José Miguel Arias Mejía: La ola azul: la derecha gana terreno en el mundo (Parte II)

thumbnailjosemiguelariasmejiaRetomo este recuento de las elecciones celebradas a nivel mundial en el mes de mayo, que vengo realizando desde la Parte I con el propósito de encontrar algún país en el que los resultados electorales recientes puedan satisfacer a los seguidores promedio de Clara López, que se quejan de que el pueblo colombiano es muy imbécil y vota por brutos.

Así como el Lok Sabha, otro parlamento muy importante se movió a la derecha en el último mes. En 2009 los europeos le cobraron al Partido de los Socialistas Europeos la crisis económica internacional y confiaron en las soluciones de austeridad que planteaba el Partido Popular Europeo, de centro-derecha. De los veintisiete países de la Unión, los socialistas sólo ganaron Dinamarca. Cinco años después la situación sigue bastante compleja y en el Viejo Continente están mirando otras opciones menos ortodoxas. Cuando falta el dinero y hay desesperación, son las soluciones más extremas las que a menudo parecen más fáciles. El fin de semana pasado se realizaron las elecciones del parlamento europeo y en ellas la extrema izquierda pasa de controlar el 5% al 6% de la institución, con una victoria contundente del partido marxista SYRIZA en Grecia. Los socialistas y los verdes a duras penas mantienen los mismos números que en 2009 mientras que el Partido Popular Europeo, los conservadores y los liberales (de centro-derecha) bajan su número de parlamentarios, aunque los populares siguen siendo el partido más grande en el parlamento.

A simple vista parece una derrota para la centro-derecha, pero la elección de 2014 no es una victoria para la izquierda. Por el contrario, los grandes ganadores son los partidos de ultra-derecha. Muchos llegan por primera vez al Parlamento Europeo con el único propósito de disolver la Unión y volver a una Europa desintegrada. La extrema derecha pasa de tener 32 euro diputados a 114. 82 nuevos extremistas de derecha llegarán a legislar para un continente entero. No obstante, entre esos 114 extremistas no hay un consenso claro en casi ningún tema, excepto en acabar con la Unión Europea. El Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) sacó el primer lugar en Gran Bretaña por encima de laboristas, conservadores y liberales. Su líder, Nigel Farage, se califica como un libertario que busca eliminar el impuesto a las herencias y reducir impuestos a las corporaciones. En su programa de 2010 se contempla un incremento del 40% al presupuesto de defensa. No obstante, Farage ha acusado de antisemitismo a la líder del partido de ultraderecha francés Frente Nacional.

Y es ella, Marine Le Pen, la gran ganadora de las elecciones europeas en Francia. El Frente Nacional obtuvo la votación más grande, mientras que la UMP (centro-derecha) mantuvo su proporción de votos casi intacta, pero el Partido Socialista del presidente Hollande cayó al tercer lugar con apenas el 14% de los votos. Aparte de oponerse fuertemente a la Unión Europea, Le Pen quiere reducir la inmigración en Francia, sobre todo de musulmanes. Aún así, critica a Geert Wilders del Partido por la Libertad de los Países Bajos por ”llevar una guerra contra el islam”.

El Partido por la Libertad es la revelación de la extrema derecha en los Países Bajos. No alcanzó el primer lugar, sino el tercero, pero ha ido creciendo de forma lenta y continua desde su fundación en 2005. El partido de Wilders considera que los inmigrantes no cristianos se tienen que adaptar a las tradiciones religiosas holandesas, y también está fuertemente en contra de la Unión Europea. Partidos similares están ganando en los otros países de la Unión. En Dinamarca (país de preferencia de algunos seguidores de Clara), el único estado que votó mayoritariamente por los socialistas en 2009, ahora lidera el conteo de los votos otro partido de ultra derecha, el Partido del Pueblo Danés (DF), cuyo objetivo es “evitar una sociedad multi-étnica”. El DF también viene con un crecimiento sostenido desde su fundación en 1995, con solo una leve baja en votos en 2011. En Alemania, un nuevo partido llamado Alternativa por Alemania que se opone al Euro pero no a la Unión Europea obtuvo igual número de asientos en el Parlamento Europeo que la izquierda. .

Estarán también en el parlamento los nacionalistas de Flandes en Bélgica, el anti sionista Jobbik en Hungría, el Partido de la Libertad en Austria, las uniones de campesinos en Lituania y Letonia, el conservador anti-Euro “Griegos Independientes”, los “ciudadanos libres” de la República Checa, el Congreso de la Nueva Derecha de Polonia, un independiente anti-unión en Irlanda, e incluso en países como Suecia la extrema derecha pone sus representantes con el partido “Demócratas Suecos”. En Italia queda en segundo lugar el Movimiento 5 Estrellas, populista, antieuropeo “suave”, que se niega a clasificarse dentro del espectro izquierda-derecha y se suma a cinco diputados de la Liga del Norte, independentista del norte de Italia, opuesto a la UE, a la inmigración y a la globalización.

Poner a todos estos grupos de acuerdo será difícil, pero Geert Wilders ya ha dado el primer paso, invitando a Marine Le Pen y a Nigel Farage a formar un frente común euroescéptico para bloquear las votaciones en el parlamento. Si lo logran, podrían paralizar Europa a no ser que la centro-derecha y la centro-izquierda se alíen para sacar adelante sus proyectos. De hacerlo, sin embargo, corren el riesgo de que la gente los identifique como “los mismos” y se incremente la cantidad de votantes por partidos extremistas.

Dos partidos merecen especial atención y alarma. El Partido Nacional Democrático en Alemania, y sobre todo el partido Amanecer Dorado en Grecia. Nunca antes en la historia había neonazis declarados en el Parlamento Europeo, y llegan con cuatro integrantes. Es especialmente preocupante el caso de Amanecer Dorado, que llegó al tercer lugar en la preferencia de los votantes griegos, y su signo es claramente una forma renovada de la esvástica hitleriana. No es lo mismo la “extrema derecha” de Le Pen o de Farage a estos partidos nacionalsocialistas. Una es democrática, aunque sea intolerante; la otra es el recuerdo vivo de dictaduras sanguinarias. Seguramente quedarán excluidos de cualquier pacto, y ojalá que en las próximas elecciones en 2019 ni el Partido Nacional Democrático ni Amanecer Dorado vuelvan al parlamento.

Panamá tampoco es una buena opción para los amiguitos de Clara: acaba de ganar la presidencia en el país vecino un miembro del Opus Dei: Juan Carlos Varela. La segunda opción fue el partido Cambio Democrático del actual presidente Martinelli, un amigo de las libertades individuales y del mercado que podríamos definir como el opuesto absoluto del senador Robledo. En Venezuela se realizaron elecciones de dos alcaldías importantes, ganadas ambas por la oposición. El porcentaje más bajo obtenido por los opositores fue un modesto 74% contra 25% del chavismo. Se habla de un incremento del 15% de la votación opositora en estas áreas, que bien podría ser resultado de una tendencia similar a nivel nacional. En Ecuador hace unos pocos meses las fuerzas democráticas opuestas a Correa (que está anunciando su intento de reelección indefinida) ganaron las alcaldías de Quito y Guayaquil, las dos ciudades más importantes del país. En El Salvador está ampliamente cuestionado el resultado que favoreció por poca diferencia al partido de izquierda, mientras que en Honduras seguirá gobernando el Partido Nacional, de corte conservador. En Costa Rica ocurrió algo curioso, ganó un partido conservador con una plataforma opuesta al libre comercio (esa puede ser una buena opción para los emigrantes del Polo, pero se tendrán que tragar el conservatismo duro del pueblo costarricense). Las tendencias en Argentina indican un próximo giro a la derecha y el fin del régimen de los Kirchner, mientras que en Perú los últimos restos de izquierda se entregaron con Humala al desarrollo de una economía libre. Chile, Uruguay y Brasil, los grandes “éxitos” de la izquierda democrática, lucen más firmes en su decisión de mantener gobiernos socialistas, pero la división de la izquierda en el tercero podría favorecer una tercería de derecha que dé una sorpresa en las elecciones de octubre. En resumen, pareciera que Latinoamérica está saliendo de la “ola rosa” de la década del 2000 para dar paso a un mayor equilibrio entre derecha e izquierda. En Estados Unidos también se habla de que los conservadores del Partido Republicano volverán a controlar ambas cámaras del Congreso en noviembre, dificultando los últimos dos años de gobierno de Obama.

Mayo fue un mes de elecciones en el mundo y la tendencia ha sido bastante fuerte hacia la derecha. No solo en Colombia, sino en todo el mundo están votando los “estúpidos”. Esos estúpidos que apoyaron a Zuluaga son también los idiotas que renunciaron al mejor salario del mundo en Suiza, los imbéciles que pelean contra la dictadura en Venezuela, los campesinos ignorantes que dijeron en la India que no necesitan caridad sino desarrollo, los tontos que llevan años resistiendo las agresiones de Al-Assad en Siria, la centro-estúpida y la ultra-estúpida que quieren salvar y destruir a la Unión Europea respectivamente, los retrasados que le dicen a Rusia que Ucrania se respeta, los gobiernos bobos que traen el progreso nunca antes visto en el Báltico. Los ignorantes de Japón que preparan el rearme de ese país tras casi siete décadas de pacifismo, para competir contra los capitalistas de la China que es comunista por fuera, pero igualmente estúpida por dentro.

Sólo un país votó mayoritariamente por la izquierda sabia: Guinea-Bissau, con un 62%. La alternativa es clara, amigos del Polo, migren a Bissau en lancha, así como los estúpidos de Cuba viajan al “imperio” de la ignorancia; y disfruten de uno de los Productos Internos Brutos más bajos del mundo, del 164avo Índice de Desarrollo Humano del planeta, y de sus hermosas playas, los frecuentes eventos climáticos y los recurrentes golpes de estado. Los intelectuales los esperan, ¡Ánimo!

 

Twitter: JoseM_CO