Ricardo Trotti: Inmadurez de Maduro y amarillismo

No pudiendo con su genio, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, arremetió de nuevo ayer contra los medios de comunicación a los que acusó de hacer apología de la violencia y de ser los verdaderos responsables de los más de 30 mil asesinatos al año en el país.

La acusación no es nueva. Maduro considera que el amarillismo de los medios es el gran culpable de la violencia. Es obviamente parte de su estrategia de propaganda para desviar las causas verdaderas que tienen que ver con la desatención del Estado, la falta de voluntad política, la escasez de recursos para las fuerzas de seguridad, un Poder Judicial deficiente y a que ha armado hasta los dientes a milicias urbanas que terminan usando esas armas para delinquir o hacer justicia por manos propias.

Con esta fórmula del amarillismo, además, también se desnuda la inmadurez de Maduro que sus partidarios no ven. Porque si los medios contagian con sus informaciones, opiniones, fotografías y prédicas, Venezuela sería hoy el país ideal para vivir. Es que los medios vienen clamando todos los días para que el gobierno controle la inflación, libere los precios, no expropie empresas, que permita la importación de papel para diarios, aprese a los corruptos de la nomenclatura chavista, garantice la seguridad, deje de creerse que el Estado y el Gobierno está por arriba de las libertades individuales.

Es decir, si los medios tienen el poder de contagiar conductas malas entre la gente, también deberían incentivar las buenas conductas en el gobierno. Por ello, su teoría del contagio no cierra.

Es verdad que el amarillismo es un desvalor periodístico que propende al éxito económico por sobre el éxito cualitativo de los medios; pero en lo que se suele fallar en la apreciación del nivel del amarillismo, como lo hace Maduro, quien cree que toda información o grupo de noticias son amarillistas por el solo de mostrar un hecho violento o es interpretado como crítico por parte del gobierno.

El periodismo sensacionalista también juega un papel importante en la sociedad, no porque haya un público mórbido, sino porque permite que la sociedad en su conjunto – y no solo el gobierno como pretende Maduro – trate de encontrar los anticuerpos y remedios necesarios para corregir situaciones.

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