¿Quién protesta? por @felixseijasr

Esta semana escuché a dos politólogos de la UCAB hablar sobre el efecto que tiene la composición de las masas alzadas en protesta, ante situaciones de injusticia social. El ejemplo citado fue el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos de América entre 1955 y 1968, lucha que cambió su carácter y efectividad cuando pasó de ser una protesta de “negros contra blancos”, a una protesta donde personas de raza blanca se habían unido a los afroamericanos que exigían reivindicaciones.

A través de twitter recibo y leo comentarios basados en la premisa de que lo que se vive en Venezuela es una lucha de ricos contra pobres. Desde su aparición en el terreno político, Hugo Chávez estableció su discurso en esta supuesta lucha en la que una clase social pudiente, mantenía sumido en la miseria a un pueblo al que históricamente se le había negado el acceso a las oportunidades básicas para alcanzar su superación y ascenso en la escala social. Más allá de las verdades y falsedades que rodearon aquellos argumentos –que llevaron al expresidente a alcanzar en su momento niveles de popularidad de más del 60%- es necesario analizar la vigencia que en las personas mantiene la percepción de que aquellos que les ofrecían tales reivindicaciones, les han cumplido o están en la capacidad de hacerlo. Como siempre y como me corresponde, basaré mi análisis en los estudios estadísticos que realizamos.

Primero que todo, el argumento de que los seguidores del chavismo se aglutinan principalmente en los estratos sociales bajos es una realidad a la vista. Ya comentábamos que en eso se basó el discurso de Chávez, el cual encontró un terreno fértil gracias al sentimiento de abandono e injusticia social, latente en un pueblo saturado de ver la descomposición progresiva de su clase política.

Ahora bien, ¿qué ha ocurrido en la composición del apoyo popular al Gobierno en los últimos tres años? Claramente salta a la vista la erosión que ha ocurrido en tal apoyo. Si usted no cree en los estudios de opinión, simplemente observe el resultado de las últimas tres elecciones presidenciales, donde la brecha con la que el Gobierno ha obtenido la victoria ha sido de 25,9%, 10,8% y 1,5% respectivamente. Si partimos de que las clases sociales bajas en el país rondan el 60%, se hace evidente que ese casi 50% de venezolanos que el pasado 14 de abril votó por la oposición, contiene personas de esos estratos sociales.

¿Qué nos dicen los estudios en la actualidad? La oposición como estructura política crece lentamente. Ya puedo escuchar algunos gritos opositores. “¡Cómo puede ser eso, hace tiempo que somos mayoría!”; pues no, hasta ahora no lo han sido. En realidad el país muestra dos mitades, pero eso hoy en día representa una gruesa manera de simplificar las cosas. Si bien es cierto que la mitad del país le da la confianza a la unidad opositora, dentro de esa mitad podemos identificar a groso modo dos grupos: uno que se identifica con partidos políticos y otro que sólo se identifica con el “concepto” de unidad, siendo este último precisamente el que experimenta crecimiento. Por otro lado, el Gobierno está sintiendo un desprendimiento cada vez más acelerado de personas que van perdiendo la confianza en su capacidad de manejar al país, sin que esto signifique que ellos apoyan y confían en las fuerzas opositoras; ellos aun están “más de allá que de acá”. Lo cierto es que a la piel de estas personas les está alcanzado la realidad económica del país, con la misma velocidad con la que el gobierno ha perdido la capacidad financiera para mantenerlos alejados de ella.

Entonces, ¿quién protesta en estos momentos? En la calle está ese 50% de venezolanos que aglutinan las fuerzas opositoras bajo la bandera de la unidad, en donde se mezclan todas las clases sociales bajo un mismo descontento, el que ha tocado también a un sector oficialista que está en sus casas aun, y que en el corto plazo lo seguirá estando, ya que en estos momentos tampoco saldrían a defender a un Gobierno del cual albergan importantes dudas.

La calle hoy es una realidad, y cuando la protesta trasciende lo político y se ve invadida de un componente social, se hace espontánea, cohesionada y difícil de contener. Esto diferencia lo que hoy estamos viendo con el pasado reciente. No reconocerlo le traerá consecuencias a sectores del liderazgo nacional parados en ambas aceras de la calle.

 

¿Quién protesta?

Félix L. Seijas Rodríguez

@felixseijasr