La gaviota que acabó con la fuerza aérea de una república africana

Aunque ya lo hemos comentado en más de una ocasión, nunca nos cansaremos de asegurarlo. La Historia jamás dejará de sorprendernos con cientos de anécdotas y curiosidades que nos dejan una y otra vez con la boca abierta. abc.es

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Probablemente una de las más increíbles es la que cuenta Javier Sanz en el blog «Historias de la Historia», ganador del Premio Bitácoras al Mejor Blog Cultural en 2012, y que nos lleva hasta la República de Benín.

El estrambótico suceso que narra Javier Sanz, un auténtico experto en rescatar del olvido este tipo de historias, tuvo lugar en 1987, aunque para poder explicarlo es necesario retroceder hasta 1972, momento en el que el militar Mathieu Kérékou asumió el poder en este pequeño y subdesarrollado país del África occidental, tras un golpe de estado. Dos años más tarde, el dictador se declaró marxista-leninista y firmó pactos de cooperación con la URSS y otros países comunistas.

Estos pactos le permitieron obtener financiación para construir un campo de aviación en la capital del país, Porto Novo, con el que sustituir las antiguas pistas de tierra y poder utilizar los cinco aviones de combate Mirage III capturados a los franceses tras su independencia, obtenida en 1960.

Años después, en 1987, Mathieu Boya, un técnico de mantenimiento aéreo y aficionado al golf, intentaba mejorar su swing golpeando unas bolas junto a la pista de ese campo de aviación. La mala suerte quiso que uno de sus lanzamientos impactara contra una gaviota que sobrevolaba el lugar. Aturdida, el ave cayó sobre la cabina abierta de uno de los Mirage que rodaba por la pista.

Al volver en sí, la gaviota comenzó a batir sus alas violentamente y a picotear al piloto. Este perdió el control de la aeronave y se estrelló contra los otros cuatro Mirage que estaban estacionados junto a la pista. El choque provocó una explosión que destruyó toda la Fuerza Aérea de Benín.

Por suerte, según narran las crónicas, la gaviota consiguió escapar antes de la explosión, pero Mathieu Boya fue a la cárcel al no poder hacer frente a la multa de 40 millones de dólares, cantidad en la que estaban valorados los cinco aviones.

Como era de esperar, este rocambolesco suceso fue negado por las autoridades de la república africana. Sin embargo, gozó de una amplia difusión en la prensa de la zona e incluso en alguna publicación especializada en golf. Sea una anécdota real o exagerada, lo que sí es cierto es que el golpe de Mathieu Boya es prácticamente insuperable.