Edgardo Ricciuti: De cómo no habrá Guerra Fría, ni en los Balcanes ni en el Caribe

thumbnailEdgardoRicciutiLa crisis como la de Ucrania devela escenarios más reales e interesantes de la difícil relación entre las ex superpotencias y la Unión Europea. Varios analistas, probablemente con aire nostálgico, han hecho alusión a un nuevo período de Guerra fría.

En el campo probabilístico, todo es posible; mas las condiciones geopolíticas, geoeconómicas y geoenergéticas indican en este momento que esa posibilidad es muy remota.

Aunque las tropas rusas tomaron el control de la península de Crimea, bajo el consenso del Parlamento ruso, el presidente ruso ha descartado la posibilidad de una guerra contra Ucrania, que no sólo es un país vecino, sino una nación hermana. Al tiempo, el nuevo “Zar” añadió que en Ucrania hubo un golpe de Estado contra el presidente legítimo, Yanukovich.

Los países del G7  y los Presidentes del Consejo y la Comisión Europea han suspendido los trabajos de preparación para el G-8 prevista para junio en Sochi. Además, el Secretario de Estado de los EEUU, John Kerry, ha amenazado con sanciones económicas contra Moscú.

Ucrania está dividida entre los partidarios del ex presidente pro-ruso Viktor Yanukovich y una variada oposición, compuesta por sectores pro Unión Europea y  nacionalistas.

En Ucrania, detrás de las protestas y la presión sobre el gobierno de Kiev se esconde un gran forcejeo entre la Unión Europea y Rusia para el suministro de gas.

La dependencia energética del viejo continente es bien conocida: más de la mitad de su demanda es satisfecha por las importaciones de hidrocarburos, y Rusia se ha consolidado como un importante suplidor, superando a Noruega, Argelia y otros países árabes. Sobre la base de su posición dominante, Moscú ha puesto en marcha una serie de políticas destinadas a mantener esa dependencia, lo que le permite un amplio margen de maniobra para ejercer su cuota de poder a nivel mundial.

Entretanto, los Estados Unidos ha decidido congelar toda la cooperación militar con Rusia a la luz de los recientes acontecimientos en ese país balcánico. El Pentágono ha declarado que la suspensión se refiere, entre otras cosas, a los ejercicios, las reuniones bilaterales, y a las visitas a puertos. Además, Washington ha bloqueado todas las conversaciones en el ámbito del comercio y las inversiones bilaterales con Moscú, según lo anunciado por la Oficina de Comercio Exterior.

Tratar de intimidar a Rusia, tan abundante de petróleo, gas y materias primas con algunas sanciones como las planteadas, es burlesco, sin hablar de que con su veto, Moscú puede bloquear la aprobación del mismo ante el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas. Aún más riesgosa, por no decir absurda, es la posibilidad de una intervención militar arriesgada e infructuosa que obligue a Obama a dar marcha atrás de manera poco decorosa.

Muy diferente, por obvias razones geopolíticas, puede ser la actitud de la Casa Blanca en la crisis de Venezuela. Las múltiples presiones, así como las dificultades logísticas y hemisféricas que podrían presentarse para una acción de Hard power en los Balcanes, son diminutas, por no decir inexistentes en el Caribe. Todo se presta para pensar en una de las tantas soluciones salomónicas entre las dos Ex-superpotencias, donde el resultado de un acuerdo sea suma variable y no suma cero, es decir, no interfiero en los Balcanes pero sal del Caribe.

 

Edgardo Ricciuti