Orlando Viera-Blanco: Ojala lo puedas comprender Nicolás…

thumbnailorlandovierablancoFrancisco nos dice:“Dios nunca se cansa de perdonar por lo que nosotros no debemos cansarnos de dar y pedir perdón”
“No olvidéis esto: el Señor nunca se cansa de perdonar. ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios con cada uno?”. El Papa Francisco se lo decía a las 200.000 personas que han asistido al Primer Ángelus en la plaza San Pedro. Y esa ha sido una de las grandes misiones de la Iglesia. La reunificación de los pueblos desde la fe y desde lo espiritual, apelando a la nobleza, la racionalidad y la conversión que comporta el perdón. Cuanto bien nos haría a los venezolanos, reflexionar profundamente sobre las bondades de la misericordia.

Pidió perdón urbi et orbipor

El Papa Francisco ha hecho de la redención y la piedad, su discurso y su acción evangélica. El quinto domingo de Cuaresma, en su Primer Ángelus, el Papa quien eligió su nombre en virtud de su afinidad espiritual con San Francisco de Asís, le dijo al mundo: “Hermanos y hermanas, buenos días. ¡Estoy feliz en el día del Señor! El Evangelio nos presenta el episodio de la mujer adúltera, a la que Jesús salvó de la condena a muerte. Nos conmueve la actitud de Jesús: no escuchamos palabras de desprecio, no escuchamos palabras de condena, sino sólo palabras de amor, de misericordia, que invitan a la conversión… ¡El rostro de Dios es el de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia! ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios, la paciencia que tiene con cada uno de nosotros? ¡Esa es su misericordia! Siempre tiene paciencia: tiene paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonarnos si sabemos volver a Él con el corazón contrito. Grande es la misericordia del Señor”

Y es esa la grandeza que sana a los pueblos y gratifica su esencia y su identidad. Es lo que le da sentido a amarnos los unos a los otros. Juan Pablo II -canonizado- en sus 21 años de pontificado llamo al perdón en más de 100 ocasiones. En 1997 recordó cómo “la Iglesia y el Papa son los que siempre piden perdón, mientras otros permanecen callados”. “Tal vez esa sea la forma en que las cosas se tienen que dar”, afirmó. Fue Juan Pablo II expresión viva del perdón, cuando tuvo piedad de su propio agresor, Ali Agca, el turco que atento contra su vida el 13 de Mayo de 1981. Dos años más tarde -1983- Juan Pablo II le visita en la cárcel, se constriñe, lo abraza y lo redime. Un acto conmovedor de máxima magnanimidad… En 1982, Juan Pablo II se refirió a los “errores de exceso” por “la intolerancia y la violencia en el servicio de la verdad” de los inquisidores… Sobre el Holocausto -1997- expresó su pesar por las conciencias adormecidas de algunos cristianos durante el Nazismo, y la inadecuada “resistencia espiritual” de otros grupos ante la persecución de los judíos. En 1998 el Vaticano publicó un documento sobre el Shoah (Holocausto), expresando pesar por los mismos problemas morales. En 1985 pidió disculpas a los africanos por la forma en la que fueron tratados en los siglos recientes. En Estados Unidos-1984- pidió perdón por los excesos de los misioneros, y en 1987 reconoció que los cristianos estuvieron entre los que destruyeron la forma de vida de los indios. Sobre el ecumenismo, el Papa peregrino también demando perdón por las iglesias cristianas separadas… En una carta de 1995, examinó la discriminación histórica de las mujeres, así como tuvo similares pronunciamientos sobre la esclavitud y el racismo; no quedando de lado condolecerse por la cercanía con el poder político dictatorial. Sobre teorías científicas como las de Galileo, que fue condenado por decir que la Tierra giraba alrededor del sol, Juan Pablo II reconoció los excesos. De tal modo, que no hay hombre en el mundo que no cometa errores o que sobre ellos alguna vez no se hayan cometido, que no merezcan la virtud del perdón.

“Todos tenemos pecados”

Una anciana se acercó y le dijo al Papa Francisco: “El Señor perdona todo”. Él replicó: “Pero, ¿cómo lo sabe usted, señora?”; a lo que ella sentenció: “Si el Señor no perdonase todo, el mundo no existiría”… Una niña latina, Jerssy Vargas (10), impedida de ver a su padre preso en Tennessee (EEUU), sujeto a deportación, consiguió viajar al Vaticano, saltarse una valla, llegar hasta el Papa Francisco y pedirle personalmente que le solicitara al presidente Barack Obama, que detenga las deportaciones y libere a su padre. Después de dos años sin verlo, Jerssy abrazó emocionada a su papá cuando fue liberado. En medio de llanto, le dio gracias a Dios y al Papa Francisco, agregando: “He cumplido mi misión: que perdonaran a mi papá”

Es mucho lo que tenemos que perdonarnos los venezolanos. Francisco nos dice:“Dios nunca se cansa de perdonar por lo que nosotros no debemos cansarnos de pedir o conferir perdón”. Por ello pido por el indulto de los presos políticos, por la libertad de Simonovis, de López, de los estudiantes y de aquellos alejados de sus familias, por “el pecado” de pensar diferente. “Grande es la misericordia del señor” aclamó en su Primer Ángelus el Papa al mundo. Gesto de magnanimidad que no sólo libran los pastores, sino también los hombres laicos de poder, salvando tanto al redimido como al redentor (!). Poder divino y poder en la tierra… Ojalá lo puedas comprender Nicolás.

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