Henrique Capriles: El camino es largo, pero seguro

Estas líneas que escribo hoy quiero empezarlas con nuestras palabras de condolencia y de profundo dolor por quienes perdieron la vida esta semana, queremos expresarle a sus familiares toda nuestra solidaridad.

Condenamos la violencia y la seguiremos condenando. La muerte de un ser humano nos debe llamar a la reflexión. Nadie puede alegrarse por la muerte. Ni la muerte ni la sangre son el camino parar lograr el país que nosotros queremos, y ustedes lo saben.

Ahora oímos a voceros del gobierno pidiendo que los líderes de la Unidad nos deslindemos de la violencia, quiero decirles que nosotros no necesitamos que nos lo pidan para hacerlo, nunca hemos estado del lado de la violencia, nuestra lucha ha sido, es y seguirá siendo, una lucha pacífica.

La violencia no es la forma correcta para lograr el cambio. La violencia, en lugar de traerle soluciones al país, terminará atornillando a este gobierno en la Presidencia. Pareciera que no hemos aprendido en todos estos años, tenemos años en esto. No podemos atornillar a un gobierno débil como este en el poder. La salida, definitivamente, no es violenta.

Porque la violencia es el arma de los que no tienen razón y la valentía no se ve por quién hable más duro o tire más piedras. El valiente es el que con la fuerza de sus ideas y con la fuerza de sus pensamientos cambia la forma de pensar de otros. Ese es el verdadero héroe. Como son esos jóvenes estudiantes que están en las universidades preparándose para cambiar al país y que saben que nunca lo van a cambiar con esos grupos violentos.

Aprovecho esto para decirle al gobierno: no vengan ahora a querer jugar el papel de la caperucita roja, porque allí están los videos y están las fotos donde se ven los grupos armados por el gobierno que dispararon contra jóvenes que estaban protestando desarmados, que lo máximo que tenían era una piedra. ¿Cuándo van a desarmar a los grupos anárquicos que salen a agredir a los venezolanos? Las manifestaciones no se reprimen a punta de plomo. Así no se controla a un pueblo.

Tenemos que resistir. Y esa resistencia no va a crecer si nos planteamos salidas que no llevan a nada. El odio no se puede combatir con más odio. La violencia no se resuelve con más violencia. Eso ha quedado claro.

La violencia pasó a ser una excusa para intentar tapar la crisis en la que tienen metida a nuestra Venezuela. Para poner un ejemplo, en enero probablemente se registró el desabastecimiento y la inflación más alta de nuestra historia; las colas siguen viéndose en todos los mercados cuando llegan los productos que escasean; el salario no alcanza; no hay medicinas; la seguridad sigue enlutando a muchas familias venezolanas; sigue habiendo apagones en todo el país. Hay una situación terrible de crisis en el país.

El camino que nosotros elegimos tal vez para algunos sea el camino más largo, pero es el camino seguro, que es el de meterse en el corazón de los venezolanos. Para salir de la crisis y obligar al gobierno a cambiar de rumbo es necesario construir un movimiento social que incluya a todos los sectores del país. En nuestro proyecto caben todos los venezolanos, los que piensan como nosotros y los que piensan distinto a nosotros. En este proyecto caben todos.

Nuestra Venezuela necesita un cambio de rumbo, porque las cosas no están bien. Se nos está perdiendo el país, se nos está destruyendo y todos estamos llamados a salvarlo. Toda la fuerza que los venezolanos tenemos dentro debemos utilizarla para lograr el país que queremos. Debemos construir una fuerza lo suficientemente grande para exigirle al gobierno que cambie o se vaya.

Venezuela necesita un gobierno que actúe de forma seria y responsable. Porque para acabar con la violencia, lo que tienen que hacer es desarmar los grupos a los que el mismo gobierno entregó las armas. Para acabar con la impunidad, tienen que dejar de obligar a los jueces a actuar como militantes de un partido político. Para que tengamos justicia, el gobierno debe aprender a hablar con la verdad, sin manipular los hechos.

Porque cuando hay problemas de electricidad, nos dicen que la culpa es de una iguana. Si no hay dólares, nos dicen que la culpa es de los que viajan que raspan los cupos. Si no hay alimentos, nos dicen que la culpa es de nosotros porque comemos mucho. Y ahora dicen que la violencia es culpa de unos mercenarios. Necesitamos un gobierno serio que asuma sus responsabilidades.

Además creen que censurando a los medios tapan la situación, pero lo cierto es que la gente está viviendo a diario todos los problemas del país.

Es el gobierno el que debe garantizar que el pueblo se pueda informar por el medio que más le guste. Un buen presidente no es el que pone al pueblo a enfrentarse unos con otros, un buen presidente es el que pone a todos los estudiantes a marchar juntos y a expresarse el día de la juventud. Un buen presidente es el que puede, en la noche, irse a la cama sin pensar en los muertos y heridos que deja su proyecto político.

A quienes están hoy en el gobierno se les olvidó todo lo que les tocó vivir, o eso es lo que ellos dicen. Entonces, ¿los perseguidos del pasado son los verdugos del presente? Reprimen a los estudiantes con brutalidad, pero a la delincuencia ni con el pétalo de una flor.

Por eso te digo, Nicolás, es tiempo de que des muestras reales del diálogo que enuncias en cada una de tus cadenas. El jueves anunciaste que tienes previsto activar un Plan de Pacificación Nacional, pero te pregunto ¿Cómo se puede conseguir la paz en el país, si en la calle hay grupos irregulares armados que gozan de la protección del Estado?, ¿Cómo se puede vivir en paz en nuestra Venezuela, cuando todos los días caen inocentes en las calles por culpa de la violencia?, ¿Cómo pueden tener paz los enfermos de cáncer, al sentir que la vida se les escapa irremediablemente, porque en el país los centros especializados para tratar la enfermedad no funcionan, y las medicinas no se consiguen?, ¿No te has puesto a pensar que tampoco puede sentir paz la madre que vive a diario el viacrucis de conseguir los alimentos para sus hijos?

Te invito, Nicolás, a que reflexiones por un momento, abandonando la comodidad que te ofrece la silla que hoy ocupas. Tú que te dices un hombre humilde y de pueblo, reflexiona, es tiempo de dejar de lado los shows televisivos y ponerse a trabajar en serio.