Rafael Díaz Casanova: Para recuperar la democracia

thumbnailrafaeldiazcasanovaVenezuela no puede decir que vive en democracia. El régimen que nos destruye se caracteriza por acciones inconstitucionales, por el uso indiscriminado de la mentira, por la falta de transparencia y rendición de cuentas, por el desmantelamiento de la institucionalidad prescrita en la Constitución, por el groseramente turbio manejo de los dineros nacionales y del petróleo, por el envilecimiento de la nacionalidad y por la falta absoluta de la independencia de los poderes públicos y del ejército. Por la continua agresión a la actividad privada.

No podemos dejar de mencionar que el envilecimiento del país se patentiza en la emigración de una parte importante de la población que ha visto en peligro su futuro y lo están buscando en otras naciones.

El régimen se llena la boca pregonando sus amañados triunfos electorales, producto de manejos turbios desde el poder electoral cuya composición no supera el baremo consagrado en la Constitución.

Uno de los pasos más viles que se ha cometido fue la transformación de una protesta pacífica de estudiantes y jóvenes que el 12 de febrero se organizaron para desplazarse en manifestación multitudinaria y ordenada, desde la Plaza Venezuela hasta la Fiscalía de la República, con la finalidad de exigir la libertad de los estudiantes tachirenses y los presos políticos que la complicidad entre el Ejecutivo y el Judicial mantienen o han colocado en mazmorras indeseables.

Parece demostrado con videos y testimonios, que fuerzas paramilitares, dependientes del régimen, atacaron con armas y produjeron tres personas fallecidas y un desorden, que se sucedió después que la manifestación había concluido. Desarmar y desmantelar estas fuerzas irregulares es prioritario.

Una de las terribles consecuencias de ese día es que el Palacio de Miraflores encontró la excusa para llevar a una prisión militar a Leopoldo López.

Lo sucedido desde el 12 de febrero hasta la eliminación de los carnavales, ha sido conocido parcialmente por la ciudadanía, pues el régimen ha aterrorizado y constreñido a los medios de comunicación de manera de neutralizar las noticias. Otra aberración del régimen que sufrimos.

En una maniobra de escaso valor y con la intención de lavarse la cara ante la comunidad internacional, el alto mando del régimen convocó a una mal llamada “Conferencia por la Paz” que no llena las características de conferencia y mucho menos puede trabajar por la paz sin que se llenen algunos extremos previos.

La primera condición, ineludible, es la imperiosa necesidad de que se reconozcan las calificaciones de quienes intervengan en esa supuesta conferencia. Parece, por las demostraciones de insultos y continua descalificación que aplica el régimen a sus contendores, que no existe la menor intención de respeto por parte de quienes tienen la mayor de las responsabilidades.

Un  paso que consideramos imprescindible para que la paz regrese a Venezuela, es la libertad absoluta de todos los presos políticos y una amnistía profunda y sincera para quienes se han declarado perseguidos políticos porque las condiciones reinantes les ha hecho imposible la vida dentro del territorio nacional.

Otro paso fundamental es que el Gobierno ponga todos los absurdos esfuerzos que ha desplegado contra manifestantes pacíficos en una seria lucha contra la inseguridad que acosa tanto a adversarios como a partidarios de sus acciones.

Dados estos tres pasos, sólo entonces, se podría iniciar un diálogo que tiene que comenzar por dos temas fundamentales: El primero es la recuperación de la independencia de los poderes públicos de acuerdo con los dictados constitucionales. Para ello hace falta que se llenen los extremos prescritos en la Constitución con personas idóneas y fundamentalmente independientes.

El segundo lo definiremos como la recuperación de la nacionalidad venezolana, es decir, el regreso a su nación de todas las personas que enviadas desde Cuba, hacen funciones impensadas e impensables en un país soberano. Inmediatamente aparecerán otros temas muy importantes.

Permítasenos finalizar diciendo que somos absolutos creyentes del valor del diálogo como mecanismo de resolución de conflictos. También permítasenos poner en duda la posibilidad de que estas premisas, que nos hemos atrevido a plantear, se cumplan. Dios quiera que nos equivoquemos.

Entretanto, vemos como el Presidente se debate entre sus pensamientos y su soledad y por otra parte los dictados que le vienen desde La Habana.

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