de su trabajo son muy amplias, y prácticamente no hay un área de las ciencias humanas que pueda permitirse ignorarlas. Su libro, Pensar rápido, pensar despacio (Debate, 2012),   orientado a lectores  no especialistas, abarca varias décadas de trabajo como psicólogo experimental y es uno de los libros científicos más comentados (y vendidos) de los últimos tiempos.

Kahneman pasó parte de su niñez en el París ocupado por los nazis. Como el resto de los judíos, se vio obligado a llevar una estrella de David prendida a la pechera. Una noche, cuando tendría apenas siete años, se le hizo tarde en casa de un amiguito y emprendió el camino a casa sin advertir que eran pasadas las 6 pm y que regía ya el toque de queda.   Volvió su sweater de revés para ocultar la estrella y trató de regresar a casa sin ser advertido. En eso, un efectivo de las temidas SS lo detuvo en la calle, lo alzó en brazos  del suelo y le dio un largo y emocionado abrazo.

El alemán mostró entonces una foto de su hijito, de aproximadamente la misma edad que Kahneman, al tiempo que hablaba apasionadamente de lo mucho que echaba de menos al chico. Entonces, y como una especie de regalo sentimental, dio a Kahneman algunas monedas. Durante todo lo anterior, Kahneman estuvo aterrorizado de sólo pensar que el SS pudiese descubrir tla estrella amarilla bajo su sweater.

Finalmente, Kahneman pudo llegar a casa, convencido de que la gente es complicada y muy rara. Y vivió para convertirse en uno de los socólogos más influyentes y ganar el premio Nobel de ciencia económica. Su libro es, sin duda, un suceso intelectual de mucha entidad porque logra “encapsular”  décadas de investigación y atisbar  el modo en que ella ha de modificar el modo en que pensamos que pensamos y decidimos.

3.-

Observadores y comentaristas culturales de la talla de David Brooks no vacilan en afirmar que Kahneman y su compañero de investigación, el difunto Amós Tversky, serán recordados dentro de  cientos de años por haber instigado un vuelco cultural que ya produce asombrosos resultados.

Antes de Kahneman y Tversky, quienes se ocupaban de los problemas sociales y de la conducta humana tendían a asumir que la gente tiene  control sobre los aspectos más importantes de su propio pensar. Asumían que las personas son, básicamente hablando,  sensatos “maximizadores de útilidades”  que cuando se apartan de la racionalidad es sólo porque alguna pasión, como el temor o el amor, les ha trastornado el juicio.

Ambos, sin embargo, demostraron que, para bien o para mal,  tendemos a confiar en prestigiados sesgos y “reglas del pulgar”,  inconscientes  de ellos a la hora de navegar por el mundo. Reglas y sesgos prestigiados por la tradición racionalista, pero sumamente engañosos.

Algunas observaciones, divertidas e inquietantes a la vez, hechas por Kahneman y sus colaboradores en el curso de décadas de trabajo. Un ejemplo notable, atinente a la toma de decisiones, uno de los campos en que el trabajo de Kahneman ha resultado decisivo : los comités israelíes que otorgan libertad bajo palabra conceden ese beneficio al 35 % de los presidiarios, excepto cuando consideran una causa justo antes de almorzar. En este caso, otorgan libertad bajo palabra el 65 % de las ocasiones.

Otro ejemplo: los compradores compran más latas de sopa si colocas un aviso que diga “límite por persona: una docena”.  Discurrimos según un proceso dual. Tal es la nuez de lo hallado por Kahneman. Tenemos dos sistemas interrelacionados que funcionan a un mismo tiempo en nuestras cabezas. Uno de ellos es lento, deliberado, arduamente inclinado al razonar consciente. El otro es rápido, a veces indeciblemente  rápido, fuertemente asociativo, automático y adaptartivo en el sentido evolucionista, darwiniano del término: es nuestro patrón inconsciente de (re)conocimiento.

Actualmente se agita un  complejo e intenso debate acerca de las fortalezas relativas de cada uno de estos dos sistemas. El “cerebro lento” y el “cerebro rápido”  son expresiones que, en términos coloquiales, permiten visualizar la controversia  entre atender a los datos y hacer caso a la intuición.

Un video ( en idioma inglés) que aborda con sencillez lo básico de este proceso dual puede verse hacienco click aquí.

En cuanto a esta última, son muchas y sumamente sorprendentes las cosas que Kahneman tiene que decir. Para ilustrar mejor esto último, acérquese el lector al siguiente acertijo e intente resolverlo recurriendo tan sólo a la muy prestigiosa intuición.

4.-

Un bate y una pelota cuestan US $ 1.10
El bate cuesta un dólar más que la pelota.
¿Cuánto cuesta la pelota?  }

La respuesta de 10¢ se presenta como una intuición rápida, potente y atractiva, pero es incorrecta. Para llegar a la solución correcta, 5¢, muchos tendremos que recurrir al lápiz y al papel, transformando el acertijo en una ecuación matemática.

Tendremos que recurrir a la forma más lenta y fatigosa de pensar que permite nuestro cerebro. Algunos psicólogos consideran que este tipo de test es un predictor más válido sobre la inteligencia que los test sobre cociente intelectual corrientes. En este caso, nos sirve para ilustrar que las intuiciones pueden ser erróneas, no importa lo poderosas que parezcan.

Aunque tengamos una sola mente, no tenemos una sola forma de decidir. Kahneman propone entender la toma de decisiones ) partiéndola  en dos “sistemas” principales. El Sistema 1 (cerebro rápido) es, por decirlo así, esclavo de las emociones y actúa  “rápida y automáticamente, con pequeño o ningún esfuerzo y sin el sentimiento de un control voluntario.” El Sistema 2 (cerebro lento), por el contrario, funciona como un agente racional que “concentra con esfuerzo la atención hacia las actividades mentales que así lo demandan, incluyendo las computaciones complejas. Las operaciones del Sistema 2 están asociadas a menudo con la experiencia subjetiva de la agencia, la elección y la concentracion.

La mayoría de nuestros juicios diarios son obra del Sistema 1, ocurren de forma automática, intuitiva y emocionalmente, y nos permiten desenvolvernos de forma razonable en nuestra vida práctica. Pero el Sistema 1 también genera todo tipo de intuiciones erróneas con consecuencias triviales o catastróficas. Solamente cuando entra en juego el Sistema 2, postergando las gratificantes sugerencias del sistema emocional, y sólo tras invertir un gran esfuerzo cognitivo, podemos intentar resolver los problemas difíciles o contraintuitivos

 

5.-

Kahneman recibió el premio Nobel de economía 2002 por una masa de obra investigativa que impulsó la llamada “behavioral economics”, o “economía conductual”, una familia de disciplinas que, desde la psicología, ha sistemáticamente desmontado el tradicional modelo de decisión racional.

El premio le fue otorgado conjuntamente con Vernon Smith. Para citar la mención de la Academia, la distinción premiaba  el “haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre.”

Se podría afirmar que hoy no se pueden debatir las decisiones humanas y su estudio -en campos tan diversos y distantes como la economía, el béisbol, la política exterior, las relaciones laborales o familiares, el póquer, o la compra de vivienda-  sin los aportes de Kahneman y su gran amigo, el ya fallecido, Amos Tversky.

Pensadores y divulgadores tan reconocidos como Jonah Lehrer (“How we decide”), Malcolm Gladwell (“Blink”, etc.), Sheena Iyengar (“The Art of Choosing”), Gary Klein (“Sources of Power: How people make decisions”), Barry Schwartz (“The paradox of choice: why more is less”), Tim Harford(“El Economista camuflado”), David Brooks (“The Social Animal”) y el hoy celebérrimo Nassim Taleb hacen permanente reconocimiento a Daniel Kahneman.

 

Ibsen Martínez está en @SimpatiaXkingKong

 

Publicado originalmente en Ibsen Martinez