Rousseff lamenta que fútbol de Brasil sea manchado por racismo

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, lamentó el domingo que el fútbol de su país se haya visto manchado por episodios de racismo, perpetrados contra un jugador y un árbitro de raza negra.
(foto AP)
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“El fútbol brasileño fue manchado por las escenas de racismo en contra del árbitro Márcio Chagas da Silva y el jugador Arouca”, dijo Rousseff en su cuenta de la red social Twitter.

“Es inadmisible que Brasil, la mayor nación negra fuera de Africa, conviva con escenas de racismo”, aseveró.

El miércoles 5 de marzo, el volante Arouca fue tratado de “mono”, según explicó el propio jugador, en un partido en el que su equipo, el Santos, se impuso por 5-2 ante el Mogi Mirim por el campeonato del estado de Sao Paulo (sureste).

Como consecuencia de ello, el estadio del Mogi Mirim, club que preside el balón de Oro FIFA 1999, el exinternacional Rivaldo, fue suspendido preventivamente.

En tanto, desconocidos dejaron plátanos en el carro del árbitro Marcio Chagas da Silva, luego de un encuentro entre el Esportivo y el Vereanópolís por el campeonato de Rio Grande do Sul (sur) durante la semana.

Aquel episodio provocó las lágrimas del árbitro, según contó a la prensa.

“Marcio y Arouca tienen toda mi solidaridad, así como la de todos los brasileños”, agregó Rousseff.

La gobernante invitó a líderes religiosos del mundo a enviar mensaje contra el racismo para ser leídos durante la Copa del Mundo de fútbol, que Brasil recibe del 12 de junio al 13 de julio.

“Vamos a enfrentar el racismo. Acordé con la ONU y la FIFA que nuestra Copa de las Copas también va a ser la Copa por la Paz y la Copa contra el Racismo”, precisó la gobernante.

En febrero, durante un partido por la Copa Libertadores, el brasileño Tinga (Cruzeiro) también fue víctima de actos de racismo durante un partido en el que su equipo cayó 2-1 ante el Garcilaso, en Perú.

En aquella ocasión, los hinchas del club peruano imitaron sonidos de mono desde las tribunas cuando Tinga tocaba el balón.

El hecho fue rechazado tanto por la presidenta Rousseff como por el presidente del Perú, Ollanta Humala. AFP