Corto y Picante: “El norte está en el oeste” por @fariasjoseluis

thumbnailjoseluisfariasI.-
Ajá, ¿y ahora qué viene? No se avisora desenlace inmediato. No se ofrecen explicaciones convincentes. Ni siquiera orientaciones que encarrilen la lucha ¿Hacia dónde evolucionará la protesta? Se afirma que lo peor de las consecuencias de la crisis económica en cuanto a escasez, inflación y desempleo está por verse ¿El objetivo político de la protesta se encontrará con el aspecto social?

La insurrección popular todavía está por venir. No me llamen aguafiestas. Deseos no empreñan. La crisis del viernes negro del 18 de febrero de 1983 reventó con fuerza solo seis años después, el 27 de febrero de 1989. La crisis militar, el 4 de febrero de 1992. Y la crisis política estalló en mayo del 93 con la salida de Carlos Andrés Pérez. Y pese a lo que se crea ninguno fue espontáneo, ni siquiera el Caracazo. Las condiciones objetivas por si solas no son garantía de que la historia tenga un determinado rumbo. El Muro de Berlín fue derrumbado después de una larga crisis y una intensa conspiración que incluyó, entre otros, a Reagan, Bush, Margaret Thacher, el Papa, Gorvachov y a un pueblo decidido a echarlo abajo. El régimen de Maduro y su camarilla intenta desesperadamente ocultar el sustrato material del descontento y frenar su derrumbe. De la “guerra económica” ha pasado a culpar a la guarimba del desabastecimiento, al tiempo que contradictoriamente dice que las manifestaciones es en el 2% de los municipios del país. ¿Cómo explicar que la protesta en el 2% desabastece al 100% del país? Manipulación propagandística extendida con un llamado a la paz, seguido de una orden a los colectivos armados a “apagar candelita que se prende”, burdo eufemismo para ordenar el ataque represivo. Llamado desesperado al diálogo para ganar tiempo que compra “dialogantes” siempre dispuestos al mejor postor ¿El juego está trancado? Todas son preguntas pertinentes.

Se dice que si la protesta no se llena de contenido social, ocupa los espacios populares y se desplaza hacia los poderes públicos con la gente de Catia, el 23 de Enero, La Vega y Petare en la calle asediando los símbolos del poder, se estancará en su forma de guarimba, se desgastara en el patio de la casa por cansancio o por el enfrentamiento entre vecinos hastiados del encierro, en una especie de ghettos. La guarimba o se replantea y evoluciona o se muere. La fuerza de la clase media no es suficiente para dar al traste con el régimen. El sistema político colombiano ha sabido subsistir con 60 años de guerrilla, paramilitarismo y narcotráfico. El chavismo lleva 15 años en el poder pese a tener en contra más de la mitad de la población. ¿Podrá vivir con la guarimba? No parece imposible.

II.-
La protesta consecutiva en Venezuela ya alcanza un mes. La salvaje represión del régimen de Maduro suma 20 muertos (11 de balas), más de 300 heridos, 1.300 detenidos, numerosos torturados y  violados, allanamiento de hogares sin orden judicial y demás abusos y violaciones de los derechos humanos y no logra devolver a los estudiantes a sus centros de estudios ni a los ciudadanos a sus hogares.
La incertidumbre sobre hacia dónde conducirá al país toda esta jornada que, pese al pacifismo en su convocatoria, la acción de los cuerpos represivos torna en violenta, se extiende en la mentalidad colectiva. Los opinadores dentro y fuera del país se alinean en las dos tendencias políticas en pugna dentro de la oposición y la gente se enerva. La representada por Leopoldo López que puja por la “salida” inmediata de Maduro del poder y la encarnada por Henrique Capriles que convoca a la lucha por la reivindicación económica y social que incorpore a los vastos sectores populares aún de espectadores en la lucha. Los primeros cantándole a la lucha callejera y los segundos a la protesta organizada que toque las barriadas populares y acumule fuerzas para próximos eventos políticos. En la práctica, por ahora, ninguna se ha orientado a asediar los centros de poder que es hacia donde, al parecer, pudiera tener sentido la evolución de la protesta, al apuntar contra quienes gobiernan.

En el común, muchos debaten entre la salida pacífica y la alternativa violenta. Igual con irracionalidad como con sensatez, insultos e ideas se confunden. También si jurungamos en la historia, encontraremos buenos argumentos de lado y lado. Por ejemplo en contra de la primera vale recordar a Ghandi, no en sus argumentos sino ridiculizado por George Orwel cuando explicaba que el pacifismo solo podía tener éxito contra un país como Gran Bretaña, “al que la legalidad democrática obligaba a actuar dentro de ciertos límites. ¿Hubiera sido exitoso contra un Hitler o un Stalin a los que nada impedía cometer genocidios?”. Comentando a Orwell, recordaba Mario Vargas Llosa que “poner la otra mejilla puede tener un alto significado moral, pero carece totalmente de eficacia frente a regímenes totalitarios. Hay circunstancias en que la única manera de defender la libertad, la libertad humana o la supervivencia es oponiendo la violencia a la violencia”. Pero la otra, la violenta, también ha llevado lo suyo si recordamos, por caso, a Stefan Zweig cuando de vuelta del frente oriental, durante la primera guerra mundial a Viena escribió en su obra de teatro pacifista, Jeremías, “había reconocido al enemigo contra el que debía luchar: el heroísmo falso que prefiere enviar a otros al sufrimiento y la muerte, el optimismo barato de los profetas sin conciencia, tanto políticos como militares, que, prometiendo descaradamente la victoria, prolongan la guerra, y detrás de ellos el coro a sueldo, los “creadores de palabras de guerra”, como los ha ridiculizado Werfel en su hermoso poema”.

III.-
Las opiniones externas también reflejan las dos posiciones políticas opositoras internas. El ex-guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos llama a que “la oposición no debe inventarse una insurrección, sino llegar a ser mayoría” y Mario Vasgas Llosa le opone: “Venezuela ya no es un país democrático y la gran movilización popular es para que haya todavía elecciones de verdad en ese país y no rituales operaciones circenses como son las de Cuba”.

Mientras se debate, según sea la información, el lente o el interés, en Caracas la lucha de calle no trasciende los espacios de las llamadas guarimbas al este de la ciudad, no es así en importantes ciudades del interior (San Cristóbal, Mérida, Valencia, Maracaibo, Barcelona) por lo que la medida del conflicto no la da la capital de la república, aunque su peso es fundamental a la hora del destino de los acontecimientos. Quienes insisten en que la protesta debe ser económico – social y apuntan hacia no precipitar los hechos, que, es el caso de la mayoría de los partidos agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática, se han quedado en el enunciado, en fallidas experiencias o en la comodidad de las declaraciones. Y por supuesto, como dicen en los deportes, a “quien no hace le hacen”. El espacio político dejado por el quietismo y el burocratismo de la MUD fue ocupado por el sector que promueve la llamada #salida encabezado por Leopoldo y María Corina Machado.

Pero ¿qué hacer?. En conjunto, la protesta iniciada a comienzos de febrero por lo estudiantes puso en evidencia un gobierno sin brújula, represivo y creó un clima de ingobernabiidad del cual tampoco hay signos de que el país pueda recuperarse en corto tiempo.

Una tarea prioritaria es la defensa de los estudiantes. A centenares de muchachos, que siguen detenidos o no, se le han instruido causas en los tribunales que constituyen verdaderos cepos judiciales obligándolos a no participar de protestas, no declarar y a régimen de presentación ante un sistema judicial corrupto. Toda una afrenta demasiado grande y abusiva como para que los jóvenes permanezcan tranquilos o para que la sociedad democrática los abandone. Los agentes represivos que han asesinado, torturado o violado deben pagar y los expedientes levantados deben ser eliminados.

En el este, debe afianzarse el debate en la asamblea ordenada para desterrar el insulto y el tumulto que pretenden imponer la pasión sobre la razón. Dejo claro que la protesta no puede detenerse, pero la movilización de calle debe reorientarse. El esfuerzo puesto en hacer una guarimba pudiera más bien invertirse en visitas a los mercados populares de Catia, Quinta Crespo, Guaicaipuro o Petare. En vez de movilizaciones que partan del este promover que arranquen desde el oeste. Sustituir las concentraciones en el este por las visitas para volantear y llevar un mensaje y una invitación a la lucha a los trabajadores en las fábricas de la Yaguara, de Boleíta, Los Ruices, Guarenas y Guatire y de las zonas industriales que se mantienen en pie en el resto del país después de la oleada expropiadora del régimen. Organizar grandes marchas que desde diversos puntos de la ciudad avancen hacia los poderes públicos en el centro de Caracas o en las grandes ciudades. Solo así se estaría dando un salto cualitativo en la protesta para no dejar encerrada a la gente que apoya el cambio democrático en sus propias urbanizaciones. En las guarimbas hay tantos infiltrados del régimen como en twitter. Maduro se prepara para cuando el malestar estalle en Catia, ya tiene el discurso. “El imperio ha sembrado la conspiración en las zonas liberadas por la revolución, debemos actuar con mano dura para proteger a nuestro pueblo de las ideas capitalistas”, dirá. En Caracas el norte está en el oeste, en Valencia y Maracay en el sur y así sucesivamente.