Cautela en el Vaticano ante el diálogo en Venezuela

(Foto archivo AP)
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Las primeras negociaciones desde que comenzaron las protestas hace dos meses podrían acabar en desencuentro ante la ausencia de los principales actores del conflicto venezolano. El martes, el Ejecutivo y la oposición –representada en la Mesa de la Unidad– acordaron iniciar un proceso de diálogo con los auspicios de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) para encontrar una solución a la crisis política. El secretario ejecutivo de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, destacó que se ha abierto el camino «hacia la posibilidad de un diálogo sincero y serio», un diálogo «mutuamente respetuoso», en igualdad y público, que comenzará hoy con una reunión entre ambas partes a la que, en principio, acudirá el nuncio del Vaticano en Venezuela, Aldo Giordano, confirmó el ex senador Orlando Molina a LA RAZÓN.

Ángel Sastre- Corresponsal en Iberoamérica/La Razón de España

En sintonía, el gobernador del Estado de Miranda, Henrique Capriles, afirmó que «estamos ante una oportunidad histórica de poner la verdad frente a la mentira y hablarle con sinceridad a nuestro pueblo». Capriles insistió en que es necesario aprovechar los espacios para «abrirle los ojos al país». «Mañana [por hoy] miren todos la cadena porque les aseguro que si esa reunión es en Miraflores, cuando nos toque hablar temblará Miraflores, porque le diremos al Gobierno la verdad». Este proceso negociador podría contar en el futuro con la mediación de la Santa Sede. Sin embargo, según confirmaron fuentes de la Conferencia Episcopal venezolana a este diario, la propia Iglesia no ve con buenos ojos este paso del Vaticano sin que se cumplan las condiciones previas exigidas en materia de derechos humanos. La MUD había presentado en la víspera varias exigencias para el diálogo, como que fuera público y retransmitido, que contara con la presencia de un tercero de buena fe, así como una ley de amnistía para los detenidos y los exiliados, además de una comisión de la verdad sobre los sucesos ocurridos desde el 12 de febrero, entre otras. Sin embargo, hasta el momento, ninguna de las condiciones está garantizada. Tan sólo hay un compromiso para televisar en directo la reunión. En definitiva, y según pudo saber LA RAZÓN de fuentes de la propia MUD, lo que más atrae a esta coalición es la posibilidad de poder expresarse sin censura en directo por televisión, una oferta tentadora teniendo en cuenta que, desde que Nicolás Maduro tomó el poder, la oposición ha sido silenciada en todos los canales.

Esta situación ha dividido a la oposición entre los que quieren una respuesta más dura y los que optan por una postura más conciliadora. Ambas facciones quieren la salida de Maduro, pero por vías diferentes. Para el ala más radical de la disidencia, sentarse con el mandatario sin cambios en el horizonte es prestarte al juego del chavismo, que busca ganar tiempo y lavar su imagen internacional. El opositor encarcelado Leopoldo López, a través de su esposa Lilian Tintori –quien habitualmente transcribe sus mensajes en Twitter–, dijo que «nuestra posición indeclinable es que no le vamos a lavar la cara a quien ha mandado matar, encarcelar, reprimir y torturar a venezolanos. Creo profundamente en el diálogo, pero en un diálogo de pie, no de rodillas».

En el Vaticano prefieren no pronunciarse claramente sobre su posible participación en este diálogo, informa Darío Menor. «Sin comentarios». Así reaccionó ayer el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, al ser preguntado por la invitación que le ha hecho al Vaticano el Gobierno de Maduro para que participe en el proceso de diálogo con la oposición. Si Roma aceptara la petición que llega desde Caracas, el protagonista de la mediación sería el secretario de Estado, el cardenal italiano Pietro Parolin, quien antes de convertirse en el «número dos» de la jerarquía de la Iglesia católica era el nuncio apostólico (embajador) en Venezuela.

Parolin ha sido llamado por el Gobierno de Maduro a participar como «testigo de buena fe» en el diálogo que debe poner fin a la violencia. Otras fuentes eclesiásticas romanas tampoco quisieron valorar el papel que el Vaticano podría desempeñar en las negociaciones. Optaron por mantener una prudencia máxima, pues temen que la figura de la Santa Sede pueda ser utilizada por unos u otros en el proceso de mediación. Lombardi comentó que no tenía nada que añadir a este asunto a lo que ya dijo a finales del pasado mes de marzo, cuando aseguró que la Santa Sede estaba dispuesta a hacer todo lo posible para lograr el bien en Venezuela. El jesuita dijo entonces que el cardenal Parolin «conoce bien y ama» al país iberoamericano y deseaba que alcanzase la serenidad. Para Lombardi está por verificar la disposición al diálogo.