“Top 5 de respuestas chavistas incoherentes” por @MarijoEscribe

Tenía varios días desconectada del hábito de escribir, entre otras cosas porque la situación del país me impide tener la tranquilidad e inspiración para echar cuentos de viajes al extranjero; mientras Venezuela se cae a pedazos y las protestas estudiantiles estremecen avenidas, distribuidores, calles, veredas, atajos y caminitos verdes.

Pendiente como he estado de las informaciones en cuanta red social y medio digital aparece, para saber lo que pasa más allá de las bocanadas de aire que nos ofrece Fernando del Rincón; también he tenido oportunidad de conversar con algunas personas afectas al oficialismo que forman parte de mi pequeño círculo de amistades.

Debo confesar que durante los últimos 15 años, y como buena periodista que tiene el hábito de dudar de todo; cada cierto tiempo me he preguntado algo que seguramente se habrán planteado también otros opositores, ante la obra de teatro absurda y quijotesca que desde hace tanto tiempo tiene a las estructuras del Estado venezolano como escenario: “¿Será que la equivocada soy yo?”

En las últimas semanas, varias situaciones hicieron que volviera a preguntarme si no provengo de una especie de universo paralelo y bizarro; con estándares de coherencia tangencialmente opuestos a los de la Venezuela de hoy, donde la línea editorial de algunos medios de comunicación me recuerda a Tex Avery, las cosas que dicen las autoridades dejan en pañales los diálogos de las películas de Ed Wood y las respuestas que me dieron mis amigos maduristas, ante situaciones muy puntuales, me hicieron poner la misma cara a la que le debo líneas de expresión adicionales desde el día que Hany Kauam compartió vía Twitter la foto de su escatológica “obra artística”.

Fueron muchas, sin duda, las veces que casi podría jurar que estaba siendo grabada por la inolvidable cámara de Loco Video Loco, pero he seleccionado estas cinco (que me parecieron las más impresionantes), con la esperanza de que a través de sus comentarios me saquen de la duda existencial de si la que está “razonando fuera del recipiente” soy yo o de verdad esto es tan incoherente como yo creo que es.

Quinto lugar:

Conversaba con una entrañable amiga que, desde el inicio de la revolución bolivariana, se sintió identificada con los ideales del ex presidente Hugo Chávez. El día anterior a nuestro encuentro, un par de motorizados había irrumpido en un mercado de frutas cerca de su casa para atracar a un señor de edad avanzada que portaba una cadena de oro. Todas las personas que se encontraban en el lugar fueron víctimas de los delincuentes, quienes no solo cargaron con carteras, relojes y teléfonos; sino que aprovecharon la ocasión para seleccionar algunos tomates, aguacates y cambures.

Mi amiga fue testigo del hecho y, cuando le pregunté sobre lo sucedido, su respuesta me dejó “en un tacón y sin tapita”. Ella terminó de sorber el último traguito del café con leche que nos tomábamos en la panadería de la esquina, levantó la mirada y con actitud desafiante me dijo: “Fue culpa del señor, que no tenía ninguna necesidad de ponerse esa cadena. Sabiendo cómo están las cosas, se la puso demasiado fácil a los malandros”.

Cuarto lugar:

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se refirió al clima de conflictividad en Venezuela, haciendo un llamado a la calma y a establecer canales de comunicación entre el gobierno y la oposición para garantizar la estabilidad del país. Incluso se mostró “dispuesto” a contribuir”  y recordó que “son momentos de mantener mesura”.

Horas después, Nicolás Maduro le respondió con un tono de voz muy fuerte, en medio de una cadena nacional de radio y televisión. “! Ya basta carajo! ¡Ya basta de que se metan en los asuntos internos de nuestra patria. Los problemas de los venezolanos los resolvemos los venezolanos”.

Medalla de bronce:

Tengo un vecino a quien admiro mucho por su actitud siempre colaboradora con las necesidades del edificio. Hace tres días me lo encontré en el ascensor y vi que llevaba una bolsa contentiva de pollo y leche. Como se ha vuelto costumbre en nuestra sociedad, y para no salirme de los nuevos estándares de cordialidad en la interacción entre venezolanos, le pregunté: ¿vecino y dónde consiguió?

“En el abasto Bicentenario”, me dijo. “Tuve que madrugar para hacer la cola, pero salí bien porque fui justo el día que había pollo”. Con mi poker face muy bien administrada insistí en la conversación: “¿Y tuvo que hacer mucha cola?”. La respuesta hizo que un deseo irrefrenable de que la Tierra se abriera y me tragara se apoderara de mí: “Como tres horas, pero lo bueno es que en la cola uno hace amigos y echa broma, lo que pega un poquito es el calor pero siempre hay quien venda unos refresquitos, así que las horas de cola es lo de menos”.

 

Medalla de plata:

El pasado 16 de febrero, el gobernador del estado Carabobo, Francisco Ameliach, convocó a través de su cuenta de Twitter a los integrantes de las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH) a prepararse para el “contraataque fulminante” contra los “fascistas”.

Tres días después, y luego de enfrentamientos callejeros que dejaron a varias personas heridas (incluyendo a una reina de belleza que posteriormente falleció); la Agencia Venezolana de Noticias recogió declaraciones del mandatario regional, quien responsabilizó al coordinador estadal de la MUD, Vicencio Scarano, de “financiar a los grupos que atacaron a los estudiantes en Valencia”.

Medalla de oro:

El fin de semana fui al centro comercial más cercano al edificio donde vivo, con la esperanza de conseguir jabón para lavar platos, pues ya estoy harta de tener que usar detergente en polvo y que los cubiertos me queden con aroma a bebé.

Después de salir con las manos vacías de la tienda, mi esposo y yo nos dimos cuenta que una enorme camioneta se había parado detrás de nosotros impidiendo que pudiéramos marcharnos del lugar. El imponente vehículo exhibía una calcomanía de “la mirada de Chávez” y, para nuestra sorpresa, las ocupantes eran todas mujeres, de entre 40 y 50 años de edad. Después de esperar por más de 10 minutos que se dieran cuenta que necesitábamos irnos, respiré profundo y me bajé del carro para pedirles que nos permitieran salir.

La conductora ni siquiera bajo el volumen de la música que escuchaba y, con su cara muy lavada, me respondió: “¿Qué?, ¿no te puedes esperar?, ¿o es que tú nunca te atraviesas?”. Me limité a responderle: “No señora, yo respeto a los demás y no me gusta causarle molestias a nadie”.

Fue evidente que mi respuesta le molestó, porque me levantó la voz como si me conociera o se creyera con el derecho de hacer lo que le diera la gana; y entre las chispitas de saliva que le rebotaban de la boca comenzó a gritar como una loca frente todo el mundo: “Ayyyy sí! Cualquiera creeeeee… Mamaguevo!!”, mientras movía la camioneta.

 

María José Flores

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