Gonzalo Himiob Santomé: El grifo que no cierra

thumbnailgonzalohimiobMaduro, Ameliach, Istúriz, y muchos otros oficialistas han promovido abiertamente el uso reciente de cuerpos civiles armados, los llamados “colectivos” o las UBCH, para la represión de las diferentes expresiones de protesta que están teniendo lugar en nuestro país. Maduro dejó clara su postura: los mandó a “apagar” cualquier “candelita” que se prendiera. Desde ese día, la represión, que ya antes había mostrado una severidad, una violencia y una irracionalidad abrumadoras, asumió su forma más descarnada.

Hoy lo que sorprende a quienes tenemos años en esto de la defensa de los DDHH es el carácter abierto y plenamente asumido de la vil jugada, pero no olvidamos que estas prácticas no son nuevas ni que tenemos años denunciándolas. Ahora se les llama “colectivos”, antes se les llamaba “círculos bolivarianos”, pero en su esencia son lo mismo, y recurren a las mismas maneras. En Guatemala, por ejemplo, se les llamaba PAC (Patrullas de Autodefensa Civil), y su uso condujo a la condena internacional de dicho Estado.

Volvamos a Venezuela y recordemos un poco. “…Hubo una intervención del ciudadano Ministro de Educación, Cultura y Deportes, Aristóbulo Istúriz, quien sugirió tomar todos los puntos críticos con círculos bolivarianos, manifestó que si se pierde la calle se acabó todo…”. Esto lo afirmó ante la AN el entonces miembro del Alto Mando Militar, Efraín Vásquez Velazco. Hablaba en ese entonces de una reunión que tuvo lugar en Miraflores, con Chávez y el entonces diputado Nicolás Maduro presentes, el 7 de abril de 2002, en la que se planeó, como debe estar ocurriendo ahora, una emboscada violenta contra la ciudadanía que en aquél entonces, como ahora, protestaba contra el gobierno.

El General Manuel Rosendo ratificó, también ante la Asamblea Nacional, lo dicho por Vásquez Velazco. Dijo textualmente: “…El día 7 de abril del 2002 fui invitado para acompañar al Alto Mando de la Fuerza Armada Nacional a la exposición del plan en referencia que se le haría al ciudadano Presidente de la República, varios de los ministros y al expresidente de PDVSA, doctor Gastón Parra Luzardo, exposición que hizo por la Fuerza Armada Nacional el Vicealmirante Bernabé Carrero Cubero, Jefe del Estado Mayor Conjunto de la institución, recibiendo su aprobación. Luego, entró otro grupo de personas, entre las cuales logré identificar al diputado Nicolás Maduro, a la ciudadana diputada Cilia Flores, al Gobernador del estado Táchira, Ronald Blanco La Cruz, al Gobernador del estado Sucre, doctor Ramón Martínez, y al diputado Ismael García, quien hizo una exposición en nombre del grupo antes mencionado, y en la cual se determinó, entre los siete puntos que presentaron, la forma de cómo contrarrestar las acciones de las personas de las personas de la industria petrolera y las que participarían en el paro anunciado el día sábado 6 de abril, por el ciudadano Carlos Ortega en representación de la CTV. Allí se expusieron varios puntos, entre los cuales se destacó la utilización de los círculos bolivarianos en forma contundente, tanto en las instalaciones y dependencias petroleras, así como en las áreas donde se efectuarían las concentraciones…”.

Lo mismo afirmó el General González González, que en su interpelación, también ante la AN, destacó textualmente lo siguiente: “…recibí repetidas llamadas del General de División Vázquez Velasco para que me reuniera con él en el Comando General del Ejército, me uniformé y en la ruta le informé que me dirigía al Comando de las Escuelas del Ejército. El General de División García Carneiro activa el Plan Ávila con instrucciones de defender al Presidente a todo trance, el General de Brigada González Cárdenas se entera de la situación y va a hablar con el General de División García Carneiro, quien no acepta sus recomendaciones de la inconveniencia del cumplimiento de tan irracional orden. Entre paréntesis, es necesario aclararle a la Nación que esta orden significaba unir la acción de nuestros soldados con la gente de los círculos bolivarianos que estaban apostados en las cercanías de Miraflores o en algunos lugares a lo largo de la ruta para reprimir al pueblo…”.

Como quiera que se les llame, sea PAC, “círculos bolivarianos” o “colectivos”, el uso de grupos civiles armados para la represión ilegal de manifestaciones pacíficas no es, lamentablemente, una novedad. Su uso en Venezuela contra la ciudadanía ha sido sistemático y artero, y en todos los casos tales grupos han contado con la franca aquiescencia y la plena colaboración del poder, de los cuerpos militares (más bien, “militantes”) y de los órganos de seguridad (mejor, “de inseguridad”) del Estado.

Los “Círculos Bolivarianos”, como los ahora llamados UBCH o “colectivos”, fueron células populares que se presentaron originalmente como estructuras de trabajo social, a las que Hugo Chávez dio “carta de naturaleza” en un discurso de diciembre de 2001, con motivo de celebrarse el aniversario de la muerte de Simón Bolívar. El entonces Vicepresidente Diosdado Cabello, y el entonces Director de la DISIP (ahora SEBIN) Miguel Rodríguez Torres (ahora Ministro de Interior e “Injusticia”) fueron designados directamente por Chávez, como coordinador jefe y como director técnico, respectivamente, de los entonces denominados “Círculos Bolivarianos”. Como podemos fácilmente observar, los “actores” de esta mala y perversa novela siguen siendo, como sus métodos, los mismos.

Más allá de la gravísima violación a los DDHH que supone el uso por parte del gobierno de estos grupos irregulares armados contra la ciudadanía, creo conveniente destacar que preocupa mucho constatar que valerse de ellos siempre termina siendo peor, para todos, de lo que el poder puede anticipar.

Aunque ahora a Maduro y sus seguidores crean lo contrario, y aunque puedan servir coyunturalmente a sus propósitos represores a corto plazo, los “colectivos” son absolutamente incontrolables. No existe un solo caso en la historia en el que el al final del camino estos grupos civiles armados no terminen volviéndose, cual el monstruo creado por Mary Shelley, contra sus creadores, sea directamente o a través de las consecuencias legales que a la larga suponen para quienes los promueven y aúpan.

Tampoco los miembros de estos grupos deberían sentirse tan “guapos y apoyados” como se les quiere hacer creer. Juegan un partida muy peligrosa: No sólo se están ganando a pulso el rechazo y el odio generalizados, sino además pierden de vista, en la euforia de su violencia que, aunque no se los digan, para Maduro y los demás de su séquito no son todos ellos más que fichas menores, absolutamente prescindibles, en un juego en el que ninguno de los que les mandan dudará un segundo en ofrecerlos al cadalso si es su cuello el que se pone en riesgo.

Maduro, y él es directamente responsable, ha abierto un grifo, el de la violencia, que luego no puede cerrarse; al menos no sin que todos paguemos un altísimo precio. Que Dios proteja a Venezuela.

@HimiobSantome